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DOI: https://doi.org/10.48160/18517072re57.949
Planificar el desarrollo inclusivo sustentable en
Argentina. Coordenadas para una estrategia de
I+D y cambio tecnológico impulsados por
problemas a escala sistémica+.
Lucas Becerra*
Resumen
Partiendo de la premisa que es necesaria una modificación conceptual profunda
de la política de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) de Argentina para
generar dinámicas de desarrollo inclusivo sustentable, el presente documento
trabaja sobre dos objetivos directos. En primer lugar, generar una síntesis de
aprendizajes sobre planificación y diseño de políticas públicas para el desarrollo
inclusivo y sustentable, luego de 8 años de haber iniciado el Diploma de
+ Este documento es parte de una publicación conjunta realizada entre Revista Redes. Revista
de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología y la RedTISA en el marco del Congreso
PRAXIS 2022. El documento forma parte del libro Juarez, P. et al (eds) (2024) Praxis:
Innovación para la transformación socioambiental desde el Sur Global, Bernal, UNQ, ISBN:
978-987-558-943-8.
* Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología, Universidad Nacional de Quilmes
(CiTeDe-IESCT-UNQ - CIC-PBA), investigador adjunto CONICET. Correo electrónico:
lucas.becerra@unq.edu.ar
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Posgrado que lleva un título homónimo. El segundo objetivo es ofrecer una hoja
de ruta para orientar las acciones de Investigación y Desarrollo (I+D), las
estrategias de innovación (pública + privado) y el financiamiento público (de
ciencia y tecnología, infraestructura, desarrollo social, salud, educación superior,
agricultura y manufactura).
Ambos objetivos condensan en una propuesta conceptual simple: Orientar la
política de CTI a la resolución de cleos problemáticos. A esta propuesta
conceptual, se le ofrecen algunas líneas de acción (praxis) informadas desde el
Análisis Socio-Técnico (AST) y la Planificación Estratégicas Situacional (PES).
Palabras clave
POLÍTICAS PÚBLICAS INNOVACIÓN CIENCIA TECNOLOGÍA SUSTENTABILIDAD
DESARROLLO INCLUSIÓN
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Introducción
Este documento tiene dos objetivos directos. En primer lugar, generar una
síntesis de aprendizajes sobre planificación y diseño de políticas públicas para
el desarrollo inclusivo y sustentable, luego de 8 años de haber iniciado el Diploma
de Posgrado que lleva un título homónimo1. El segundo objetivo es ofrecer una
hoja de ruta para orientar las acciones de Investigación y Desarrollo (I+D), las
estrategias de innovación (pública + privado) y el financiamiento público (de
ciencia y tecnología, infraestructura, desarrollo social, salud, educación superior,
agricultura y manufactura).
Luego de haber analizado -en investigaciones anteriores- la base
conceptual de diversos abordajes sobre desarrollo y tecnología (Thomas y
Becerra, 2012; Thomas, Juarez y Picabea, 2015; Thomas et allí, 2017; Thomas,
Becerra y Juarez, 2021); haber mapeado, relevado y analizado instituciones y
experiencias de desarrollo, producción e implementación de soluciones
tecnológicas orientadas el desarrollo inclusivo sustentable en Argentina y
América Latina (en los campos de la producción de alimentos, el acceso al agua,
la producción publica de medicamentos, la construcción de viviendas sociales,
la valorización de residuos en manos de organizaciones de base y la generación
de energías renovables) (Ceverio y Brieva, 2012; Juarez, 2021; Juarez et allí,
2014; Juarez y Castañeda, 2017; Santos y Becerra, 2016); haber analizado
políticas y estrategias institucionales orientadas a resolver cuestiones sociales y
ambientales (servicios de agua y saneamiento, servicios de recolección,
1 Aquí hacemos referencia al Diploma de Posgrado en Diseño Estratégico de Tecnologías para
el Desarrollo Inclusivo Sustentable, brindado en la Universidad Nacional de Quilmes.
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tratamiento, transformación y valorización de residuos, sistemas de generación
distribuida de energía de base comunitaria) (Juarez, 2015, 2018; Juarez, Trentini
y Becerra, 2018; Becerra, Carenzo, y Juarez, 2020; Carenzo, Becerra y Juarez,
2022, Garrido y Juarez, 2015 ); haber generado, testeado y validado un marco
analítico-conceptual adecuado para el estudio de base empírica (Thomas y
Dagnino, 2005; Thomas y Buch, 2008; Thomas, Becerra y Picabea, 2014;
Becerra y Thomas, 2017; Thomas, Becerra y Bidinost, 2019; Thomas, Becerra y
Trentini, 2019; Becerra y Thomas, 2023); haber analizado la dimensión
normativa e institucional sobre la producción e implementación de tecnologías
conocimiento-intensivas para la inclusión y el desarrollo sustentable (en los
campos de biotecnología, TICs, energía y medicina nuclear, metalmecánica,
energía solar y eólica) (Vercelli, Becerra y Bidinost, 2016; Bortz, Becerra y
Thomas, 2018; Garrido, Lalouf y Moreira, 2021; Picabea y Caceres, 2023) y
haber desarrollado un enfoque de planificación estratégica propio (relativista-
constructivista, situacional, socio-técnico) (Juarez y Becerra, 2012 y 2022;
Juarez, Becerra y Thomas, 2018; Juarez, 2020; Thomas y Becerra, 2020;
Becerra, 2022; Trentini, 2022; Becerra, Thomas y Juarez, 2023), estamos en
condiciones de afirmar que la política de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI)
de Argentina requiere una modificación conceptual profunda para alcanzar los
tan anhelados objetivos de desarrollo inclusivo sustentable.
En este momento inicial del documento, es preciso hacer una aclaración
importante: La política de CTI no es la política llevada a cabo por un Ministerio
específico, ni una agencia determinada, ni el Conicet, ni siquiera por el sistema
universitario. Cuando aquí se enuncian política de CTI, se hace referencia a un
conjunto de estrategias públicas y privadas, con algún grado de coordinación,
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orientada a la producción de conocimiento cuya finalidad es producir tecnologías
(de producto, proceso y organización) que transformen la matriz socio-productiva
y resuelvan problemas productivos, sociales y ambientales.
La propuesta conceptual es simple: Orientar la política de CTI a la
resolución de núcleos problemáticos. La puesta en práctica no tanto, en la
medida que abarca desde la renovación de los procesos de policy making hasta
la generación de nuevas capacidades y nuevos instrumentos de gestión. El
desafío implica elaborar desde insumos para mejorar políticas públicas
(ampliando la agenda política, generando capacidades de evaluación y
monitoreo, y multiplicando los niveles de interacción y aprendizaje), proponer
nuevos instrumentos de gestión y evaluación, hasta formar recursos humanos
en diferentes niveles decisorios (nacional, provincial, municipal, no
gubernamental, institucional, empresarial, comunitario).
