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DOI: https://doi.org/10.48160/18517072re61.650
Técnicas de reproducción: engendrando
colonias en las tierras fiscales de Misiones
(Argentina)
Garbriela Schiavoni*
Resumen
El trabajo problematiza la noción de técnicas reproducción como mecanismo de
replicación, tomando como eje la multiplicación doméstica responsable del
poblamiento agrícola no-planificado de los frentes pioneros del nordeste de la
provincia de Misiones (Arg.),
Las sucesivas generaciones no replican la experiencia de sus antecesores,
sino que crean realidades nuevas, estabilizando configuraciones
suprafamiliares que actúan como estructuras de mediación. Con el fin de
esclarecer las operaciones en juego, se apela a la analogía vegetal, retomando
la discusión en torno al carácter relacional de la multiplicación vegetativa. Las
conclusiones subrayan que en ambos casos la técnica consiste en un proceso
de modulación antes que en la aplicación de un molde.
Palabras clave
ANTROPOLOGÍA DE LA TÉCNICA DOMESTICACIÓN - REPRODUCCIÓN
* Antropóloga. Universidad Nacional de Misiones. Conicet. Correo electrónico:
gabrielaschiavoni4@gmail.com
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Introducción
La reproducción ha sido considerada frecuentemente como un proceso de
replicación en el que los intermediarios son pasivos. Así, “nada se agrega con
la “re”—producción (…) La mayoría de las veces, el producto resulta totalmente
predicho por el progenitor” (Latour, 2008: 60,61). Asociada a la producción en
cantidad y a la fabricación en serie, la multiplicación se deriva de la aplicación
de un molde, o de la identificación de un mecanismo.
Mi argumentación desarrolla la noción de técnica en el sentido de
estructura transindividual de mediación a la que los humanos confían su
relación con el entorno,1 acompañándola de una concepción de la reproducción
como creación. De este modo, la multiplicación es un efecto de invenciones
constantes. La técnica media los procesos vitales y, del mismo modo que el
corte de vástagos o tubérculos crea generaciones2, las familias desgajan hijos
(generaciones) para crear colonias. La invención reproductiva consiste en una
operación de diferenciación orientada a la creación de un par procreador.
El caso que considero es el poblamiento agrícola no-planificado, una
estructura de larga duración en la provincia de Misiones. A diferencia de la
colonización, este formato de poblamiento se caracteriza por el hecho que los
núcleos agrícolas proliferan sin tener como causa la acción de organizaciones,
tales como el Estado o las empresas.
1 La técnica es una estructura transindividual de mediación, que conecta entidades que
conservan potenciales y virtualidad (Simondon, 2008).
2 El término generación alude tanto a la acción y el efecto de engendrar como a la sucesión de
descendientes en línea recta.
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Acudiendo al modelo tecnológico del tejido, diría que la ocupación
espontánea procede enmarañando sus propias fibras, mientras que la
colonización opera a partir de una urdimbre provista por una agencia externa
(el plano de mensura, la selección y adjudicación de parcelas por parte de una
empresa o siguiendo una planificación estatal).
Descripto frecuentemente como poblamiento espontáneo, este formato se
extendió en Misiones desde fines del siglo XIX, al principio sobre las tierras
fiscales de las sierras centrales, alcanzando en las últimas décadas (fines del
siglo XX y comienzos del XXI), la fracción nordeste del territorio, compuesta por
extensiones despobladas y de reciente incorporación a la sociedad regional,
revistiendo dinámicas de un frente pionero.
La expresión “poblamiento espontáneo” ha sido muy discutida por
soslayar los factores estructurales que impulsan el desplazamiento. La
presente contribución recupera, desde otro ángulo, el carácter no dirigido del
fenómeno con el fin de preservar el componente auto-generativo, despojándolo
al mismo tiempo de su matiz natural, ya que se lo considera una técnica: un
desvío al interior de un sistema de fuerzas que estabiliza gestos que
trascienden al sujeto.
