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DOI: https://doi.org/10.48160/18517072re61.652
Transiciones agroecológicas: aportes a partir del
análisis y comparación de dos experiencias en la
flori-horticultura familiar platense
Nuria Caimmi*
Martin Nicolas Sotiru**
Resumen
Este artículo examina a las transiciones agroecológicas en el cinturón flori-hortícola
platense (Provincia de Buenos Aires, Argentina) a partir de dos estudios de caso: el
área de agroecología de la Federación Rural para la Producción y el Arraigo (FRPA)
y el Consultorio Técnico Popular en Agroecología (Co.Te.Po.). El concepto de
transición agroecológica es entendido como un proceso complejo y multidimensional
que nos permite analizar las formas que adquieren las trayectorias agroecológicas
de productorxs hortícolas en La Plata. La investigación, de carácter cualitativo, se
basó en entrevistas y observación participante con familias que transitan hacia la
agroecología en un territorio históricamente dominado por la flori-horticultura
intensiva conocida como convencional. En el área de agroecología de la FRPA, la
consolidación de la transición se apoyó en el diálogo entre técnicxs militantes y
* Centro de Estudios en Nutrición y Desarrollo Infantil (CIC/PBA). Correo electrónico:
nuriacaimmi@gmail.com
** CIG-IdIHCS/UNLP-CONICET. Correo electrónico: msotiru@gmail.com
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productorxs, a través de talleres de formación y visitas a quintas en articulación con
instituciones públicas. En Co.Te.Po., en cambio, las prácticas agroecológicas se
expandieron mediante redes de parentesco, vecindad y paisanaje, con una menor
articulación con técnicxs estatales y universitarixs. Los resultados dan cuenta que
las transiciones agroecológicas se sostienen sobre lógicas rizomáticas, producidas
por redes sociales y organizativas que acompañan los desafíos de una
transformación hacia una agricultura sustentable. Se concluye que las transiciones
agroecológicas dependen de una diversidad de articulaciones que es necesario
reconocer para consolidar estos procesos.
Palabras clave
PERIURBANO PLATENSE, TRAYECTORIAS AGROECOLÓGICAS, TÉCNICOS, ORGANIZACIONES,
AGRICULTURA FAMILIAR.
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Introducción
En el marco de la diversidad de experiencias que involucra la agroecología, el
concepto “transición agroecológica” aparece como una noción clave que enfatiza su
carácter procesual y abierto, vinculada a factores ecológicos-productivos, políticos,
técnicos, económicos y sociales. El enfoque de las transiciones permite, de esta
manera, contemplar una multiplicidad de trayectorias que no se limitan a principios
normativos o definiciones abstractas, sino que se moldean en función de realidades
concretas. La transición dota a la agroecología de un carácter dinámico y
transformable.
Desde buena parte de la bibliografía temática se ha destacado el papel central
de las organizaciones sociales en las transiciones (Mier y Terán Giménez Cacho et
al., 2018; Rosset, 2015). Este señalamiento abre la pregunta por las formas
concretas que adoptan las relaciones entre productorxs (el uso de la letra “x” a lo
largo del manuscrito responde a una decisión gráfica orientada a evitar el masculino
genérico), técnicxs e instituciones públicas y privadas que acompañan o asisten
dichos procesos. Interesa, en particular, examinar cómo se construyen las
articulaciones entre estxs actores, qué mediaciones se habilitan y qué tensiones
emergen.
A partir de esto, el objetivo del artículo es analizar las formas que adquieren las
distintas trayectorias agroecológicas de productorxs flori-hortícolas en el marco de
transiciones a la agroecología en el cinturón flori-hortícola platense, desde dos
experiencias organizativas: el área de agroecología de la Federación Rural para la
Producción y el Arraigo (FRPA) y el Consultorio Técnico Popular en Agroecología
(Co.Te.Po.).
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El desarrollo del artículo se estructura de la siguiente manera: en primer lugar,
exponemos la estrategia metodológica y describimos el lugar de estudio. En
segundo término, articulamos y discutimos los conceptos de transición
agroecológica, recuperando antecedentes bibliográficos relevantes. Luego, se
desarrollan los estudios de caso, para finalizar con una discusión habilitada por el
cruce entre ambos casos.
Metodología
La estrategia metodológica fue cualitativa y combinó entrevistas semiestructuradas y
observación participante, orientadas a profundizar en las dinámicas del sector
productivo. Se realizaron entrevistas a trabajadorxs del sector flori-hortícola, técnicxs
militantes y dirigentes, todxs de entre 29 y 60 años, vinculadxs a organizaciones del
sector que atravesaron o acompañaron transiciones agroecológicas, argentinxs y/o
migrantes de primera o segunda generación, con una antigüedad migratoria superior
a una década. Respecto a la observación participante, esta técnica permitió recopilar
gran cantidad de material a través de conversaciones informales y registros de
campo efectuados en diversos espacios, como ámbitos productivos, domésticos,
sedes de organizaciones, y comercios locales.
Este artículo forma parte de dos investigaciones doctorales en curso,
financiadas por el sistema científico nacional argentino y emplazadas en el cinturón
flori-hortícola platense. Una de ellas, se enmarca en el programa de Doctorado de
Geografía (UNLP) y estudia las dinámicas internas de una organización de la
agricultura familiar agroecológica y sus estrategias territoriales para el impulso de la
agroecología. La otra, parte del programa de Doctorado en Antropología (UBA), e
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investiga los cruces entre la alimentación y la agroecología en este sector
productivo. Por ello, los resultados que aquí se presentan no son concluyentes, sino
que constituyen hallazgos parciales. En todos los casos y técnicas, se aseguró el
cumplimiento de los principios éticos en todas las etapas de la investigación y el
anonimato fue resguardado mediante el uso de seudónimos.
Lugar de estudio
El área de estudio corresponde al cinturón flori-hortícola platense (CFHP), ubicado
en la zona periurbana de la ciudad de La Plata en la provincia de Buenos Aires,
Argentina. Esta región se destaca por ser la más capitalizada, tecnificada y de mayor
intensidad productiva del país (García, 2015). Su importancia radica tanto en la
cantidad de explotaciones como en el volumen de producción, que no solo abastece
de hortalizas, flores y ciertas frutas a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los
municipios del Gran Buenos Aires, sino que también provee a otras provincias del
país (Benencia, 2006).
Desde sus inicios, esta área fue concebida como un espacio estratégico para
garantizar el abastecimiento alimentario de las ciudades de La Plata (Ringuelet,
2008) y Buenos Aires. Mientras que hasta mediados del siglo XX esta labor estuvo
mayormente a cargo de inmigrantes italianos, españoles y portugueses (Lemmi y
Waisman, 2021), a partir de la década de 1980 se produjo una transformación en la
composición de la fuerza de trabajo. Desde entonces, las tareas productivas
comenzaron a ser asumidas principalmente por personas provenientes del norte
argentino, y de países cercanos, en particular Bolivia, aunque también Paraguay y
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Perú, en un fenómeno que ha sido caracterizado como la “bolivianización de la
horticultura” (Benencia y Quaranta, 2006). Cabe advertir, como señala Archenti
(2008), que la categoría “bolivianxs” tiende a homogeneizar a migrantes de distintas
regiones del país vecino y, al mismo tiempo, a invisibilizar a otros sectores migrantes
y no migrantes.