A continuación, se presenta una hoja de ruta inicial para informar un nuevo
marco conceptual y un nuevo conjunto de prácticas de política pública.
La imperiosa necesidad de resolver el déficit de diseño
estratégico
La columna vertebral para una política de CTI orientada a la resolución de
problemas productivos, sociales y ambientales es atender el existente déficit de
diseño estratégico. Ahora bien, lejos de generar un plan generalista,
artificialmente consistente, donde objetivos maximalistas son la traducción de un
conjunto de buenas intenciones o, en su defecto, donde todo el ejercicio se
orienta a la simple acumulación de recursos (más financiamiento, más
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investigadores, más becarios, más laboratorios, etc.), lo que aquí se plantea es
resolver cuestiones bien concretas:
Ausencia del ciclo completo de planificación en el diseño de iniciativas y
políticas.
Es posible afirmar que las prácticas de diseño de políticas de CTI adolecen, de
forma regular, de los mismos problemas:
Generan evaluaciones estáticas de las situaciones iniciales a atender, que
luego vuelven la política endogámica: Nociones como “diagnóstico”, “línea de
base” y “marco lógico” han resultado (en su afán de ordenar la praxis del policy)
en formas de cristalización de los problemas a resolver, dejando de lado que la
situación inicial cambia y que, por lo tanto, debe ser monitoreada de forma
regular. Así, la producción de soluciones derivada de la acción del policy no solo
pierde punto de anclaje (en la medida que la situación a resolver cambia) sino
que la misma política se vuelve objetivo de la política, en la medida que el
escenario de llegada se a construido en función de un punto de partida que deja
de existir (políticas endogámicas).
Como derivación de lo anterior, la situación objetivo de la política, entonces,
no dialoga con los problemas que esa misma política busca resolver. Es decir, si
bien la situación objetivo se construye en términos normativos (deber ser) pierde
relación con la dinámica cambiante de la situación actual sobre la cual se está
interviniendo.
Así, las estrategias y las operaciones concretas (que por término general,
quedan del lado de los funcionarios que implementan, que no suelen ser los
mismos que diseñan) quedan desacopladas de los objetivos del plan. En la
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medida que, en el nivel de la implementación (incluida la evaluación) la política
queda sometida a las concretas dinámicas que los territorios de acción le
imponen.
Como resultado, se obtienen políticas fragmentadas, desancladas y
endogámicas. Y, para peor, la carga de estas disfuncionalidades es asignada (en
forma completamente injusta) a la instancia de implementación y evaluación.
Diseño de intervenciones puntuales y lineales (no diseño socio-técnico de
intervenciones, no sistémico)
Como problema derivado del anterior (en este caso particular, pero que puede
aparecer aun con planificación estratégica, y es por eso por lo que hay que estar
muy atentos), es que pueden existir diferencias entre la definición nominal entre
los objetivos que se plantean en la política y los objetivos concretos que la
política logra. Existe una enorme distancia entre “fortalecer la soberanía
alimentaria” y desarrollar semillas de oleaginosas resistente a la sequía.
En otras palabras, por término general, en la construcción del problema
efectivo (no el nominal) emerge la “ausencia de una cosa”, un elemento… un
artefacto. La “cosa” que, por su condición, resuelve los objetivos. Objetivos auto-
contenidos, parciales y solo vinculados indirectamente por una cosa. Y, en ese
mismo acto de producir la cosa, se desplaza el cómo se mejora la calidad o las
condiciones de reproducción de la vida, se garantizan los derechos de los
individuos, se amplían las posibilidades de variantes de los procesos de
producción, entre otras posibles opciones. No se trazan vínculos entre procesos
y artefactos, entre prácticas y necesidades, entre objetivos de cambio social y
dinámicas de inclusión. La intervención puntual supone la provisión de una
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tecnología (producto, proceso o forma de gestión) que por su condición
“resuelve” los problemas sin necesidad de construir un proceso de adecuación
socio-técnica que construya funcionamiento a esas soluciones.
En forma complementaria, las intervenciones puntuales suelen presentarse
también con características lineales. La linealidad emerge de la construcción de
una causalidad directa entre “el problema es la ausencia de una fuente de
energía económica” entonces “proveamos un artefacto que genere esa energía”.
En este primer nivel, lineal implica que el diseño de política no contempla las
múltiples y heterogéneas relaciones que diferentes opciones de acción
(soluciones) pueden generar en los territorios. De aquí entonces, que no exista
una evaluación efectiva de las soluciones propuestas en términos de “efectos
deseados y no deseados”, dinámicas virtuosas buscadas, problemas de
funcionamiento, potenciación /obturación de dinámicas de desarrollo, generación
de economía de dos sectores, reificación de la pobreza.
En un segundo nivel, lineal implica (falazmente) que es posible enlazar
nuevas etapas en esa cadena causal para “reforzar” o “potenciar” la acción de la
política o iniciativa. La linealidad implica un sentido de evolución de la acción, en
donde nuevas operaciones (que no alteran nunca la definición del problema
efectivo) hacen que las instancias posteriores de las políticas o iniciativas sean
superadoras.
En definitiva, un nuevo conjunto de políticas de CTI requieren de la
definición de problemas (y construir soluciones) sistémicos. Es necesario evitar
focalizar políticas en los emergentes, en lo que falta, en las consecuencias.
Mejores políticas de CTI deben plantearse en clave de resolver situaciones-
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problemáticas, en sus causas (que, por orden general de las cosas) son siempre
sistémicas.
Diseño centrado en la provisión de artefactos (políticas de acceso en lugar
de políticas de desarrollo)
El diseño de intervenciones puntuales y lineales suele derivar en políticas de
provisión de artefactos. Es decir, en políticas cuya finalidad es garantir el acceso
de un bien o servicio a un grupo social objetivo. Este tipo de políticas, por
definición, atienden las consecuencias (la ausencia o carencia) y no las causas
(los motivos que explican la ausencia o carencia) de un problema.
Al centrar la política en la resolución del acceso (solo para dar un ejemplo,
el Plan Remediar), se ocluyen otros procesos (tanto o más importantes que el
acceso): las estrategias de I+D; el desarrollo de cadenas productivas; la creación
de nuevos proveedores; el impacto sobre las importaciones; la construcción de
entramados productivos; la provisión ampliada y asociada de servicios públicos
y privados; y hasta la articulación público-privada en agendas complementarias
(salud, educación, hábitat, medioambiente, etc.)
La provisión de artefactos, en última instancia, hace invisible el sistema
heterogéneo de actores y sistemas tecnológicos que es necesario construir para
la resolución sistémica a las causas de los problemas de acceso. Con esto no
se quiere decir que el acceso de ciertos bienes y servicios públicos no debe estar
garantido por la acción gubernamental. Lo que se busca sostener, es que a partir
de garantir el acceso es posible eslabonar un conjunto de acciones de políticas
de CTI que permiten desarrollar nuevos conocimientos, nuevas dinámicas de
aprendizaje y nuevas capacidades tecno-productivas.