En base al trabajo etnográfico que vengo realizando desde la década de
1980 en las “nuevas colonias” del nordeste de Misiones (departamento San
Pedro), analizo en términos de regeneración la multiplicación simultánea de
agricultores y colonias. El enfoque teórico que utilizo se apoya en las tentativas
de repensar el concepto de reproducción social, aproximándolo a la
procreación corporal, y tomando distancia con respecto al funcionalismo y al
marxismo. En este sentido, las nociones de replicación y generación ocupan un
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lugar destacado (Strathern, 2021). Asimismo, la analogía con los procesos
vitales de otras especies, como es el caso de la propagación vegetativa, es
utilizada para iluminar los formatos de multiplicación de los humanos (Taylor,
2001 y Rival, 2001).
Los datos que presento provienen de entrevistas realizadas a las familias
de los ocupantes durante las dos últimas décadas; la información que
contienen ha sido utilizada en contribuciones anteriores, de modo que la
argumentación actual constituye una re-interpretación, llevada a cabo a partir
de este nuevo enfoque teórico.
Mi descripción pone de manifiesto que dicho poblamiento constituye un
flujo propagado y regulado por particiones internas. La diferenciación de
generaciones, tanto de colonias como de agricultores, multiplica el
poblamiento. El núcleo inicial (colonia vieja o antecesores) y su
desprendimiento (colonia nueva, generación joven) constituyen un par
procreador que detiene la fluidez de la tierra en los frentes pioneros.
En el ejemplo que presentaremos, un núcleo inicial, situado en tierras
fiscales procreará, a lo largo de 40 años, cuatro colonias que irán avanzando
sobre las propiedades privadas aledañas. La ocupación agrícola sigue las
huellas dejadas por la explotación extractiva (yerbales naturales y bosques
nativos) y por los grupos indígenas. De este modo, los senderos abiertos en el
monte, los piques y las picadas3, si bien no producen un espacio estriado,
3 El origen de la palabra picada es tupi (verbo transitivo peká: abrir sin cortar) con el significado
de “camino estrecho abierto en el monte, bajo los árboles, sin cortarlos” (Navarro, 2013, p. 377).
El término será vulgarizado por la economía extractiva para aludir a un camino ancho, apto para
el tránsito de vehículos, que se abre en la selva.
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orientan las oleadas sucesivas de poblamiento, constituyendo, asimismo, una
dimensión significativa de las relaciones interétnicas. En efecto: “los paisanos
hicieron el trillo y por ahí entraron para hacer colono. Entonces ellos [la
comunidad guaraní] se salen” (dirigente Mbya, San Pedro, entrevista 2009).
La ocupación agrícola autogestionada, entonces, no se expande sobre
una tabla rasa sino que crece a través de pequeñas diferenciaciones que crea
con respecto a la territorialidad guaraní y a las marcas dejadas por la economía
extractiva.
El argumento que desarrollaré articula la reproducción de asentamientos
agrícolas con la multiplicación vegetativa de plantas. Se trata de una analogía
de forma, y no de una semejanza de contenidos (Ferret, 2014). Lo que enlaza
ambas realizaciones es un formato de acción determinado, que en el caso
analizado consiste en una operación de segmentación, que propaga un flujo a
través de una diferenciación.
Dominios
Las familias de ocupantes del frente pionero del nordeste de Misiones
subrayan el carácter “al margen”, clandestino, de la obtención de los predios. El
objetivo, sin embargo, es convertir la acción de habitar en una red manipulable
de derechos.
La noción de dominialidad, utilizada por Mura y Barbosa (2018) para dar
cuenta de la relación histórica que mantienen con los lugares los grupos
Kaiowa de Mato Grosso do Sud, introduce la dimensión doméstica del control
del acceso, informada en dicho caso por el carácter “itinerante radial” de las
técnicas de subsistencia (jeheka).
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El hecho que la dominialidad Kaiowa se plantee como una reacción frente
a la territorialización impuesta por el Estado, establece una diferencia con
respecto a la situación analizada aquí, si bien ambas tienen en común el
empleo de los desplazamientos domésticos como técnica de dominio.