Durante esa misma década, los años 80, el cinturón experimentó una
reconfiguración de su estructura productiva, impulsada por los principios de la
Revolución Verde. Esto se tradujo en un uso intensivo de invernáculos y en la
incorporación de paquetes tecnológicos (García, 2012). Los invernaderos, en
particular, se convirtieron en un rasgo distintivo del paisaje: según un estudio de
Dell’Arciprete et al. (2022), cerca del 60 % del área relevada se encontraba cubierta
por cultivos bajo plástico. Esta tecnología se combinó con el uso intensivo de
agroquímicos, fertilizantes sintéticos, semillas híbridas y otros insumos (Blandi,
2016). Así, recorrer el territorio permite advertir con claridad su fisonomía “plástica”
(García, 2011a), perceptible en la proliferación de estructuras de cobertura y en la
presencia de envases de herbicidas e insecticidas a lo largo del camino.
En esta región, conviven distintos tipos de establecimientos productivos (García
y Quaranta, 2021), desde grandes y medianxs productorxs capitalizadxs hasta
pequeñxs productorxs que trabajan y viven en quintas de entre ½ a 2 hectáreas y
dependen exclusivamente del trabajo familiar para lograr su sustento. Este último
grupo es el más numeroso del CFHP, ocupando ⅔ de los establecimientos
productivos (Cieza et al., 2015).
Estas familias, generalmente están conformadas por madre, padre e hijxs,
aunque también es frecuente encontrar hogares monoparentales, abuelas en
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funciones maternas o familias ampliadas con abuelxs, tíxs o primxs. Sus jornadas de
trabajo suelen extenderse entre 8 y 16 horas e implican tareas de gran exigencia
física, tanto en invernáculos como al aire libre. Lxs trabajadorxs enfrentan
condiciones climáticas adversas, como frío intenso, lluvias, heladas o una elevada
exposición solar (Lemmi y Muscio, 2023). Estas labores se realizan en contextos de
fuerte precariedad, con acceso limitado o inexistente a servicios básicos como el
agua potable, y con altos niveles de pobreza y exclusión, ya que los ingresos no
alcanzan a cubrir las necesidades fundamentales (Fernández, 2018).
Desde el punto de vista productivo, en el CFHP predomina un modelo conocido
como “convencional”, caracterizado por el uso intensivo de insumos químicos, lo que
conlleva riesgos significativos para la salud de quienes integran las unidades
productivas. No obstante, en los últimos años han comenzado a emerger
experiencias de transición agroecológica en algunos predios del CFHP, lo que
habilita nuevas formas de pensar y practicar la producción hortícola, transformación
motorizada por organizaciones de productorxs de la agricultura familiar campesina e
instituciones públicas como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)
y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) (Cieza et al., 2022; García y
Fernández, 2021; Sotiru, 2023b).
Aportes de la literatura sobre transiciones agroecológicas
La transición agroecológica ha sido generalmente definida como un proceso de
transformación desde sistemas productivos convencionales hacia otros de base
agroecológica (Marasas et al., 2012). Los estudios resaltan que son procesos
complejos y graduales, que no necesariamente poseen un momento final
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determinado (Caporal y Costabeber, 2004), en los que se articulan distintas escalas
(Paz et al., 2024) y donde deben considerarse “factores sociales, económicos,
tecnológicos, culturales, políticos y ecológicos” (Marasas et al., 2017: 49). Como
plantea Tittonell (2019), no existe una única transición, sino múltiples transiciones
simultáneas en distintos niveles técnico-productivo, socioecológico y político-
institucional. Las mismas, a nivel individual o colectivo, pueden atravesar fases de
pre-desarrollo, despegue, irrupción y estabilización, en función de las condiciones
estructurales, las políticas públicas y las dinámicas de las cadenas de valor.
En el noroeste chaqueño de Argentina, Serpe (2022) analizó recorridos de
transición agroecológica en un contexto de expansión del agronegocio, dando
cuenta cómo en las transiciones convergen universos materiales, simbólicos e
ideológicos diversos, movilizados por actores con trayectorias e intereses
particulares. Para este manuscrito, nos interesa especialmente esta lectura porque
permite recuperar las múltiples interpretaciones que los propios actores elaboran
sobre la transición, en articulación con los aspectos materiales que la habilitan o la
limitan. Incluso en un escenario complejo, marcado por el desfinanciamiento estatal
y el desmantelamiento institucional, la autora dio cuenta cómo técnicxs y productorxs
continuaron trabajando colectivamente, dando lugar a nuevas iniciativas
agroecológicas.
En la provincia de Misiones, Padawer (2017) examinó las hibridaciones
técnicas presentes en los procesos de conocimiento agrícola, mientras que
Schiavoni (2020) analizó la articulación entre etnoecología guaraní, saberes
agronómicos y prácticas colonas en una “agroecología vernácula e híbrida”,
incluyendo la relación con especies humanas y no humanas. Esta perspectiva
multiespecie también aparece en los trabajos de Cravero en Córdoba (2021), quien
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estudió las formas cotidianas de hacer agroecología y mostró que las relaciones
entre prácticas agroecológicas y agricultura convencional no se organizan
únicamente en términos de oposición, sino también de proximidad, continuidad y
colaboración. Esta autora, destacó (en sintonía con los intereses de este manuscrito)
que las definiciones agrosistémicas dominantes no alcanzan para comprender qué
es “lo agroecológico” desde una mirada social: para ello es necesario atender a qué
hacen las personas, cómo y con quiénes producen, y qué sentidos otorgan a sus
prácticas, en contraste con lecturas normativas presentes en buena parte de la
literatura agronómica.
En la provincia de Buenos Aires también se registraron itinerarios
heterogéneos. Iturralde (2018, 2020) analizó transiciones impulsadas por
regulaciones estatales sobre agroquímicos en Trenque Lauquen, mientras que Kunin
(2021) exploró las dinámicas de género en experiencias agroecológicas y
comunitarias, mostrando cómo ciertas corporalidades y prácticas adquieren sentido
en clave relacional.
Todas estas discusiones sobre las transiciones agroecológicas se enriquecen
con el debate ampliamente difundido en el ámbito de la extensión rural
latinoamericana entre las visiones transferencistas y constructivistas (Landini, 2016),
en particular, sobre la relación que entablan técnicxs y productorxs en la
construcción de los conocimientos técnicos. Mientras que el primero se suele apoyar
en una jerarquía, donde lxs técnicxs poseen los conocimientos y son considerados
expertxs que deben persuadir y trasladar determinadas tecnologías a lxs
productorxs, bajo la mirada constructivista se hace foco en la cuestión participativa y
dialógica entre extensionistas y agricultores, valorando metodologías como la de
“campesinx a campesinx” (Machín Sosa et al., 2010), al reconocer a quienes
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trabajan la tierra como interlocutores con saberes y conocimientos importantes y
válidos.
Esta última propuesta, heredera de una extensa tradición de praxis
latinoamericana, pone en valor la capacidad de las comunidades locales para
generar sus propias instancias formativas mediante metodologías de aprendizaje
horizontal (Rosset y Val, 2018). En este marco, se resalta la figura de lxs promotorxs
productorxs, quienes transmiten saberes desde su propia experiencia y actúan como
agentes territoriales del conocimiento agroecológico, sin la mediación directa de
técnicxs o investigadorxs. No obstante, una lectura reificada de este enfoque ha
tendido a invisibilizar la necesidad de articular con conocimientos científicos y con
financiamiento externo (público y/o privado), promoviendo una visión autonomista en
gran medida ficticia.