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Diseño basado en replicación acrítica de soluciones generadas por
terceros.
Pidiendo disculpas por presentar lo obvio, pero en aras de exhaustivos, es
necesario recalar una vez más en advertir sobre la implementación de soluciones
diseñadas por terceros. En términos generales, la adopción acrítica de políticas,
iniciativas y tecnologías es un problema muy generalizado en los países
periféricos: Desde un programa de producción de alimentos, pasando por un
programa de provisión de laptops, hasta la implementación de un sistema
económico-financiero (el sistema de valorización financiera).
En ningún sentido queremos afirmar aquí que lo que se desarrolla en otros
lugares no tiene valor, lo que queremos afirmar es que sin un diseño estratégico
completo no existe posibilidad efectiva de evaluar los efectos y los resultados de
esas tecnologías en términos del conjunto de problemas que efectivamente se
busca atender desde la política de CTI.
Ausencia en el diseño del “día después” (No sustentabilidad de las
soluciones diseñadas e implementadas)
Unos de los mayores problemas que presenta el déficit de diseño estratégico es
no contemplar qué ocurre el “día después” de la implementación. ¿Quién dará
mantenimiento a los artefactos y sistemas tecnológicos implementados? ¿Qué
pasará cuando un insumo clave del sistema sufra o un aumento significativo de
su precio o se discontinue su producción? ¿quién gestionará los posibles
conflictos socio-ambientales que surjan? ¿con qué conjunto de reglas? ¿con cuál
institucionalidad? ¿quién velará por un correcto uso de las soluciones? ¿quién
evitará / regulará los abusos? ¿cómo se garantiza el control de las posibles
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asimetrías económicas, políticas y sociales que se deprenden del uso y control
de las soluciones?
El “día después” en general está vagamente definido, cuando no está
contenido en el diseño de la política. Problema grave si los hay, porque los
problemas nunca se extinguen, sino que cambian de forma, de contenedor, de
beneficiario y de perjudicados. Todo buen diseño de políticas públicas de CTI
debe contener cómo se “cierra” el ejercicio del policy.
Supuesto de crecimiento lineal (aritmético) de las intervenciones a escala
(sin contemplar el scalling-up del sistema)
Los diseños fuertemente centrados en la provisión de tecnologías (fuertemente
fundados bajo las racionalidades artefactuales y mercantiles) suelen calcular la
escala como una simple progresión aritmética: Si la solución es un artefacto por
familia (una bomba de agua, un biodigestor, una fuente de energía), entonces 1
millón de familias requieren 1 millón de artefactos (sin considerar la densidad
poblacional, la dispersión territorial, la distancia entre la fuente del recurso y el
punto de consumo, etc.). Pero también ocurre a la inversa, si la solución es la
ampliación de una red (de gas, eléctrica, agua y saneamiento), entonces la
solución es extender la red (nuevamente, sin considerar la densidad poblacional,
la dispersión territorial, etc.). Es una acción clave considerar la escala no solo
como un objetivo de política (debemos llegar al 70% de cobertura de la
población) sino desde sus implicancias en términos de costo-resultado;
dinámicas productivas que activa/desactiva; empoderamiento/des-
empoderamiento de las comunidades; capacidad efectiva de control por parte
del órgano de control correspondiente (sistemas demasiado grandes o
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demasiados pequeños requieren esfuerzos desmesurados para ser
administrados y controlados); agotamiento/reposición de los recursos, impacto
ambiental, etc.
La escala (del problema y de las soluciones) debe ser parámetro inicial en
el diseño de las políticas de CTI. Con un poco de suerte, si se integra la escala
desde el diseño, es posible reducir el efecto “valle de la muerte”. Es decir, reducir
la tasa de mortandad de los desarrollos tecnológicos entre la instancia de
prototipo y su producción industrial.
Ausencia de mecanismos de aprendizaje desde el diseño de la iniciativa o
la política pública
Finalmente, y este es uno de los problemas más graves. El diseño estratégico
(incluido como parte de un ejercicio de planificación estratégica) requiere de
instancias de corrección y mejora dinámica (es decir, que se pueda modificar y
ajustar en el tiempo). Para esto, no queda más opción que estabilizar
mecanismos de aprendizaje que construyan nueva información, nuevo
conocimiento y nuevas capacidades (humanas e institucionales). La ausencia de
estos mecanismos genera que, en términos dinámicos, los errores de diseño
original se potencien en el tiempo: En la medida que el programa crece, obtiene
más recursos y, al mismo tiempo que se legitima como instrumento de policy
continúa alejándose de la resolución de los problemas efectivamente
identificados.
Del marco analítico a la planificación y el diseño de
políticas públicas
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Tal vez el mayor resultado de investigación del Area de Estudios Sociales de la
Tecnología, perteneciente al Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología
de la Universidad Nacional de Quilmes, ha sido el desarrollo y puesta en práctica
de un marco teórico-analítico propio: El Análisis Socio-Técnico (AST). El AST fue
constituido mediante la triangulación de herramientas conceptuales provenientes
de diferentes matrices teóricas (sociología de la tecnología, análisis de política,
economía del cambio tecnológico, economía social y solidaria, sociología del
conocimiento científico). Y testeado en numerosas investigaciones de base
empírica, mostrando su alto grado de adecuación a las dinámicas de producción
de conocimiento, desarrollo tecnológico y diseño de políticas en Argentina y
América Latina (Thomas y Dagnino, 2005; Thomas y Buch, 2008; Thomas,
Becerra y Picabea, 2014; Becerra y Thomas, 2017; Thomas, Becerra y Bidinost,
2019; Thomas, Becerra y Trentini, 2019; Becerra y Thomas, 2023).
El siguiente cuadro permite una visión de conjunto de los conceptos
integrados en el marco analítico-conceptual de este proyecto:
Matrices teóricas Utilidad Conceptos clave
Análisis socio-
técnico
Captar la multidimensionalidad del
proceso de construcción de
conocimientos y tecnologías, dando
cuenta de los procesos sociales que
intervienen en su construcción y
definición y atendiendo a las
especificidades del contexto
latinoamericano.
Tecnologías y políticas son analizadas
simétricamente como derivación
contingente de las disputas,
resistencias, negociaciones y
convergencias que se conforman en el
interjuego heterogéneo entre actores y
objetos materiales.
Dinámica de grupos de investigación (Shinn,
1982; Latour, 1989); redes tecno-económicas
(Callon, 1992); dialéctica de la tecnología
(Feenberg, 2002); grupos sociales relevantes y
flexibilidad interpretativa (Collins, 1985; Pinch y
Bijker, 1987); construcción social de
funcionamiento, dinámicas y trayectorias socio-
técnicas (Thomas, Becerra y Bidinost, 2019);
procesos de co-construcción (Vercelli y Thomas,
2008); adecuación socio-técnica (Thomas, 1999;
2008a; 2008b; Dagnino et al., 2004). Alianzas
socio-técnica (Thomas, Becerra y Bidinost,
2019) y redes colaborativas socio-cognitivas
(Thomas et al., 2014) .