La dominialidad de los ocupantes, entonces, solicita el englobamiento por
parte del Estado, cuyas dificultades para regular el poblamiento, en el caso de
Misiones, son reconocidas. En efecto: "la gente nos colonizó más rápido de lo
que pudo llegar el Estado (subsecretario de tierras de la provincia de Misiones,
diario El Territorio, Posadas, 17/9/00).
Entre los ocupantes agrícolas, el desplazamiento como técnica de
dominio actúa mediante la diferenciación de segmentos familiares que al re-
combinarse crean nuevos ensamblajes.
La multiplicación por fragmentación doméstica caracteriza también la
formación de las aldeas o tekoás de los grupos Mbya Guaraní de Misiones, de
acuerdo con una dinámica no encaminada hacia el logro de la propiedad y que
se encuentras ampliamente documentada (Cebolla Badie, 2016; Salamanca,
2012).
El desplazamiento de ocupantes no es efectuado por grupos de
parentesco ya hechos, sino que el parentesco se consolida, a través de una
relación de engendramiento entre las distintas generaciones mediado por la
tierra. El poblamiento autogestionado, entonces, no es obra de “distintas
generaciones de ocupantes” sino de “ocupantes de distinta generación”. La
invención reproductiva transforma la relación padre/hijo en una relación de
procreación.
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En este sentido, resulta anómalo que los hijos crecidos permanezcan
junto al padre, tal como se desprende de la observación que hiciera un
ocupante: "Carlos tiene todos los hijos con él y los mayores ya tienen barba!
Compró otra chacra, pero los muchachos siguen con él" (P. Luján, entrevista
2002) . El desplazamiento geográfico diferencia hijos (varones) en condiciones
de procrear. La posición familiar se modifica por los movimientos en el paisaje,
de modo que la tierra crea parentesco (Leach, 2004). En efecto, al
desplazarse, “otra sangre brota” (Leach, 2009); los segmentos desgajados se
activan como contrapartes, conformando junto al núcleo inicial una híper-
familia de colonias. Este parentesco entre asentamientos contribuirá a fijar a los
humanos a la tierra, a través del sinnúmero de prestaciones que ligan la
“colonia nova [nueva]” a la “colonia velha [vieja]”, “haciendo propiedad”
mediante un corte de red, evidenciado en la figura de la mejora4, que transmuta
la fluidez del habitar en derechos pasibles de ser reclamados.
Los ocupantes fiscales practican una agricultura de subsistencia
(mandioca, maíz, poroto y zapallo) y se insertan en el cultivo comercial a través
de contratos con empresas tabacaleras, que les proveen los insumos y les
compran la cosecha. A medida que el poblamiento se estabiliza, comienzan a
plantar yerba mate (perenne), transformando los antiguos rozados en potreros
para la cría de animales. Esta etapa coincide con el inicio de las acciones de
las agencias de desarrollo (ONG y dependencias estatales) que llevan a cabo
proyectos vinculados al autoconsumo y a la alimentación (grupos de mujeres),
o a la comercialización y elaboración de yerba y maíz (cooperativas, etc.).
4 Trabajo realizado sobre la tierra (plantaciones y construcciones) que constituye la fuente de
derechos sobre las tierras fiscales.
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El ciclo vital de una colonia tiene su correlato en las actividades
productivas y en el ciclo vital de las familias. Así, la colonia joven se aboca
generalmente a la actividad tabacalera, una producción trabajo intensiva que
puede recibir refuerzos de la colonia vieja, en la que los rubros productivos son
menos demandantes (yerbales, ganadería). La circulación de trabajo sostiene
el vínculo de inter-dependencia que liga a los asentamientos y el hecho que el
reemplazante de los genitores sea habitualmente el hijo menor permite
sostener las unidades productivas de los lugares de origen.5
El argumento que desarrollamos está centrado en las invenciones
domésticas que preparan el camino para que los poderes externos (Estado,
Iglesia, escuela) legalicen la propiedad.
Crear colonias
El Estado regularizó la ocupación doméstica en las tierras fiscales del nordeste
de Misiones en la década de 1980 mediante un sistema denominado Mensura
Particular (Decreto provincial Nº 2816, 28/08/1984), que delegaba el
ordenamiento del espacio público en convenios realizados entre particulares: el
agrimensor y los consorcios de ocupantes.