Reyes-Neuhauser (2024), retoma parte de este debate a partir de su trabajo de
campo con tres experiencias de sistemas en transición agroecológica de la Región
Metropolitana de Buenos Aires (Argentina). A través de ellas se pregunta por las
modalidades de circulación del conocimiento técnico agroecológico que han sido
puestas en juego y que parecen haber prevalecido. La autora explica que en estos
recorridos existía la enseñanza de un “set inicial” de prácticas agroecológicas desde
lxs técnicxs hacia lxs productorxs, que luego daba lugar a un proceso de prueba y
error por parte de lxs productorxs, acompañadxs por lxs técnicxs, lo cual generaba
un aprendizaje en conjunto y dialógico que permite discutir la dicotomía que plantean
la separación entre transferencia y construcción. En otras palabras, mientras que, al
inicio de las transiciones, lxs productorxs dependían de lxs técnicxs para el
aprendizaje, en la medida que se apropiaban del set básico de prácticas, estxs
empezaban a gozar de mayor autonomía, aunque continuaban con algún tipo de
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acompañamiento. Tal como explica Tittonell (2019), las transiciones agroecológicas
poseen momentos críticos que son difíciles de atravesar de manera individual para
lxs productorxs y, de allí que la presencia de organizaciones, políticas públicas y
técnicxs o promotores sea fundamental para acompañar dichas instancias.
Con el fin de pensar las diferentes formas que adoptan las transiciones
traemos la noción de rizoma. Por lo general, se denomina rizoma al tallo subterráneo
que crece de manera horizontal o vertical, funcionando como órgano de reserva
cuando la planta enfrenta condiciones extremas o escasez de nutrientes. Deleuze y
Guattari (1980) retoman esta figura para proponer una metáfora analítica de
procesos no lineales, que no siguen trayectorias predefinidas ni poseen un punto
único de inicio o de llegada. En oposición a las lógicas genealógicas, el rizoma se
caracteriza por conexiones múltiples, heterogéneas y abiertas, capaces de vincular
cualquier punto con cualquier otro. En el campo agroecológico, González de Molina
et al. (2022) retoman esta metáfora para describir cómo las familias elaboran
señales provenientes de escalas macro en decisiones estratégicas situadas a escala
micro. De esta manera, la idea de rizoma permite identificar un tipo de itinerarios ni
universales ni totalizadores, cuyo horizonte es múltiple, con posibilidades de
desplazarse en diversas direcciones. Para ellos, los espacios de experimentación
colectiva se presentan como “capullos” de la metamorfosis agroecológica, porque
son espacios en los que emergen redes que articulan múltiples actores en diferentes
niveles de complejidad y escalas geográficas (González de Molina et al., 2022).
Esta lectura desde los rizomas se distancia de enfoques que entienden el
conocimiento científico-técnico como algo que simplemente se “adapta” a sujetos
considerados legos (Padawer, 2020). En cambio, habilita una mirada microscópica
sobre las tramas que impulsan, o limitan, la posibilidad misma de la agroecología a
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escala local, en el entramado de la vida cotidiana en un periurbano de producción
intensiva de hortalizas y flores.
Esta mirada coincide con lo planteado por Perez (2025), quien al estudiar a
grupos de productorxs de Entre Ríos da cuenta de las transiciones son vivencias
graduales de cambio y no lineales. De allí que la autora haga hincapié en
reemplazar “la noción de agroecología por agroecología (s) en un intento de dar
cuenta de la diversidad y heterogeneidad de experiencias y de estadíos de cambios
en los que se encuentran quienes intentan [...] producir alimentos” (p: 23).
Considerando estas discusiones, a continuación, describiremos trayectorias y
procesos de transición agroecológica entre productorxs flori-hortícolas de dos
organizaciones del cinturón productivo platense.
La experiencia del área de agroecología de la Federación
Rural para la Producción y el Arraigo
La Federación Rural para la Producción y el Arraigo (FRPA) es una de las
organizaciones representativas de la agricultura familiar campesina e indígena a
nivel país y se presenta como una herramienta gremial para la organización y
movilización de los sectores postergados de la ruralidad (Federación Rural para la
Producción y el Arraigo, s. f.). Esta organización nuclea a varias cooperativas y
productorxs a lo largo de 19 provincias de todo el país.
Dividida en varias regionales, se crea en la perteneciente al periurbano
platense en el año 2016, su área de agroecología, agrupando en su seno a lxs
primerxs productorxs en realizar una transición agroecológica junto a uno de los
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técnicos de la organización (Baldini et al., 2019; Lemmi et al., 2024; Sotiru, 2024). El
objetivo del área es, no solo nuclear a quienes realizan agroecología dentro de la
FRPA, sino en promover diversas estrategias territoriales para impulsar a la
agroecología dentro de la organización (Sotiru, 2023b). Por esa razón, desde su
creación esta ha ido sumando productorxs y técnicxs militantes (Lemmi et al., 2024;
Sotiru, 2024), englobando entre 10 a 30 familias y entre 2 a 7 técnicxs militantes
según el momento analizado.
Las transiciones agroecológicas de lxs productorxs del área de agroecología de
la FRPA estuvieron signadas por el diálogo y acompañamiento entre productorxs y
técnicxs militantes (Baldini et al., 2019), quienes, a través de talleres de formación y
el ensayo y el error en las quintas (Lemmi et al., 2024) fueron construyendo las vías
para implementar la agroecología. Tanto técnicxs militantes como productorxs
destacan que el acompañamiento de instituciones del sector público, como lo fue el
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Universidad Nacional de
La Plata (UNLP), fueron también partícipes necesarios de la transición.
La agroecología como práctica alternativa fue la respuesta que encontró la
FRPA ante los problemas de la producción convencional, principalmente, “la
dependencia de insumos […] y los problemas de salud de muchas familias por los
fitosanitarios que se utilizan, por tóxicos” nos comenta Omar1, uno de los dirigentes
entrevistados (comunicación personal, diciembre de 2023). La primera de las
parcelas agroecológicas en el CFHP de la FRPA surgió de la mano de un técnico de
la FRPA, quien, a su vez, trabaja allí en el marco de un programa Cambio Rural del
1 Para nombrar a las personas entrevistadas en el marco de esta tesis utilizaremos seudónimos con
el objetivo de garantizar su anonimato y muestro compromiso con la confidencialidad
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INTA. Este técnico, Felipe, solía visitaba a unxs productorxs que tenían una parcela
sin usar y les propuso trabajarla él mismo de forma agroecológica “ya que no lo
estaban usando, plantemos, consigamos los insumos, que no tengan que invertir
nada, y arranquemos de esa forma, total, si no iba bien, no nos pasaba nada
digamos [...] Y bueno esa primera parcela funcionó” (comunicación personal, agosto
de 2022).
Uno de lxs productorxs agroecológicxs de la organización, Carlos,
recordándonos esa situación de la primera parcela agroecológica durante una
recorrida por su quinta, nos contaba que (yendo a ese momento) no podía creer que
este técnico, al que veía como una persona “que viene de la ciudad”, pudiera
producir sin usar químicos a diferencia de lo que le sucedía a él mismo, “que estoy
todos los días con las manos en la tierra” (comunicación personal, junio de 2022).
Esa situación convirtió a Carlos en un convencido de las posibilidades que brinda la
agroecología.
Tras esta primera parcela, que operó de ejemplo, varixs productorxs de la
FRPA iniciaron una transición agroecológica. Felipe cuenta que empezaron a probar
biopreparados y diversas prácticas, lo cual contaba así: “Yo llevaba la propuesta y
después investigaban ellos. Siempre mi idea era pruébenlo, fíjense si les funciona si
no, no pasa nada” (comunicación personal, agosto de 2022). Gracias a los buenos
resultados que iban consiguiendo, se fueron sumando más productorxs al espacio y
también técnicxs, conformando así el área de agroecología de la FRPA.
Sobre estas primeras transiciones, Carmen, productora agroecológica, contaba
que “ustedes (refiriéndose a una técnica del área) se encargaban de buscar la
información y […] si no funciona esta, probamos esta y vamos poniendo en práctica
y veíamos qué cosas funcionan y qué cosas no funcionan […] Yo creo que hasta el
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día de hoy nosotros seguimos aprendiendo (comunicación personal, agosto de 2022,
las cursivas son aclaraciones nuestras).