Análisis de
políticas
Analizar las acciones de policy y
decision making como procesos en los
cuales intervienen una multiplicidad de
actores de forma dinámica y
Procesos de policy making (Hogwood y Gunn,
1984; Ham y Hill, 1993; Oszlak y O'Donell, 1995);
procesos decisorios, procesos de conformación
e implementación de agendas políticas
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contingente. Este enfoque permite
comprender procesos de construcción
de agendas de políticas, agendas de
I+D, implementación y evaluación de
políticas públicas, modelos
organizacionales y de gestión.
(Kingdon, 1984; Elzinga y Jamison, 1996),
procesos de non decision making (Bachrach y
Baratz, 1963), modelos organizacionales
(Elmore, 1993), modos de integración de actores
externos al proceso decisorio (Wildavsky, 1979;
Sabatier, 1993), política implícita y explícita
(Herrera, 1995), construcción de posibilidad y
viabilidad, interpelaciones ideológicas (Adler,
1987; Therborn, 1989).
Economía del
cambio
tecnológico
Analizar los procesos de aprendizaje,
generación de conocimientos,
acumulación de capacidades
tecnológicas e incidencia sobre el
sistema nacional –y los sistemas
locales- de innovación y producción.
Trayectorias tecno-económicas (Freeman,
1987), procesos de aprendizaje (Arrow, 1962;
Rosenberg, 1982), sistemas nacionales y locales
de innovación (Nelson, 1988; Lundvall, 1992;
Freeman, 1998), learning society (Christensen y
Lundvall, 2004).
Diseño y
planificación
estratégica
Diseñar y planificar políticas de
desarrollo inclusivo sustentable desde
un marco de planificación dinámica,
estratégica y situacional.
Momentos de Planificación Estratégica
Situacional (Huertas, 1999), Análisis de
viabilidad y nudos críticos (Matus, 1981, 1995),
Análisis de situaciones y relaciones de fuerzas
(Gramsci, 1975), Táctica y Estrategia
(Clausewitz, 1983 [1832]) Planificación de STS
(Thomas et al. 2021).
Fuente: Elaboración propia
La adopción de un abordaje socio-técnico constructivista como matriz conceptual
articuladora constituye una operación teórico-metodológica clave para captar la
multidimensionalidad de los problemas que requieren ser abordados para activar
dinámicas de desarrollo inclusivo sustentable. El abordaje responde a una
arquitectura conceptual modular, pasible de incorporar diferentes
conceptualizaciones complementarias. La triangulación de conceptos permite
profundizar en el carácter socio-históricamente situado de los procesos de
construcción de funcionamiento/no-funcionamiento de los sistemas
tecnológicos, así como dar cuenta de las concretas dinámicas de exclusión,
marginalidad y desigualdad estructural. Y resulta particularmente pertinente para
la comprensión de un objeto de análisis que integra la dimensión política con la
tecnológica.
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Desde esta perspectiva, no es posible considerar a los artefactos y
sistemas como meros derivados de la evolución tecnológica (determinismo
tecnológico) o consecuencias de los cambios económicos, políticos o culturales
(determinismo social), sino como resultados de la dinámica de procesos de co-
construcción (Oudshoorn y Pinch, 2003): la sociedad es tecnológicamente
construida, así como la tecnología es socialmente conformada. Tanto la
configuración como el propio funcionamiento de un artefacto (y de una política)
se construyen como derivación contingente de las disputas, presiones,
resistencias, negociaciones y convergencias que van conformando el ensamble
heterogéneo entre actores, conocimientos, normativas, sistemas y artefactos.
El concepto nuclear de este abordaje es la noción de “alianza socio-técnica”
(Thomas, Becerra y Bidnost, 2019): Movimiento de alineamiento y coordinación
(en el sentido de Callon, 1992) de artefactos, ideologías, regulaciones,
conocimientos, instituciones, actores sociales, recursos económicos,
condiciones ambientales, materiales, etc. que viabilizan o impiden la generación,
producción, adopción, uso, estabilización de una tecnología y la construcción de
su funcionamiento / no-funcionamiento. Si bien son normalmente auto-
organizadas, estas alianzas son pasibles de planificación.
Los procesos de producción y de construcción socio-técnica del
funcionamiento de las tecnologías constituyen dos caras de una misma moneda:
la utilidad de un artefacto o conocimiento tecnológico no es una instancia que se
encuentra al final de una cadena de prácticas sociales diferenciadas, sino que
está presente tanto en el diseño de un artefacto como en los procesos de re-
significación de las tecnologías en los que participan diferentes grupos sociales
relevantes (usuarios, beneficiarios, funcionarios públicos, integrantes de ONG).
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Así, el funcionamiento/no-funcionamiento de un artefacto o sistema tecnológico
deviene del sentido construido en estos procesos auto-organizados de
adecuación/inadecuación socio-técnica, socio-política. Esta conceptualización
sustituye con ventaja a estrategias explicativas estáticas en términos de
“adaptación al entorno” o “contextualización”. Resulta clave para la superación
de problemas teóricos tanto en el análisis como en el diseño e implementación
de estrategias de desarrollo inclusivo sustentable.
A la noción de alianza socio-técnica (de carácter analítico) se le
corresponde un concepto del orden de la planificación y el diseño de políticas
públicas: situación-problemática. Una situación-problemática es una alianza
socio-técnica que integra diferentes grupos sociales, que co-construyen
diferentes problemas en relación con un sistema material dado. O, en otras
palabras, la situación-problemática explica por qué los problemas se producen y
reproducen como resultado del funcionamiento/no-funcionamiento socio-técnico.
Trabajando bajo esta concepción, no existe ninguna situación-problemática
en la cual al menos un grupo social no se encuentre en el lado “ganador”. Es
decir, no existen situaciones-problemáticas donde todos los grupos sociales
pierdan, siempre hay al menos un grupo social que se beneficia de la situación-
problemática. De aquí se deriva entonces, que toda acción sobre una situación-
problemática implica modificar el orden estabilizado de las cosas y, por lo tanto,
toda política blica (que se oriente a dar respuesta a concretas situaciones-
problemáticas) implica una relación de poder que debe ser modificada.
La noción de situación-problemática es útil para:
Explicar cómo nacen y se desarrollan problemas relacionados
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Hacer planes para atacar las causas de los problemas mediante
operaciones
Analizar la viabilidad política del plan o ver la manera de construirle
viabilidad
Atacar el problema en la práctica, realizando operaciones planificadas
Finalmente, al par “alianza socio-técnica” / “situación-problemática” es posible
generarle un grado más de avance en dirección al diseño de políticas de CTI. Si
la alianza socio-técnica es el concepto que permite analizar los procesos de
producción de funcionamiento/no-funcionamiento de artefactos y sistemas y la
situación-problemática es la alianza socio-técnica que permite comprender cómo
se interrelaciona (y funcionan) diferentes problemas socio-históricamente
situados (siendo el grado 0 de la planificación); entonces es necesario un
concepto que sea el punto de anclaje inicial del diseño de políticas de CTI: núcleo
problemático.