En 1990 estudié la conformación del primer consorcio de mensura
(denominado Paraje Luján, situado a 20 km de la localidad de San Pedro) y en
los años sucesivos (hasta 2021) fui siguiendo la constitución de las colonias
engendradas por éste, en este caso, ya sobre tierras privadas abandonadas de
5 Observé la práctica de adopción, por parte de los genitore, de nietos provenientes de las
colonias nuevas que se desempeñan como mano de obra de las unidades productivas en la
colonia de origen.
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los alrededores. Presentaré a continuación el ciclo vital de esta familia de
asentamientos.
Los comienzos del primer consorcio de mensura en la década de 1980
son narrados por un ocupante en los siguientes términos:
El marido de la directora [de la escuela] fue a Posadas y tocó ese tema.
Quería saber si era una propiedad, o si era fisco [tierra pública]. Y dijeron:
‘Es fisco, es una reserva, zona oscura [en el mapa oficial]. No vive nadie,
es solo tierra’. No, dijo él, ahí está lleno de gente. Llevó como un censo y
dijo hay tantas familias en ese predio. Dijeron: ‘No, si acá no figura nadie,
figura zona oscura. Vamos a ir a ver’. Ahí, vino la inspección y con eso se
armó el Consorcio Nº1 (ocupante, Paraje Luján, 2001)
Los agricultores que constituyeron este asentamiento provenían,
mayoritariamente, de las tierras fiscales de las sierras centrales de Misiones. El
desplazamiento hacia las nuevas tierras se había iniciado en 1973 y es narrado
en términos de familiarización:
Siempre un pariente va llevando al otro. Como acá [tierra fiscal], cuando
vinimos de Aristóbulo para acá vine yo y José [hermano], y después
vinieron todos los parientes y los primos, hasta vinieron los viejos,
vinieron todos. De nuestra familia quedó una hermana solo [en la colonia
de origen] (ocupante fiscal, Paraje Luján, 2001)
Paraje Luján se compone de tres picadas o senderos que cortan la ruta
Nacional Nº 14 [ver Imagen 1]; los asentamientos son designados de acuerdo
con los kilómetros de la ruta. Así, “el Once” es el poblamiento que se extiende
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hacia el interior del monte a partir del km 311 de la mencionada ruta, y así
sucesivamente figuran “el Dieciseis”, “el Deciocho”.
Imagen 1: Mapa de los desplazamientos en el área de estudio (Deptos.
San Pedro y Guaraní)
Fuente: Elaboración propia en base a catastro nacional (Argentina)
Actualmente Paraje Luján es “una colonia velha, hay pocos chicos en la
escuela, los jóvenes se van y quedamos solo los viejos” (agricultora ocupante,
P. Luján, entrevista 2019).
A fines de la década de 1990, algunos segmentos desprendidos de Paraje
Luján consolidaron el asentamiento vecino de Santa Rita, inciado por ex—
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obreros de una fábrica maderera del lugar. Santa Rita, a su vez, engendrará,
en sus proximidades, los asentamientos de Pedregullo, Jateí y Carobera.
Santa Rita está localizada en una superficie de 660 ha, que fuera
deslindada para la “Fábrica Terciada Paraíso S.R.L.”. El establecimiento se
incendió en 1975 y sólo permanecieron los trabajadores, asentados sobre
tierras públicas. En 1986 se creó el pueblo y una fracción de tierra fiscal
(excedente de mensura) fue declarada reserva aborigen. La última venta de
esta propiedad se realizó en 1988 y el titular denunció en 2001 la presencia de
ocupantes.
Con el apoyo de la pastoral social de la iglesia católica —recibido a
posteriori del dominio doméstico— los pobladores de Santa Rita lograron el
reconocimiento del poblamiento y la ocupación quedó enmarcada en la Ley
provincial de expropiación (Ley nº 4.093, sancionada en 2004). Años más
tarde, la tierra fue mensurada y las parcelas fueron vendidas a los pobladores a
un precio subvencionado.