Conformada el área, esta impulsó diversas estrategias territoriales para
afianzar y extender a la agroecología tanto dentro de la FRPA como hacia el resto
de lxs productorxs del CFHP (Sotiru, 2023b). Entre las estrategias, podemos
nombrar al impulso de los talleres de formación agroecológicos y de visitas a modo
de acompañamiento, apuntando así a la creación de una conciencia agroecológica,
a través de una pedagogía del ejemplo y la experiencia (Rosset et al., 2021). Otra de
las estrategias consiste en la construcción de circuitos alternativos de
comercialización, cuyo objetivo es la obtención de precios de venta económicamente
más favorables para la producción agroecológica (García y Fernández, 2025). La
creación de una biofábrica y el impulso de una plantinera propia es otra de las
estrategias, que se orienta a favorecer el reemplazo de insumos externos,
desplazando a las agronomías y plantineras privadas. Por último, la estrategia de
concreción y sostenimiento de vínculos externos instituciones públicas y otros
actores busca potenciar y expandir las oportunidades de productorxs y del área en
general para acceder a proyectos, plantines, semillas, talleres, intercambios, etc.
(Sotiru, 2024).
Sobre los inicios de la transición, la mayoría de lxs productorxs del área
comenta que empezaron por probar en algún sector de sus quintas. Belén,
productora agroecológica, por ejemplo, nos contaba que “de poco fui probando ahí
en mi quinta y mi marido no quería porque por ahí no nos iba a resultar”, pero que,
pese a eso, ella sembró en tres canteros para probar “a ver cómo va, curaba con ajo
y ají que hacía yo (…) y me salió bien (…) así fuimos cambiando de modo de
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producción y ahora trabajo toda la quinta de forma agroecológica (comunicación
personal, noviembre de 2022)
Lxs productorxs, pese a estos inicios exitosos con la aplicación de
biopreparados, señalan que con el tiempo se dieron cuenta de la importancia del
rediseño de los agroecosistemas. Carmen, por ejemplo, nos decía que
cuando nosotros empezamos la agroecología estábamos pensando solo en los
biopreparados, pero después nos dimos cuenta que no es solamente eso, sino todo el trabajo
que implica planear la quinta, pensar las variedades, que tiene que haber rotación, que tiene
que haber asociación, que tiene que haber un control biológico ahí entre las plantas, entre
tamaños, entre colores, entre flores, tratar lo mayor posible que lo biológico esté más
presente, que sea el hermano de nosotros ahí en la cosecha (comunicación personal, agosto
de 2022).
Para entender esta complejidad, lxs productorxs resaltan la importancia de los
talleres de formación y de las visitas de lxs técnicxs militantes como espacios de
circulación, producción y legitimación de los conocimientos agroecológicos aplicados
en las quintas. En palabras de Sofía, técnica militante, en los talleres de formación
agroecológica se aprendían y discutían contenidos sobre cómo “hacer algún
bioinsumo y que después lo pudieran aplicar, algún taller biofumigación, una práctica
de manejo del suelo, y ver cómo se hacía y qué resultados daba eso”, siempre “en
articulación con alguna gente del INTA o de la Facultad o del mismo grupo”
(comunicación personal, abril de 2022). Estos talleres, que contaban con una
primera parte teórica seguida por una parte práctica, eran rotativos (se hacían en
distintas quintas de productorxs) “un poco con la idea de que los compas que hacían
esos talleres pudieran conocer distintas trayectorias de transición agroecológica y
ver cómo se implementaba la agroecología en distintos contextos o distintas quintas”
nos cuenta Sofía (comunicación personal, abril de 2022).
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La técnica militante señala que durante los talleres “dependiendo del tema, era
como todo muy dialogado, digamos, como muy hablado, con preguntas e idas y
vueltas y ahí los productores con más experiencia también aportaban”
(comunicación personal, abril de 2022), cerrando luego el taller con el armado de
algún bioinsumo y una recorrida final. Sobre estos recorridos, Mario, productor
agroecológico, señala su importancia cuando cuenta que “yo cuando iba siempre me
traía algunas plantas, era aprender otra experiencia y copiar eso está bueno
también, así que yo ahí me traía aromáticas, flores, que se yo, semillitas, lo que sea”
(comunicación personal, abril de 2023).
Con los talleres se buscaba que lxs productorxs aprendieran a armar
biopreparados, así como también, a través del diálogo y la discusión, encontrar
cómo orientarse a realizar prácticas que permitan aplicar los principios
agroecológicos (Nicholls et al., 2015) en las quintas y en su trabajo diario. Cabe
destacar que lxs productorxs aprendieron la forma de producción convencional a
partir de su llegada al CHP, mediados por sus patronxs, parientes u otras familias
productoras (García, 2011b; Lemmi, 2020). Cambiar este tipo de prácticas
arraigadas implica generar un convencimiento sobre las posibilidades que brinda la
agroecología, de allí que el ejemplo de otrxs productorxs sobre cómo realizar la
transición fuera fundamental.
En cuanto a qué prácticas iban incorporando, María, una de las productoras,
nos decía que
empezamos a poner aromáticas, que antes no tenía nada, empezamos a poner las barreras,
distintas verduras intercaladas, donde se ponía rúcula, en la próxima plantación ya no se
ponía rúcula, se ponía otra cosa, otra verdura, y así fuimos intercalando, como que
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empezamos a entender un poquito más el sistema y así fue el cambio (comunicación
personal, agosto de 2022).
Además de la incorporación de estas prácticas, entendemos que el acompañamiento
a través de visitas a lxs productorxs por parte de técnicxs militantes y promotorxs
productorxs experimentadxs también era leído como algo clave para afianzar las
transiciones, además de los talleres. Jazmín, una de las técnicas, sobre esto nos
explicaba que “es fundamental no solo dar el taller sino sumar el acompañamiento
[...] ver cómo se va avanzando en esa transición es fundamental, no simplemente
decir bueno esto se haría así así y nos vemos en seis meses, sino que se necesita
una regularidad de acompañamiento al menos al principio” (comunicación personal,
junio de 2022).
Las visitas y acompañamientos, al principio, las realizaban lxs técnicxs
militantes, con el tiempo, lxs productorxs agroecológicxs con experiencia se sumaron
a esa tarea. Jazmín cuenta que a “las personas que se iban sumando se les hacía el
seguimiento por al menos por un ciclo productivo” y que “en cada reunión que
nosotros teníamos mensualmente las personas que lo estaban siguiendo
comunicaban, como venían, que iban haciendo, entonces bueno, todo el área estaba
enterada de cómo era el proceso de esa persona” (ambas de comunicación
personal, junio de 2022). La intención de charlar todo en las reuniones y realizarlas
cada tanto en las quintas de lxs productorxs en transición tenía que ver, según
Jazmín, con generar “confianza en el grupo de que realmente esos productos [...]
eran agroecológicos [...] porque nosotros habíamos ido a una reunión y porque
había un compañero o compañera del área que estaba yendo esa quinta, entonces
se confiaba” (comunicación personal, junio de 2022).
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Sobre cómo era este acompañamiento, José, productor agroecológico
experimentado y que había acompañado a varixs productorxs en transición, nos
decía que ellos “iban haciendo un seguimiento” de estxs productorxs, recorriendo su
quinta y los cultivos, viendo “si le falta alguna cosa” y durante esas visitas “nosotros
les íbamos explicando todo, el tema de riego, por ejemplo, todas esas cosas y así
fueron aprendiendo (comunicación personal, junio de 2023).