Es posible definir a un cleo problemático como el conjunto de relaciones entre
problemas de distinto orden (cognitivos, financieros, infraestructurales, gestión y
gobierno, geológicos, topográficos, sociales, políticos, económicos, jurídicos,
ambientales, etc.) que obstaculizan y/o ocluyen trayectorias de desarrollo
inclusivo sustentable. Es decir, que en estos núcleos problemáticos es posible
identificar causas (y claro, atacarlas con estrategias y operaciones) que
expliquen restricciones sobre: 1. la igualación de derechos, 2. la generación de
espacios de libertad y justicia, 3. la distribución igualitaria de bienes y servicios,
4. la mejora de la calidad de vida de la población, 5. la profundización de la
democracia, y 6. la preservación del ambiente.
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Orientar la política de CTI a la resolución de núcleos
problemáticos
En Argentina es posible identificar (al menos) cinco núcleos problemáticos
estratégicos:
1. Acceso deficiente y desigual a bienes básicos: déficit de acceso (por
disponibilidad, calidad y/o precio) a agua, alimentos, energía y
medicamentos.
2. Hábitat precario y contaminado: servicios de agua, saneamiento, energía,
habitacionales, de residuos y ambientales deficientes (falta de cobertura,
costos adicionales de acceso, servicios discontinuos e irregulares, ciclos
de valorización discontinuos, ausencia de legitimidad pública de servicios
socio-ambientales prestados por organizaciones de base, etc.).
3. Matriz energética dependiente de fuentes fósiles (para todos los usos:
consumo doméstico, energía para la producción de bienes y servicios,
transporte de pasajeros y carga, maquinaria agrícola, etc.): altos costos
relativos de generación y distribución energía, explotación y agotamiento
de los recursos siles, escaso desarrollo relativo de energías renovables,
sistemas de generación y distribución concentrados.
4. Altos costos de transporte de mercaderías domésticos (circulación en
mercado interno) e internacionales (exportación de bienes) acoplado al
precio de combustibles fósiles y potenciado por largas distancias entre
núcleos de consumo (tanto doméstico como internacional).
5. Predominancia de sistemas económicos extractivistas y de enclave: matriz
de exportación concentrada y dependiente, procesos de cambio
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tecnológico (y a veces de innovación) encapsulados, baja relación
producto-empleo, agotamiento de recursos naturales, contaminación y
desplazamiento de comunidades, etc.
Estos núcleos problemáticos se retroalimentan entre sí, generando bucles donde
los elementos contenidos en los diferentes núcleos se refuerzan entre sí. De esta
dinámica de retroalimentación emergen disfuncionalidades sistémicas
estratégicas:
1. Dinámica problemática entre vector de precios domésticos y vector de precios
internacionales. Los precios de los alimentos y la energía (principales
sectores exportadores) acoplados a dinámicas de precios internacionales.
Suba de precios internacionales genera dos procesos con efectos
contrapuestos: Mejora la cuenta corriente de la balanza de pagos dado que
aumentan los ingresos generados por exportaciones, pero al mismo tiempo
aumenta la presión sobre los precios domésticos.
2. Por otro lado, la caída de precios internacionales no se traslada a precios
domésticos (sticky-prices). Como resultado, dinámicamente el sistema
genera mayores salarios de reproducción, lo que aumenta el umbral mínimo
de ingresos (por suba del nivel de precios) para no ser pobre.
3. Matriz de costos de sectores clave (producción agropecuaria, logística y
transporte, MOA y MOI) sobre determinada por precio del barril de petróleo.
Precio que, en términos internacionales, la política pública argentina no tiene
ninguna capacidad de gobernanza.
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4. El precio de los bienes finales en los centros de consumo carga con el peso
de los altos costos de transporte y logística.
5. Los sectores más dinámicos en términos de “ventajas comparativas” tienen
pocos incentivos efectivos a invertir en I+D, desarrollar proveedores o
diversificarse horizontalmente debido a que ya se encuentran integrados
(aguas arriba y aguas abajo) en Cadenas Globales de Valor, la propiedad del
Capital es mayoritariamente transnacional y la lógica de producción es de
carácter netamente extractivista. Como resultado, los procesos productivos
“competitivos a escala internacional”, crean poco empleo, extraen recursos
no renovables, no dejan las divisas excedentarias la economía nacional (se
pierden como transferencias al exterior de la cuenta corriente) y no se
integran en el esfuerzo público de I+D.
La resolución de estos núcleos problemáticos implica, en última instancia, una
transformación de las matrices tecno-productivas y socio-ambientales de
Argentina. Que puede, además, generar insumos cognitivos, desarrollos de
artefactos y sistemas, aprendizajes de conceptualización, planificación y diseño
de políticas de CTI para América Latina. Y, en este sentido, una oportunidad para
generar un salto cuantitativo y cualitativo del empleo en la región. En particular,
si los países de la región logran “enlazar” soluciones tecno-productivas a estos
núcleos problemáticos con las oportunidades que generan las macrotendencias
(o game-changers”) internacionales: implicancias tecno-productivas de la IA,
transformación digital, economía circular, nuevas plataformas de movilidad y
transformación energética (incluido el renovado interés por la energía nuclear).
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Para avanzar en un sendero de acción concreto, es necesario (al menos hasta
donde puede dilucidar este autor) desplegar estrategias y operaciones en cuatro
niveles complementarios:
1- Análisis (y diseño de políticas) orientado por problemas: A diferencia de
los enfoques tradicionales basados en el análisis temático (saneamiento,
reciclaje, energía, etc.) y monoepistémico (donde la mirada del “experto”
domina la construcción de conocimiento), es necesario diseñar políticas
sobre la reconstrucción analítica de situaciones-problemáticas. Las
situaciones-problemáticas tienen un par normativo de definición, los
núcleos problemáticos. Las situaciones-problemática se construyen
desde un enfoque relativista-constructivista de corte simétrico
(contemplando la agencia de los actores humanos y no-humanos),
pluriepistémico (integrando conocimientos de grupos de actores
heterogéneos), y multidisciplinar (integrando diferentes campos:
sociología, historia, economía, antropología, ciencias políticas).