El segundo predio privado, contiguo al Santa Rita, comprende una
superficie semejante y fue deslindado también de la propiedad Laharrague. La
titularidad corresponde a la empresa “Esencia Misionense S.A.” y los
pobladores identifican esta extensión con el nombre del apoderado (Da Motta),
aunque actualmente se generalizó la denominación Pedregullo, en alusión al
arroyo que la atraviesa. Este sector de tierra “fue loteado (mensurado) en
1946”. El titular fundó una empresa para destilar citronela (Cymbopogon
nardus), denominada “Esencia Misionense” que nunca se puso en marcha por
falta de agua y la tierra quedó abandonada. La adjudicación informal de
parcelas estuvo a cargo de un ex–empleado (titular de varios lotes) y la
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regularización se inició mediante convenios entre el empresario y los ocupantes
(Schiavoni y Gallero, 2017).
Santa Rita y Pedregullo constituyen vástagos del primer consorcio de mensura,
ya que fueron los hijos desgajados de esas familias quienes propagaron ese
poblamiento. Efectuado en fricción con la territorialidad guaraní, la detención
del flujo se basó en la acción de “trabajar la tierra” como fuente de derechos,
expresada en la presencia de mejoras.
El cacique de la aldea guaraní (Guavirá Poty) relata que su grupo arribó al
lugar en 1998, como un desprendimiento de otra aldea (Fracrán, distante a 50
km) y que se desplazaron hacia aquí porque se enteraron de que el Estado
había creado una reserva en el lugar (entrevista 2021).
La fluidez del poblamiento en los frentes pioneros hace que las parcelas
pasen por distintas manos. Uno de los pobladores de Pedregullo, explica: “Los
más antiguos entraron acá hace 30 años [en 1990] pero no quedaron. La tierra
no da para trabajar, no tiene agua. [Para] Muchos: es abrir, solo para vender y
salir” (ocupante, P. Luján, entrevista 2007).
Y, también: “Aquí las familias se mueven mucho, están un tiempo y ya se
van a otro lado”; “Siempre es así, recién en la tercera oleada se fija el
poblamiento” (agricultores, P. Luján, entrevista 2019). El comentario proviene
de un matrimonio asentado en las tierras fiscales del primer consorcio de
mensura, cuyos hijos desgajados están instalados en las colonias engendradas
en las propiedades aledañas. Otro ocupante, vinculado también a las familias
del primer consorcio de mensura, relata que está en Pedregullo desde 2005, y
que antes de él, la chacra tuvo diez moradores.
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En la constelación de asentamientos engendrados por el primer consorcio
de mensura, Santa Rita ocupa el lugar de “colonia adulta”, en virtud de haber
logrado la regularización de la ocupación, y el dirigente que participó en la
lucha por la tierra, asesora, como un padre, a los asentamientos más jóvenes.
Así, relata que aconsejó a los ocupantes de Pedregullo, en ocasión de
una reunión llevada a cabo por el tema de la tierra, señalando: “Vamos a
empezar con una escuela, dije. Encontraron raro. Ahí, uno donó un pedazo [de
tierra]. Les dije: empezamos con la escuela, después viene el camino, viene luz
eléctrica. La tierra viene 15 o 30 años después” (dirigente agrario, Santa Rita,
entrevista 2021)
Cuando los funcionarios estatales propusieron relocalizar este
asentamiento, el argumento en contra se basó en el corte de red efectuado por
las mejoras: “Están hace muchos años, hicieron convenio y pagaron. Esa gente
ya plantaron yerba!” (dirigente agrario, Santa Rita, entrevista 2021).
En otra propiedad privada, próxima a los asentamientos que vengo
describiendo, se encuentra Jateí (5 lotes parciales de 30 ha), otro
desprendimiento del primer consorcio de mensura. Los pobladores de Jateí
constituyen la primera generación de las familias de una de las picadas (“El
Once”) de dicho consorcio. Los efectos del parentesco entre ambos
asentamientos aparecen en el relato de uno de los pobladores: “El Once ayudó
mucho para la luz [conexión a la red de electricidad]. Hacíamos carreras de
caballos, rifas, riñas para juntar plata y la gente colaboraban. Casi todos los
que estamos acá somos del Once: Gularte, Espíndola, Opichani” (ocupante,
Jateí, entrevista 2019).