Estos fragmentos muestran cómo las transiciones se apoyaban en el trabajo y
aprendizaje conjunto entre productorxs y técnicxs militantes, en el marco que ofrece
la organización como contenedora de estos procesos. Entre lxs productorxs
agroecológicxs existe un consenso de que de forma individual no hubieran podido
sostener las transiciones. Armando, por ejemplo, al preguntarle acerca de la
importancia de compartir el área con otrxs productorxs, nos respondía que
sí, la verdad que ahí, digamos, el compartir las cosas, uno sabe una cosa o te habla de una
cosa y el otro de otra, uno ya como que se capacita mejor, pero así solo, solo, no sé, no creo
(…) que hubiera podido (…) porque prácticamente ya está en metido en que tiene que usar
esos remedios, que hay muchos bichos y tienen que matarlos” (comunicación personal, abril
de 2023).
En un sentido similar, José nos explicaba que hubiera seguido “curando” sin la
organización “porque no teníamos cómo saber o como decir bueno hay diferentes
formas en que nosotros podemos producir o no, entonces capaz que iba a seguir
haciendo lo mismo” (comunicación personal, junio de 2023).
Además de la importancia del rol de la organización en cuanto a los talleres y
visitas, entre otras estrategias, la articulación con actores como el INTA y con la
UNLP también es valorada por los miembros del área por su contribución al
afianzamiento de las transiciones a la agroecología. Carmen nos contaba, por
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ejemplo, que trabajaron “con el INTA el mejoramiento del suelo, porque en los
talleres también aprendimos que es importante mejorar el suelo y todas esas
informaciones nosotros fuimos tomando y empezar a implementarlo en la quinta” y
nos explicaba que “nosotros nos bancamos todos los talleres, todo lo que quieras
con el INTA porque ya sabemos que ellos cuando les pedimos algo, nos tienen en
cuenta, la quinta mía, ahora ahí estoy haciendo la prueba de distintos ajos” (ambas
comunicación personal, agosto de 2022). Este rol del INTA tiene que ver con que,
siguiendo a García y Fernández (2021), esta institución fue protagonista en el CFHP
en la exploración y construcción de formas de producción alternativas a la
convencional, impulsando la agroecología (y también en la construcción de canales
cortos de comercialización, alternativos a los convencionales).
Con respecto a la UNLP, hubo una especial articulación del área con la
Facultad de Agronomía y Ciencias Forestales. Desde el área de agroecología se ha
destacado el vínculo con el Grupo de Semillas Locales (Grupo Semillas Locales,
s. f.), que busca recuperar el uso de distintas semillas del CHP, con el proyecto de
construcción de un Sistema Participativo de Garantía junto a otras organizaciones de
productorxs del CHP (Bravo y Álvarez, 2021) y con cátedras, docentes y estudiantes
en general. También existieron articulaciones con otras unidades académicas y
proyectos de extensión, entre los que se destaca el desarrollo de un dispositivo
(bokashera) para la elaboración de fertilizante orgánico tipo bokashi (Aguyaro et al.,
2024), pensada específicamente para que mujeres productoras que estuvieran por
empezar, que se encontraran en transición o que ya fueran agroecológicas pudieran
resolver por sí mismas la mezcla de los “ingredientes” del bokashi.
Este recorrido por las transiciones agroecológicas de lxs productorxs del área
arroja similitudes con lo aportado por Reyes-Neuhauser (2024) en relación al “set
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Revista Redes 61 – ISSN 1851-7072
básico de técnicas agroecológicas” que son compartidas desde técnicxs hacia
productorxs. Una vez aprendidas estas, desde el área se apuesta por los
acompañamientos, las reuniones y los vínculos con instituciones, para, junto a lxs
productorxs, continuar afianzando los procesos de transición. Aquí, son lxs propixs
productorxs quienes profundizan la agroecología en sus quintas al ensayar prácticas
en diálogo con lxs técnicxs que lxs visitan, mientras que las reuniones colectivas del
área se convierten en espacios para compartir dudas y socializar prácticas exitosas
de manejo y control agroecológico. Esto no quita que lxs productorxs continúen
confiando en que lxs técnicxs los apoyen ante problemas o imprevistos, tal como
sucedió desde el inicio de las transiciones. En ese sentido, Carmen, destacaba
cómo lxs técnicxs militantes del área “siempre estaban con nosotros, nos estaban
siempre conteniendo, contener nuestras preguntas nuestras dudas, todo, para lo que
nosotros necesitamos ellos estaban” (comunicación personal, agosto de 2022). De
esto que las tensiones que surgieran dentro del área tuvieran que ver con el
alejamiento de técnicxs militantes del área, situación que generaba que lxs
productorxs se sintieran abandonados (Sotiru, 2024).
Este caso de estudio visualiza que la transición del grupo de productorxs
pertenecientes al área de agroecología de la FRPA, entrecruza distintos actores e
instituciones, siendo esta articulación el punto de partida para la generación y
circulación de conocimientos técnicos agroecológicos durante distintas fases de la
transición agroecológica. Estos conocimientos, responden a un proceso colectivo
donde se articulan ensayos reales y situados donde participan e interactúan
productorxs, técnicxs e instituciones (Cáceres et al., 2023).
Para cerrar este apartado, cabe destacar que los aprendizajes acumulados, tal
como recupera Sotiru (2023a), en torno los procesos de transición, y en particular,
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sobre el armado de biopreparados y el tipo de técnicas puestas en práctica fueron
condensados en cartillas (Jurado Rocabado et al., 2023; MTE Rural, 2019),
disponibles para su utilización por parte de cualquier familia productora. Las cartillas
incluso tienen las voces de las familias productoras agroecológicas, donde dan
consejos, por ejemplo, sobre cómo o para qué usaron determinado biopreparado.
Además, estos conocimientos técnicxs agroecológicos sirvieron como base para la
construcción de los contenidos de la Escuela Nacional de Agroecología que
promueve la FRPA, como herramienta pedagógica para la expansión de este tipo de
experiencias a otras regionales y organizaciones (Cogo et al., 2023).
El Consultorio Técnico Popular (Co.Te.Po.) en
Agroecología
El Consultorio Técnico Popular en Agroecología (Co.Te.Po.) es una organización
integrada por productorxs de alimentos y flores, migrantes internos y de países
limítrofes como Bolivia y Paraguay que, tras transicionar a la agroecología,
comenzaron a promoverla activamente hace nueve años dentro del CFHP. Su origen
se remonta a una organización gremial de mayor alcance, de la cual se independizó
en 2024. Durante su pertenencia a dicha estructura, Co.Te.Po. acompañó diversos
recorridos vinculados a la formación agroecológica, la construcción de plantineras y
biofábricas, el acompañamiento técnico en quintas y la implementación de un
Sistema Participativo de Garantías con presencia en distintas regiones del país.
Actualmente, su labor se concentra en localidades de La Plata, Florencio Varela y
Berazategui, especialmente en Abasto, donde se encuentra su sede y su biofábrica.
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Este apartado analiza las trayectorias agroecológicas de dos familias, la familia
Choque y la Familia Quispe, que participan activamente en Co.Te.Po. y que han
contribuido a la difusión de la agroecología en su poblado y en zonas aledañas. El
territorio, al que aquí se denomina ficticiamente Los Aromos, se configura como una
colonia agraria de larga data, cuya composición social y tipos de producción han
variado históricamente. Las dos familias analizadas, dedicadas a la horticultura y la
floricultura, iniciaron su transición hacia la agroecología hace aproximadamente
nueve años.
La familia Choque es reconocida por el lugar central que ocupa Elodia, la
madre, en la diseminación de prácticas agroecológicas entre hijas, hermanxs y
vecinxs. Un hito clave en su trayectoria fue su experiencia como medianera en una
quinta orgánica, tras migrar desde un pueblo del centro de Bolivia. Allí, la familia
adquirió conocimientos sobre el manejo agroecológico y sobre los procesos de
certificación vinculados a ese tipo de producción. En relación a la dueña de este
predio, Elodia señala: “Con doña Roberta aprendí muchas cosas, allí era orgánico, lo
certificaba una empresa privada; luego fui reforzando cosas, pero ahí aprendí mucho
de lo que se” (comunicación personal, octubre de 2024).