2- La investigación como parte de un ciclo de producción de conocimiento:
Desde un punto de vista de la praxis necesaria de grupos de investigación
e instituciones de I+D, es necesario plantear diseños de investigación
basados en el co-diseño de problemas y soluciones, con lo que es posible
denominar grupos de usuarios: organismos públicos, cooperativas de
trabajo, ONGs, organizaciones campesinas, empresas, etc. Estas
acciones se despliegan construyendo espacios de experimentación y
aprendizaje, combinando investigación (mediante la realización de
estudios de caso sobre políticas y estrategias institucionales), formación
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Revista Redes 57 – ISSN 1851-7072
de recursos humanos (funcionarios, cooperativistas, campesinos y hasta
investigadores), intervención territorial (mediante la acción directa sobre
problemáticas ambientales y sociales concretas), e incidencia en políticas
públicas (en particular, aquellas orientadas a la generación de soluciones
tecnológicas).
3- El diseño de políticas públicas como proceso colectivo basado en
evidencia empírica: Si bien el receptor “ideal” de este tipo de planificación
suelen ser principal y excluyentemente organismos gubernamentales, en
la práctica los cambios en las conducciones políticas suelen estar
acompañadas de cambios en los lineamientos estratégicos de las políticas
públicas. Es por eso que, sin dejar de lado la interacción con organismos
gubernamentales, la política pública debe plantearse desde la integración
de grupos de actores heterogéneos (movimientos sociales, empresas,
cooperativas de trabajo, ONGs, sindicatos e incluso las instituciones del
sistema de CyT) en clave de la resolución de problemas sociales y
ambientales concretos. Para esto se integran dos tipos de operaciones:
Por un lado, se co-diseñan las situaciones-problemáticas con los grupos
sociales involucrados y; por otro lado, se forman recursos humanos en
procesos de diseño y planificación estratégica.
4- Diseño institucional como medio para la resolución de los núcleos
problemáticos: Finalmente, pero no menos importante es necesario
replantear la arquitectura institucional que da soporte a las políticas de
CTI. Lejos de definir instituciones en forma a apriorística, es necesario
primero constituir planes de acción que situen los núcleos problemáticos
en los espacios de acción; conviertan los grandes núcleos en problemas
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parametrizables y en soluciones evaluables en términos de resultados
concretos (ex post); y construyan sistemas de soluciones.
Planificación y diseño de políticas de CTI orientadas al
Desarrollo Inclusivo Sustentable
Los procesos de cambio tecnológico (necesarios para transformar matrices
tecno-productivas) que generan dinámicas de desarrollo inclusivo sustentable no
son lineales, ni responden a relaciones causales necesarias y suficientes. Por el
contrario, predomina un alto grado de incertidumbre. No responden a secuencias
“lógicas” entre “elementos homogéneos”.
En cambio, predominan relaciones heterogéneas y no-lineales: es
imposible establecer a priori una cadena causal lineal, unidireccional, necesaria
y suficiente; los conocimientos implicados en las dinámicas innovativas, lejos de
restringirse a conocimientos científicos “básicos y aplicados”, abarcan una
diversidad que comprende desde el sentido común, saberes consuetudinarios
y/o ancestrales, costumbres y bitos, hasta una enorme diversidad de
conocimientos de orden tácito.
El desarrollo de nuevas tecnologías (todas ellas) que llegan a constituirse
en soluciones económicas, políticas, sociales y/o ambientales (con carácter de
mercancía, de bienes sociales, públicos o estratégicos) depende de la
integración de conocimientos, prácticas y materialidades heterogéneas. En otras
palabras, todo proceso de funcionamiento/no-funcionamiento de un artefacto o
sistema tecnológico es el resultado de una dinámica de co-construcción socio-
técnica. Estas dinámicas son en parte auto-organizadas y en parte panificables.
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Esta planificación, en ciertos casos integra a los usuarios (sus saberes, prácticas,
gustos, deseos, etc.) de forma pasiva (como meros consumidores) y, pocas
veces, de forma activa (como tomadores de decisión efectivos sobre la dirección
del cambio tecnológico). La integración de prácticas de co-diseño en estrategias
de innovación y cambio tecnológico en el campo del Desarrollo Inclusivo y
Sustentable requiere necesariamente de un ejercicio de ampliación del control
sobre los procesos de co-construcción.
Claro está, la pregunta es sobre el cómo: ¿Cómo se diseñan políticas de
PCI orientadas a la resolución de problemas sociales y ambientales? Pues bien,
basando la conceptualización del diseño de políticas en la integración de la
Planificación Estratégica Situacional (PES) y el Análisis Socio-Técnico (AST), e
integrando en un mismo “modelo” diferentes niveles de participación en la
construcción de las situaciones-problemáticas y en el diseño de soluciones
sistémicas.
Planificar en clave de dinámicas problema-solución
La planificación basada en la resolución de problemas se construye sobre una
perspectiva situacional (Matus, 1987), dinámica y socio-técnica (Becerra, 2022).
Este tipo de planificación se construye a partir de relevar y responder los
supuestos de la planificación estática2.
2 La mirada estática y determinista se basa en cuatro supuestos claves: 1. El futuro es
predecible. Es decir, el planificador puede adelantarse al futuro con diferentes técnicas de
medición y estimación. 2. El único agente que planifica y por lo tanto opera sobre el futuro es el
planificador (en el caso de la planificación estatal, la dependencia que corresponda). 3. El resto
de los agentes que se verán “afectados” por la planificación no operaran resistencias en contra
de las acciones concretas contenidas en el plan; y 4. Es posible definir un plan como una
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En primer lugar, el futuro de las sociedades no es previsible. Esto se
explica porque el sistema social es un sistema “no-estructurado”. La no-
estructuración imposibilita a un sistema matemático estocástico predecir qué es
lo que ocurrirá. Es por esto que la planificación dinámica y constructivista se
orienta a definir un futuro, una “situación objetivo”, y construir una trayectoria de
acciones (operaciones) necesaria para lograr ese lugar de llegada.
Puesto así, resulta evidente que el planificador se encontrará ante
resistencias generadas ya no por “agentes”, sino por “actores”3. Esos actores -
diversos y heterogéneos- también planifican y tienen sus propios futuros
deseados. Y, como si fuera poco, distintas bases materiales de afirmaciones y
sanciones (Therborn, 1989) pueden jugar en favor o en contra de nuestra
planificación.
La planificación se encuentra dentro de un sistema conflictivo/cooperativo
y, por lo tanto, la situación debe ser planteada en términos de un sistema
dinámico que pueda lidiar con aquellas resistencias que podemos prever y con
aquellas que emergerán como resultado directo de la implementación del plan.
La planificación se realiza “con otros” y “en contra de otros”.
sucesión de etapas (diseño, implementación y evaluación) incrementales y secuenciadas que,
si son “bien” definidas, garantizarán el “éxito” del plan (Matus, 1987).
3 La diferencia entre agente y actor es de carácter ontológico. La noción de agente presenta al
sujeto social más bien como un reproductor pasivo de prácticas, mientras que el concepto de
actor dota al sujeto de la capacidad de ejercer decisiones, es decir, gobernar volitivamente su
acción. El actor, así, tiene autonomía, con lo que se lo concibe como un sujeto creador en el
espacio de la acción social.