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Impulsada por la generación joven (‘la gurisada’), la ocupación de la
propiedad se efectuó con el visto bueno de las autoridades locales; la madre de
uno de los ocupantes relata: “El intendente les alentó como gurisada, pero
después no autorizó que bajen la luz. Cuando hicieron el corte de ruta, fuimos
a apoyar y le pregunté a un concejal si había solución. Le dije: ‘Tengo mi hija,
mis sobrinos que están trabajando y van a quedar sin nada’ ” (agricultora, P.
Luján, entrevista 2019).
El que inició el poblamiento y comercializó las mejoras en Jateí fue un tal
Saúl: “El se mandó, agarró y cortó. Gustaba de cortar chacra, venía y cortaba”
(dirigente agrario, Santa Rita, entrevista 2021).6
En la génesis de este asentamiento se encuentra una propiedad privada
que fuera repartida en ocasión de la muerte del dueño. Según el relato de uno
de los ocupantes: “Aparentemente la gente eran peón del propietario, y el tipo
falleció y la viuda mandó que ellos queden con la chacra, que se repartan”
(ocupante, Jateí, entrevista 2014). Sin embargo, “Los que sacaron, que se
metieron, ninguno está. Somos de tercera, de cuarta mano” (ocupante, Jateí,
entrevista 2014).
Otro ocupante, también proveniente de una familia del primer consorcio
de mensura, refiere: “Estoy viviendo acá, hace 5, 4 años [desde 2009], compré
de otro, tercera mano ya” (ocupante, Jateí, entrevista 2014). Interrogado acerca
de la extensión de la parcela, responde: “Tenemos que medir, porque yo le
6 Jateí es el nombre guaraní de una abeja sin aguijón (T.fiebrigi) que construye su nido en el
interior de los árboles, a gran altura, haciendo que haya que talarlos para acceder a los
panales. El iniciador del poblamiento, según relatan, perseguía nidos de jateí que lo
impulsaban a talar árboles.
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vendí 10 ha a mi hermano menor. Es grande [el lote]. Se va lejísimo para allá.
Medimos 10 ha. para él y el resto es mío. Somos tres hermanos que estamos
aquí” (ocupante, Jateí, entrevista 2014).
El otro asentamiento que forma parte de la constelación familiar
engendrada en torno a Santa Rita es Carobera.7 Las primeras noticias de este
asentamiento las obtengo en 2007, a través de los relatos de los hijos de
ocupantes que se refieren al lugar como “una zona para sacar chacras”.
Ubicada en una ruta que cruza transversalmente el territorio de Misiones,
desde las sierras de San Pedro hacia la costa del río Paraná, son tierras
linderas a la propiedad de la empresa Alto Paraná (forestaciones de pinos para
celulosa), próximas a una reserva indígena y cercanas a los asentamientos que
vengo describiendo.
Conocida actualmente como “Los Fernández”, se trata de una veintena de
familias de las proximidades entre las cuales se cuentan dos hermanos que le
dan nombre, que llegaron en 2012, provenientes de la zona de San Vicente
(depto. Guaraní), donde habían sido vecinos de unos pobladores de Santa
Rita, que también migraron desde allí. Junto a sus hijos adultos, los Fernández
conforman un conjunto de siete chacras.
El ciclo reproductivo de Santa Rita se cierra de manera inusual. En una
visita reciente que realicé a la colonia [2021], la esposa del dirigente agrario ya
mencionado me recibe con el comentario: “No sabés, la nueva aldea que se
formó” (agricultora de Santa Rita, entrevista 2021). El término aldea remite en
7 En 1896, Ambrosetti (2008) menciona el pozo de la carobera en el trayecto de Piray a San
Pedro. Los editores del libro aclaran que se refiere a la caroba (Jacaranda micrantha), árbol
reputado medicinal y de cuya presencia los baqueanos están siempre advertido.