Al abandonar esa modalidad de trabajo y acceder al alquiler de su propio
terreno, Elodia intentó, desde el inicio, sostener algunas de las prácticas aprendidas,
como la conservación de semillas o el abonado del suelo, aunque sin nombrarlas
formalmente como agroecología. Pero, al poco tiempo, un evento climático marcó su
historia: el temporal y la inundación de 2017, que destruyó numerosos invernaderos
y la totalidad de la producción. Su hija, Roxana, de 27 años, comentó:
el temporal del 2017 fue un desastre, perdimos toda la producción, los invernaderos volaron, y
ahí mi mama dice que el fin de semana había una reunión de la organización que ella
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participaba con sus hermanos, me dice ‘sumate, vamos que capaz nos consiguen alguna
ayuda o algo por la inundación’. Fui, y ese día nos dijeron que había unos talleres de
agroecología, si alguien estaba interesado en ser promotor, y me anoté (comunicación
personal, junio de 2023).
A raíz del temporal y en busca de algún tipo de apoyo, muchxs productorxs se
sumaron a distintas organizaciones del sector donde la agroecología comenzaba a
circular de manera incipiente. Luego de esos talleres, las mujeres comenzaron a
experimentar en su predio. Posteriormente, varixs hermanxs de Elodia, que
compartían la quinta con ella o eran vecinxs de la misma calle, observaron los
resultados del proceso y adoptaron progresivamente algunas prácticas:
los primeros que convencimos fue la familia, les invitamos al taller, hicimos un montón de
talleres, nosotros vivíamos acá al lado, ahí se sumó mi tío Pedro, mi tío Samuel, que es el
hermano de mi mama, Silfredo, Pablo, todos, porque alquilábamos entre cuatro familias el
campo, una hectárea cada familia, y primero era hacer los talleres. Luego empezar a probar los
preparados (comunicación personal con Roxana, septiembre de 2023).
La familia Quispe, vecina de las Choque, se dedica a la horticultura y a la floricultura.
Su situación es híbrida: son medianerxs en dos hectáreas y arrendatarixs en otra
más. Esta condición complejiza su trayectoria agroecológica. El propietario del
terreno, de origen japonés, reside allí y no trabaja con agroquímicos. Elabora sus
propios insumos, no utiliza productos tóxicos, pero no comparte las fórmulas con la
familia, quienes deben usarlos sin conocer su composición. “El japonés que es
dueño de la tierra es re celoso, cuando Amanda (la hija mayor de la familia), se
asoma, él deja de hacer lo que está haciendo y nunca le quiere contar sus recetas
de preparados” (comunicación personal con Elodia Choque, diciembre de 2024, las
cursivas son aclaraciones nuestras).
La cercanía territorial entre ambas familias habilitó conexiones específicas
como la relación cotidiana entre Amanda Quispe y las hijas de Elodia, Noemí y
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Roxana, de edades similares. Esto nos lo mencionaba Amanda Quispe, la hija
mayor de la familia, al relatarnos que: “Yo a Noemí y Roxana (Choque) las conocí
desde chiquitas, nos criamos acá. Ellas habían empezado con la agroecología y su
mamá, como era migrante y venía de poquito, necesitaba que ellas ayudaran.
Entonces todas nos juntábamos y salíamos a empaquetar, siempre era salir de la
escuela e ir a trabajar en otras quintas” (comunicación personal, junio de 2023, las
cursivas son aclaraciones nuestras).
El temporal del 2017 también había afectado la quinta Quispe, y sus vecinas
invitaron a Amanda al taller de agroecología.
Ese año yo retomaba la escuela, y al rato la volvía a dejar, porque tenía que salir a trabajar
por día, juntando flores, carpiendo, con los vecinos acá alrededor. Después ahí me enteré,
Noemí y Roxana (Choque), me dijeron ‘Mira Amanda, podemos salir de esta forma, ya no
comprar químicos así, un gasto menos’, un montón de cosas me metían en la cabeza y yo
todavía no hacía caso, pero ellas me metieron ahí (comunicación personal con Amanda, junio
de 2023, las cursivas son aclaraciones nuestras).
Mientras se formaba en los talleres, Amanda inició en paralelo un proceso de
convencimiento familiar, especialmente con su padre, quien solo adoptó las
prácticas al observar resultados concretos. Luego, parientes de Amanda y su pareja
iniciaron sus propios procesos de transición.
Estos intercambios cotidianos y los talleres no sólo impulsaron cambios dentro
de cada hogar, sino que habilitaron un entramado más amplio, donde comenzaron a
reconocerse como grupo con necesidades y aprendizajes compartidos. Fue ese
marco compartido lo que derivó en la conformación del Consultorio Técnico Popular
(Co.Te.Po.) dentro de la organización gremial de la que formaban parte. Este
espacio específico, enfocado en la agroecología, fue emergiendo como un nodo
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donde productorxs comenzaron también a asumir tareas de formación hacia otrxs.
Uno de los referentes principales describió así esa génesis:
Hace 10 años la realidad de los compañeros no tenía absolutamente nada que ver con la
agroecología, para nada. Ahí era uno por uno, convencer de algo, que además no existía,
todavía nada. Yo decía ´el principal asesor de los productores es la semillera, el consultorio
técnico de los compañeros es la agroquímica. Entonces tenemos que hacer nuestro
consultorio técnico, popular, campesino a campesino’ (comunicación personal con un
referente de Co.Te.Po., septiembre de 2023).
En efecto, en este sector tanto agronomías como plantineras son lugares de
búsqueda de asesoramiento (García y Merchan, 2016), con consultas que
frecuentemente sobrepasan a las cuestiones específicas del insumo adquirido,
semilla o plantín. Se trata de un conocimiento no carente de intereses: no solo es
tendencioso porque sus servicios están ligados a la venta, sino porque lxs técnicxs
que atienden en las agronomías y plantineras cuentan adquieren capacitación por
parte de las empresas de los insumos que venden (García, 2016). La noción de
equipo técnico popular, nacía como forma de disputar el tipo de asesoría técnica
privada que otorgaban las agronomías y plantineras en la zona.
Los primeros talleres de formación fueron acompañados un técnico agrónomo,
que era parte de la Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena
(SAFCI):
Yo me acuerdo que cuando empezábamos éramos 12 quinteros y Franco, que le decían el
Ruso, aunque no era muy ruso. Él supuestamente nos dirigía, pero nosotros lo medíamos,
sabía y no sabía al mismo tiempo, cuando el quintero agarró confianza, hacía las pruebas 10
veces mejor (comunicación personal con un técnico de Co.Te.Po., septiembre de 2023).
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El Ruso nos decía que si o si probemos en el campo antes de salir. Al principio no
entendíamos porque estábamos aprendiendo, pero era agarrar la mano, la confianza en que
podés. (comunicación personal con una técnica de Co.Te.Po., junio de 2023).
Con el tiempo, “el Ruso” se desvinculó del proyecto, pero lxs productorxs
continuaron con su proceso de formación interno y con sus transiciones. El trabajo
de base que siguió no implicó un vínculo formalizado ni sostenido con técnicxs
agrónomxs provenientes de la universidad o de organismos estatales, aunque sí se
dieron articulaciones puntuales para proyectos específicos, como la creación de la
biofábrica, o para algunas instancias de formación particulares.