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Para esto, la planificación dinámica no se desarrolla sobre temas o
sectores -como suele recortar la racionalidad lineal identitaria- sino que se realiza
en términos de problemas que se vinculan entre sí, como ya se mencionó, una
situación problemática. A esta situación problemática se le corresponde una
situación objetivo que, si es correctamente diseñada, resultará en una solución
sistémica de los problemas identificados (en este modelo, se plantea a la
situación objetivo como un “sistema tecnológico social” – que se desarrolla en el
siguiente acápite-).4
Ahora bien, ¿quién define los problemas? Esta pregunta es organizadora
de la planificación, debido a que constituye el primer paso de la planificación
orientada al desarrollo inclusivo sustentable. Quienes participen de la definición
de problemas son quienes, en última instancia, construyen la agenda de la
acción de la política pública. Un proceso de co-diseño y jerarquización de la
agenda de problemas (situados, es decir, delimitados bajo coordenadas espacio-
temporales) es necesario para lograr un plan de desarrollo virtuoso.
¿Por qué es necesario abrir la participación en la definición de la agenda de
problemas? Porque desde el punto de vista epistemológico es posible afirmar
que:
44 El conocimiento codificado es aquel que puede ser formalizado en soportes de información
(libros, artículos, manuales y hasta programas informáticos) y se reproduce a partir de
metodologías pedagógicas institucionalizadas. El conocimiento tácito, es un tipo de conocimiento
inscripto en la práctica de los actores. Su condición de tácito” hace difícil o imposible su
formalización y, por lo tanto, este tipo de conocimiento se reproduce a partir de aprendizajes
basados en la experimentación, la ostensión, el hacer y la interacción.
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- los “problemas” no son universales, sino situados: cada grupo social
relevante construye problemas de forma diferente.
- el conocimiento utilizado en los procesos de construcción de problemas
es en parte codificado y en gran medida tácito.
- la configuración de los problemas condiciona el funcionamiento y
pertinencia de la solución correspondiente
- el accionar problem-solver condiciona el conjunto de prácticas socio-
institucionales y, en particular, las dinámicas de aprendizaje y la
generación de instrumentos organizacionales.
La ampliación del espacio de la toma de decisiones implica un mayor grado de
participación a partir de integrar en la agenda de problemas a aquellos que
el modelo lineal de innovación llama usuarios”, pero que, para una
conceptualización basada en el co-diseño, son parte del grupo de desarrollo
tecnológico, que puede estar compuesto por investigadores, por unidades de
produccn, por funcionarios públicos, por miembros de organizaciones de
base, etc.
La composición de ese grupo de trabajo se define en función del lugar
donde el plan se desarrolla y en términos de ¿cuál es el problema sistémico
que se busca solucionar?5. Para definir esos problemas, obviamente, antes
5 Todo problema de desarrollo de una comunidad (no importa su dimensión: local, regional,
nacional o internacional) es siempre de carácter de sistémico. Es decir, el problema se explica
a partir de la interrelación de elementos heterogéneos: artefactos, procesos, prácticas
productivas, ideologías, conocimiento disponible, dinámicas de aprendizaje, entre otros. La
emergencia de problemas singulares debe ser entendida justamente como la superficie del
problema sistémico subyacente.
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es necesario definir una intencn de la acción del policy, ¿qué conjunto de
problemas generales voy a tratar de atender?: problemas de acceso al agua,
problemas del impacto de malas prácticas agronómicas en la salud humana,
políticas de desarrollo de vacunas, políticas de desarrollo de nuevos cultivos.
Pero ¡cuidado!: una planificacn más participativa, más inclusiva, no
alcanza -no es condición suficiente- para llevar a cabo planes de desarrollo
inclusivo Es necesario planificar esa participación, planificar esas agendas
de trabajo en términos de dinámicas de desarrollo inclusivo sustentable
amplio. Es necesario abrir los espacios de accn tendiendo a que las
agendas de trabajo, inicialmente, se orienten a la definición de problemas
sistémicos y la construcción de soluciones del mismo alcance. Para esto, es
necesario planificar en términos de Sistemas Tecnológicos Sociales (STS)
(Thomas, Juarez y Picabea, 2015).
Planificar en clave de dinámicas de desarrollo inclusivo
sustentable amplias
Los Sistema Tecnológicos Sociales (STS) son sistemas socio-técnicos
heterogéneos (de actores y artefactos, de comunidades y sistemas tecnológicos)
orientados a la generación de dinámicas de inclusión social y económica,
democratización de la toma de decisiones tecnológicas y desarrollo sustentable.
Implican acciones de diseño de productos, procesos productivos y tecnologías
de organización focalizados en relaciones problema/solución inclusivas,
adecuados para:
• la socialización de los bienes y servicios
• la democratización del control y de la toma de decisiones
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• el empoderamiento de las comunidades de productores y usuarios.
Los STS tienen por objetivo cumplir en simultaneo cuatro requerimientos, los
cuales son condición necesaria para dinamizar procesos de desarrollo inclusivo
sustentable desde los STS son:
• Igualación de derechos
• Dignificación de las condiciones de existencia humana
• Generación nuevos espacios de libertad y justicia
• Mejora de la calidad de vida
La agenda de problemas -y, por lo tanto, la agenda de soluciones requiere-
ser escalada en términos ontogicos, es decir, las soluciones tienen que
superar la instancia de la artefactualidad, dejando de lado la racionalidad que
construye soluciones puntuales, paliativas e inorgánicas. Cuando es posible
construir una dinámica de planificación dinámica y socio-técnica que
contenga los cinco niveles de participación mencionados y se logra una
agenda de grandes problemas ontológicamente más amplia, pueden
desplegarse procesos significativos y sustantivos.
En primer lugar, la interacción entre investigadores, funcionarios,
comunidad, extensionistas, reconstruye la agenda de problemas. La nueva
agenda requiere de nuevos tipos de conocimientos, prácticas y artefactos, lo
que constituye una tensión sobre las funciones y roles previamente
asignados. ¿Esto q quiere decir? Que esa divisn técnica del trabajo que
generó el modelo lineal de innovación se pone en crisis, y por lo tanto es
necesario replantear esos roles preasignados de investigador, de
extensionista, de funcionario, para ir hacia funcionesbridas, hacia un rol de
produccn de conocimiento no situado en términos del rol institucional sino
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en términos de la necesidad de creación de conocimientos. Porque este
proceso no produce “conocimiento” (en singular) produce “conocimientos” (en
plural).
El proceso de cambio no queda “suspendido en el nivel del discurso o
el conocimientoen abstracto”. Ocurre en la práctica concreta, se materializa
en sujetos. Hay sujetos concretos, hay personas concretas que se vuelven
híbridas, que empiezan a pensar como investigador, y como funcionario, y
como comunidad, y como extensionista y, por lo tanto, dejan de tener una
accn de resolución de problemas vinculada a su función inicial y empiezan
a conceptualizar problemas y soluciones en términos de un espacio más
diverso de conocimientos, de pcticas, de diseños tecnogicos, de formas
de discurso y de formas de interacción con otros.