El análisis de ambas familias permite visibilizar la heterogeneidad de actores
implicados en las transiciones. En ambas familias, lxs propietarixs de los predios
practicaban algún tipo de producción sin agregado de agroquímicos y con manejos
como asociación, rotación y corredores biológicos. Junto a esto, ambas familias
permiten advertir redes de sociabilidad vinculadas al parentesco, al vecindaje y al
paisanaje: madres, padres, hijxs, esposxs, hermanxs, vecinxs, compañerxs de
organización. Lejos de ser un entramado secundario, estas redes constituyen el
sostén afectivo, económico y político de los procesos de cambio. En la familia
Quispe, Amanda inicia el proceso de la mano de sus vecinas; en la familia Choque,
Elodia comparte saberes con sus hermanxs y observa cómo vecinxs y conocidxs
comienzan a experimentar, generando así mayor confianza y entusiasmo hacia el
enfoque agroecológico.
Estos vínculos remiten a la trayectoria histórica de la migración boliviana en el
área hortícola argentina, caracterizada por su organización en cadenas familiares,
donde comadres, compadres y paisanxs colaboran en el alojamiento y el acceso al
trabajo (Courtis y Pacecca, 2010). Estas redes, a menudo transnacionales, han sido
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clave para la acumulación de capital y la constitución de nichos laborales en
mercados segmentados étnicamente (Pizarro, 2014), donde el trabajo hortícola se
estructura en torno al hogar (Benencia, 2006). Desde sus estudios en los años 90,
Attademo (2008) analizó que en contextos donde la reproducción social de las
familias hortícolas se veía amenazada, los lazos sociales se convertían en un
recurso estratégico fundamental.
Comprender la importancia de esta trama requiere considerar que, en el CFHP,
el acercamiento a la agroecología suele emerger, como las escenas de ambas
familias representan, en respuesta a adversidades estructurales: el alto costo de
insumos convencionales, eventos climáticos extremos o afectaciones a la salud
(Cieza et al., 2022; Shoaie Baker y García, 2021).
A muchos les pasó que entraron a hacer agroecología porque les pasó algo malo antes no
porque les pasó algo bueno; cada familia tiene su historia de por qué entró, algunos porque
estaban endeudados, muchos venían a los talleres a querer usar los bioinsumos por
enfermedades […] Había un compañero que vino muy poquito tiempo y tenía toda la piel
manchada, quemada, supuestamente él no podía usar venenos, en el hospital le prohibieron,
pero él trabaja en la quinta, entonces… (comunicación personal con Roxana Choque, junio de
2023).
Estas dinámicas, como señala Archenti (2008), abren paso a nuevas relaciones de
interculturalidad, donde se entrelazaron valoraciones, expectativas y
representaciones sobre los propios vínculos y la experiencia compartida de la
migración en el sector.
Roxana: Primero fue encontrarle la respuesta a todos los problemas que atraviesa un quintero,
que una por serlo, las sabía por experiencia propia. Empiezas por la tierra, como hacer que
recupere la tierra, después los caldos, después los purines, luego los biofermentos y por ultimo
las semillas. y después teníamos un agregado de comercialización
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Noemí: tuvimos que sistematizar cómo se están dando los talleres, porque ibas a un taller y
cada uno enseñaba a su manera, con sus dosis, con su experiencia
Roxana: claro fue hacer preparados, hacer las pruebas, y después experimentar. nos costó 3
años escribir la cartilla, yo no puedo creer (comunicación grupal con el equipo técnico, junio de
2023).
En este contexto, la incertidumbre se presenta como un componente estructural de
la vida cotidiana de quienes habitan y trabajan en esta zona. A la imprevisibilidad de
los costos de producción determinados por los precios del mercado, se suma la
inestabilidad de los contratos de arrendamiento, caracterizados por su informalidad y
flexibilidad, lo cual impacta también en las condiciones de vivienda. Esta
transitoriedad habitacional desincentiva la construcción con materiales permanentes,
y se ve agravada por las inundaciones recurrentes, que dificultan aún más la
planificación de la producción. En este contexto, las prácticas agroecológicas deben
ser entendidas como apuestas que implican asumir riesgos concretos para la
reproducción del sector, de allí la centralidad de las redes para la construcción y el
mantenimiento de la confianza ya que permite afrontar colectivamente la
incertidumbre productiva.
No obstante, las relaciones locales no operan de forma aislada. Como
muestran los casos analizados, la presencia de técnicxs agrónomxs y la articulación
con una organización resultan fundamentales. Por un lado, permiten ofrecer
respuestas técnicas adaptadas a un territorio que, por sus características
agroecológicas, resulta desconocido para muchas familias migrantes; por otro,
posibilitan formalizar e institucionalizar saberes y experiencias que, de otro modo,
quedarían dispersos. En los casos estudiados, la intervención de lxs técnicxs no
coincide exactamente con el surgimiento del interés o el conocimiento sobre la
agroecología, ni con el inicio del proceso de transición, sino que aparece en
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momentos posteriores, generalmente asociados a situaciones críticas, como eventos
climáticos extremos, deudas o la necesidad de sistematizar prácticas ya en marcha.
La presencia de lxs técnicxs agrónomxs en este colectivo no es lineal ni constante,
sino más bien intermitente, apareciendo en momentos particulares del proceso. Sin
embargo, su participación, en el marco de una organización gremial, resulta clave
para comprender la consolidación del equipo de productorxs-técnicxs. Tanto lxs
técnicxs como la estructura organizativa funcionan como catalizadores del proceso:
consolidan prácticas existentes, dotan de un lenguaje común a trayectorias diversas,
promueven estrategias colectivas y fortalecen el contacto entre quinterxs. La
dimensión organizacional, por lo tanto, no constituye la condición de posibilidad del
inicio de la transición agroecológica, pero sí emerge como un dispositivo estratégico
para su profundización y expansión.
Investigaciones previas han caracterizado a este grupo de orientación
“autonomista” (Reyes-Neuhauser, 2022), dado que ha tendido a restringir sus
vínculos con actores externos al grupo de productorxs y su representación gremial.
Esta dinámica, permite de alguna manera explicar la continuidad del equipo técnico
agroecológico incluso en un contexto adverso como el vigente en Argentina,
marcado por el retiro del financiamiento estatal. No obstante, más que un
crecimiento sostenido, lo que se observa es una tendencia de reconfiguración en sus
modos de acompañamiento. Si en 2020 el equipo de Co.Te.Po. acompañaba de
forma directa y continua a más de 60 quintas agroecológicas, en la actualidad ese
vínculo se encuentra disperso y mediado, principalmente, por la biofábrica
gestionada por la organización. Este espacio, aunque no favorece un seguimiento
personalizado unx a unx, sí sostiene un acompañamiento generalizado, centrado
especialmente en las etapas iniciales del proceso agroecológico: la iniciación y la
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experimentación, en las que pueden utilizarse biopreparados que se adquieren en el
local. En esa clave, actualmente se mantiene una red de vínculos activos, aunque
más fragmentada y con menor intensidad territorial. Esto pone en evidencia una
limitación concreta para sostener las transiciones en etapas posteriores como en el
rediseño de los agroecosistemas, donde se requiere mayor acompañamiento y
donde pueden surgir problemas específicos e imprevistos.
Las diversas trayectorias agroecológicas de dos
organizaciones de la agricultura familiar platense
El análisis comparativo de ambos casos habilita a identificar una serie de puntos en
común en torno a la conformación de espacios agroecológicos en el cinturón flori-
hortícola platense. En primer lugar, tanto el área de agroecología de la FRPA como
el Co.Te.Po. emergen dentro de organizaciones gremiales preexistentes. En ambos
espacios, los primeros actores en impulsar la transición fueron productorxs
acompañadxs por un técnico con trayectoria estatal previa (en un caso, un promotor
del Programa Cambio Rural y, en el otro, un técnico de la Secretaría de Agricultura
Familiar), lo que evidencia el rol inicial de ciertos agentes estatales con el sector
hortícola.
Un segundo punto compartido reside en las escenas de “convencimiento” que
marcan los inicios de cada proceso. Más que discursos persuasivos, lo que adquiere
centralidad son las demostraciones “in situ”: en el caso del área de agroecología,
cuando el técnico Felipe logra producir sin químicos en una parcela prestada sin
asistencia de productorxs; en el Co.Te.Po., cuando familiares y vecinxs observan
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que una hermana, una madre o una vecina cercana pueden producir de forma
agroecológica en su propia quinta. En ambos casos, la transición se apoya en una
pedagogía del ejemplo y la experiencia (Rosset et al., 2021), donde la comprobación
material pesa más que la argumentación abstracta. José, productor agroecológico
de la FPRA, nos resumía esta cuestión al contarnos que “siempre el paisano
mientras no lo vea en las reuniones no tenemos mucho éxito, si no vemos, no
creemos mucho […] al paisano no lo vas a convencer así”, entonces, cierra José,
que lo que hizo Felipe (técnico) al trabajar esa primer parcela fue que, “él venía a
trabajar, venía a surcar, a escarrilar, echaba sus purines, le ponía rabanito arriba del
surquito, a los costados puso remolacha y después sacó producción, de ahí que
nosotros tuvimos una buena experiencia, lo vimos y aprendimos” (comunicación
personal, junio de 2023)
Esta lógica se profundiza mediante el trabajo de prueba y error en las quintas
por parte de lxs productorxs, un proceso reiterado en ambos colectivos como
condición necesaria para afianzar el enfoque. La práctica de la agroecología en cada
quinta depende de cada familia, pero, en ambos casos, el diálogo a través de las
visitas y/o reuniones (más en el caso del área de agroecología de la FRPA) y las
relaciones de parentesco y la cercanía geográfica (en el caso de Co.Te.Po.) permite
la resolución de dudas, la atención frente a imprevistos durante la transición y la
transmisión de formas o métodos exitosos.
Asimismo, en los dos casos, un tercer punto de contacto tiene que ver con la
seguridad que empiezan a tener lxs productorxs acerca de las potencialidades de la
agroecología en la medida que atraviesan sus transiciones. Esta seguridad opera
una vez que lxs productorxs han logrado cierto avance en la transición y genera que
se multipliquen las experiencias exitosas a modo de demostración hacia otrxs
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productorxs. En esta reproducción operan tanto las redes vinculares de lxs
productorxs como así también las organizativas.
A pesar de estas coincidencias, los casos presentan divergencias en cuanto a
las características de sus transiciones agroecológicas, de allí que hablemos de las
diferentes trayectorias agroecológicas. En el caso del área de agroecología de la
FRPA, esta se da la tarea de apostar a las transiciones a partir de la articulación
entre productorxs y técnicxs militantes, con conexiones recurrentes con instituciones
externas como el INTA o la universidad. Este conjunto de articulaciones se inicia
consolidando un set básico de técnicas agroecológicas (Reyes-Neuhauser, 2024)
pero adicionando luego la experimentación propia tanto individual de cada familia
productora, así como colectiva, gracias a talleres y encuentros. Muchos de estos
aprendizajes están a disposición en cartillas y materiales formativos (Jurado
Rocabado et al., 2023; MTE Rural, 2019), conocimientos que son la base para
iniciativas como la Escuela Nacional de Agroecología de la FRPA, que busca
expandir a la agroecología hacia otras regiones del país.
En contraste, el caso del Co.Te.Po. revela un proceso de transición de
características menos articuladas con actores externos y fuertemente sostenido en
redes de parentesco, paisanaje y vecindad. Si bien hubo apoyos puntuales de
técnicxs estatales en momentos críticos, la trama que impulsa, sostiene y difunde la
agroecología es, ante todo, una infraestructura social local: madres e hijas,
hermanxs, cuñadxs, vecinxs y compañerxs de organización. En este entramado, las
figuras técnicas aparecen de manera intermitente y no definen la dirección del
proceso; sino más bien operan como dispositivos que amplían redes de paisanaje
preexistentes. Esta orientación más “autonomista” (Reyes-Neuhauser, 2022) explica,
en parte, la continuidad del equipo técnico popular en un contexto de retracción
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estatal, aunque, como vimos, también lleva a una desaceleración ante la falta de
financiamiento.
Para pensar estas trayectorias agroecológicas diversas, cuyo resultado son
distintas formas de atravesar una transición agroecológica, traemos a colación la
noción de rizoma, metáfora que nos remite a procesos no lineales, que no siguen
trayectorias predefinidas ni poseen un punto único de inicio o de llegada (Deleuze y
Guattari, 1980). Esta lectura desde los rizomas nos habilita una mirada microscópica
sobre las tramas que impulsan, o limitan, la posibilidad misma de la agroecología a
escala local. En ese sentido, podemos señalar que mientras el caso de la FRPA se
apoya en un rizoma que combina ensayos locales con fuertes conexiones
institucionales externas, el segundo despliega un rizoma basado en una
infraestructura social del territorio, parentesco, vecindad, paisanaje, cuya potencia se
sostiene en la proximidad y la confianza, aunque condicionado a la vez por la falta
de recursos.
Ambos modelos, sin embargo, muestran que la agroecología en el CFHP se
construye desde redes multiescalares, aunque la forma y la intensidad de esas
redes definen trayectorias diferenciadas de transición. En otras palabras, mientras
en el primer caso el rizoma se expande hacia afuera, articulando productorxs,
técnicxs militantes e instituciones públicas en una trama abierta, en el segundo el
rizoma se nutre de las redes de parentesco, el paisanaje y la vecindad, generando
una transición más localizada pero no menos potente.
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Comentarios finales: distintas trayectorias para pensar a
las agroecología(s)
A lo largo de estas líneas, hemos procurado aproximarnos a distintos recorridos
vinculados con las transiciones agroecológicas en un cinturón de producción
intensiva en fresco de hortalizas y flores. Tomamos por caso dos organizaciones de
productorxs flori-hortícolas: al área de agroecología de la Federación Rural para la
Producción y el Arraigo y al Consultorio Técnico Popular en Agroecología.
En función de lo observado en estos dos casos, encontramos que las
transiciones agroecológicas en el cinturón flori-hortícola platense adoptan una
compleja trama de relaciones entre actores. La yuxtaposición de ambos casos,
permite entrever que las transiciones agroecológicas dependen de la articulación de
entre actores e instituciones. La primera de las organizaciones, bajo una lógica de
mayor integración hacia lo interno de trabajo conjunto entre productorxs, técnicxs
militantes e instituciones, habilitó un proceso de co-construcción de conocimiento
entre los distintos saberes de cada uno de estos actores, siendo dicha articulación
fundamental para la transición. En el segundo caso, menos aperturista o
“autonomista”, se profundizan los lazos entre productorxs, en una dinámica más
cercana a la metodología campesinx a campesinx, donde son ellxs quienes
asumieron un rol central en la transición y en la generación de conocimientos. No
obstante, esta dinámica se sostiene también en la estructura organizativa y en la
formación técnica disponible, ya que sin dicho andamiaje institucional el cúmulo de
saberes agroecológicos habría quedado disperso.
Tal como señala Perez (2025) sobre reemplazar a la noción agroecología por
agroecología (s) para dar cuenta de la diversidad de experiencias existentes, para
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cerrar, consideramos fundamental continuar caracterizando las particularidades que
adoptan las transiciones agroecológicas en contextos de producción intensiva. Ello
implica alejarnos de miradas normativizadas, homogeneizadoras o románticas de la
agroecología, y avanzar hacia lecturas que recojan su historicidad, sus tensiones y
su anclaje cotidiano.
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Artículo recibido el 5 de agosto de 2025
Aprobado para su publicación el 26 de diciembre de 2025