En segundo lugar, este proceso de hibridación tiene tantas
materialidades como sujetos intervinientes, es decir, que esos sujetos
híbridos no son iguales entre sí, son distintos: hay algunos que se hibridan
s del lado ingenieril, otros que se hibridans del lado práctico, otros que
se hibridan más del lado social. Todos tienen características que los
distinguen, por eso la práctica del desarrollo inclusivo sustentable, con
integración de actores heterogéneos, implica la construcción de grupos de
trabajo. No son sujetos individuales los que llevan adelante estos procesos,
son grupos de trabajo fomentados desde las instituciones, financiados desde
las instituciones, sostenidos desde las instituciones y premiados desde las
instituciones porque hacen ese tipo de actividad.
En tercer lugar, es imprescindible identificar, en esos grupos de trabajo,
quienes son sujetos de aprendizaje. No todos los sujetos que se integran, no
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toda persona que se sume a mesas de trabajo o a colectivos de trabajo
heterogéneos, es sujeto de aprendizaje, en el sentido de su capacidad para
hibridar conocimiento, su capacidad para procesar problemas, su capacidad
para generar empatía con otros. Hay algunos investigadores y extensionistas,
hay algunos funcionarios públicos, hay algunos miembros de comunidades
originarias, algunos miembros de comunidades de productores, algunos
miembros de asociaciones, algunos miembros de cooperativas, algunos
miembros del INTA, algunos miembros del INTI, algunos miembros del
CONICET, que son sujetos de aprendizaje. Por lo tanto, una parte importante
del diseño del plan es detectar y fomentar esos sujetos de aprendizaje, que
se encuentran tanto al nivel de la institución como al nivel de los territorios.
Esos sujetos de aprendizaje, ¿por qué se caracterizan? Porque
tienen una praxis orientada a la resolución de problemas, tienen capacidad
para jerarquizar problemas. Por supuesto, esas capacidades no son
“innatas”, sino que han aprendido a lo largo de su trayectoria a desplegar
estrategias tácitas o formales que les permite jerarquizar problemas.
Esos sujetos de aprendizaje dinamizan procesos de aprendizaje, es
decir, aprenden de y con otros, desarrollan soluciones innovadoras, se
exponen a situaciones de tensión epistémica: se exponen en situaciones en
las cuales ponen en tensn su propio acervo de conocimiento, construyen
empatía y buscan destruir el comportamiento conformista.
Para diseñar e implementar planes de desarrollo en los territorios con
alto grado de participación es necesario generar colectivos de sujetos de
aprendizaje, porque un sujeto de aprendizaje aislado no funciona. Estos
colectivos, en última instancia, lo que van a permitir es quebrar la relación
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lego-experto, la dinámica top-down de diseño y toma de decisiones, el
proceso puntual y lineal de definición de los problemas.
En última instancia, en términos de planificacn estratégica, es
necesario construir dinámicas de cambio socio-técnico basadas de
interacciones socio-cognitivas sistémicas. Donde los colectivos de
aprendizaje logren movilizar diferentes organizaciones (institutos de I+D,
Universidades, cooperativas, empresas, ONGs, organismos
gubernamentales) y grupos de usuarios hacia la generación y circulación de
aprendizajes, conocimientos, relaciones problema-solución y capacidades
(Becerra y Thomas, 2017). El aprendizaje6 es un resultado primario de la
dinámica interactiva entre diferentes grupos sociales, pero también, entre
grupos sociales y tecnologías (productos, procesos y organización).
Reflexiones finales
A diferencia de otros países de América Latina (los cuales presentan
históricamente graves problemas de subdesarrollo, pobreza de ingreso y
exclusión de los servicios públicos), el caso argentino tiene la particularidad de
haber sufrido un proceso de downgrading de su matriz tecno-productiva desde
mediados de la década de 1970 que destruyó una parte significativa de las
actividades industriales que ocupaban mano de obra calificada y motorizaban
dinámicas de cambio tecnológico e innovación local (Thomas, 1999; y Thomas y
Becerra, 2012).
6 Los trabajos sobre la dinámica y los mecanismos del aprendizaje centran su atención en los
procesos de learning-by-doing, learning-by-using y learning-by-interacting.
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En particular, en la década de 1990, Argentina sufrió las consecuencias
económicas del enfoque del desarrollo por derrame. La acumulación económica
inicial generaría “naturalmente” la distribución del ingreso, y con ella la inclusión
de los excluidos y el desarrollo de los subdesarrollados. Luego (en las primeras
dos décadas del siglo XXI), una versión más neo-schumpeteriana de la teoría
del derrame incorporó, en las políticas de CTI implementadas, la idea de la
innovación como motor de esa acumulación: las innovaciones generarían rentas
extraordinarias, mediante la inserción de la competitiva producción nacional y
regional en fluidos mercados globalizados. Complementariamente, los esfuerzos
locales en ciencia y tecnología generarían nuevos productos y procesos que
alcanzarían con sus beneficios -en términos de mejores prestaciones, aumento
de la productividad, generación de empleos “de calidad” y menores costos- al
conjunto de la población.
Lamentablemente, estos postulados optimistas no se verificaron en la
práctica. Ni en términos de derrame de la riqueza, ni de distribución de los
beneficios por innovación, ni de diversificación de la matriz tecno-productiva. El
aumento de las inversiones públicas locales en I+D no se tradujo en una
alteración sustantiva de la trayectoria de innovación tecnológica, ni alcanzó a
beneficiar a los usuarios potenciales calculados7.
Una visión crítica de la dinámica científica y tecnológica es fundamental
para evitar las típicas soluciones prefabricadas, “universales” y políticamente
"neutrales" derivadas de las racionalidades artefactuales y transferencistas. El
7 El análisis de las causas de este desfasaje escapa a las restricciones de espacio de esta
descripción técnica. Para mayores explicaciones ver por ejemplo Lugones y Suárez (2007),
Thomas, (2011).
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campo de la ciencia, la tecnología y la sociedad (CTS) puede desempeñar un
papel clave en un programa de aprendizaje destinado a resolver los problemas
sociales y ambientales de nuestras comunidades.
Si se logran consolidar políticas de CTI y nuevas pcticas de
planificación estratégica orientados al desarrollo de Sistemas Tecnológicos
Sociales, entonces se estará más cerca de romper la inercia imperante del
sistema.
Si institucionalmente se logra esto, se pod visualizar un sendero en
el cual la planificación de las dinámicas de desarrollo inclusivo sustentable
generarán mejores resultados en términos de igualación de derechos;
construcción de nuevos espacios de autonomía, libertad y justicia; mejoras
en la calidad de vida; y modificaciones de las matrices tecno-productivas
hacia configuraciones más inclusivas y sustentables.
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Artículo recibido el 20 de septiembre de 2022
Aprobado para su publicación el 15 de diciembre de 2023