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la provincia a la territorialidad guaraní (las unidades residenciales son las
aldeas o tekoá). La mujer estaba haciendo referencia a la ocupación de un
yerbal comunitario de 15 ha, incluido en la expropiación realizada en ocasión
de la fiscalización de la tierra, orientada a regularizar la tenencia. La ocupación
fue llevada a cabo por 23 familias, matrimonios jóvenes formados por hijos de
agricultores de Santa Rita. Relata que “invitaron a entrar en la tierra” a los
vecinos y parientes y así se formó una nueva comunidad (entrevista, 2021).
Su marido, el dirigente agrario, explica: “Nosotros [los progenitores] ya
hace unos cuantos años que estamos con el Plan de arraigo [2004], pero viste
los jóvenes, se va formando, es como un hormiguero” (dirigente agrario, Santa
Rita, entrevista 2021).
El grupo está integrado mayoritariamente por las hijas, yernos y sobrinas
de este dirigente. Una de las jóvenes relata: “La gente critica porque dice que
es de Xico y su familia, pero sólo la familia te responde. Cuando invitamos para
entrar en la tierra nadie se animaba” (agricultora ocupante, Santa Rita,
entrevista 2021). El agrupamiento es denominado “Las quintas”, porque se
compone de lotes pequeños (parcelas de 1 ha de superficie). El hecho que las
dinámicas domésticas aparezcan filiadas a sujetos particulares y que las
generaciones desprendidas del núcleo inicial estén conformadas por mujeres
otorga un carácter singular a estas dos últimas realizaciones, rasgo que
retomaremos más adelante.
Criar plantas
La analogía entre el poblamiento espontáneo y la reproducción vegetativa,
esclarece el carácter auto-generativo y centrífugo de las dinámicas
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domésticas.Ampliamente practicada por los grupos indígenas sudamericanos, la
reproducción vegetiva plantea el problema de la multiplicacion sin mediación de
una acción fecundante.
La capacidad generativa limitada de los vínculos entre idénticos (el
tubérculo y sus secciones) fue señalada por Taylor (2001) a propósito de la
multiplicación de mandioca y de la relación de cría, tomando en cuenta el
hecho que las mascotas amansadas no se reproducen. Rival (2001) ofreció un
argumento en contra, advirtiendo que la noción de clon, sustentada por ciertos
grupos, difiere de la idea de réplica y de falta de creatividad. El amansamiento,
a su vez, conserva un potencial generativo, expresado en la apropiación, por
parte de los humanos, de las vitalidades de otras especies (Costa, 2016: 92).
En este sentido, la multiplicación, aún la vegetativa, supone la co-
producción de humanos y plantas, vinculados entre sí por procesos de
familiarización. La domesticación entendida como familiarización (Fausto, 2002;
Fausto y Neves, 2018) constituye una técnica de multiplicación basada en la
constitución de familias de humanos y no-humanos, ya sea con fines de
procreación o de neutralización de la predación.8
El vínculo de cría da cuenta de este engendramiento conjunto, señalando
que la capacidad procreativa de las plantas, el hecho que creen algo más que
ellas mismas, es favorecida por la acción de los humanos. De este modo, la
multiplicación vegetativa no se configura como una replicación sino como una
procreación: los segmentos deprendidos del tubérculo son sus hijos, de
8 La apelación ritual a las entidades sobrenaturales dueñas de las distintas especies, aún en el
caso de las domesticadas, señala el carácter co-producido de la agricultura.
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acuerdo a una formulación en la que “el tubérculo es la madre y el horticultor es
el padre”(Coupaye, 2013: 40).
Entre los Krahô (Morim, 2017), los tubérculos que crecen a lo largo de las
raíces de batata se consideran hijos de la planta madre. Las mujeres que se
abstienen de tener relaciones sexuales y de consumir ciertos alimentos
después de plantar batata, co-producen dichos tubérculos. La planta madre es
considerada “ generatriz” y la cultivadora es la “madre de cría”. La definición
conformación de contrapartes interespecie resulta de operaciones semejantes
a las que adaptan un cónyuge imperfecto a la pauta ideal, descriptas a través
de la noción de remendar (Maizza, 2014: 494 ).
La disposición relacional está señalada por la relevancia de la seducción
en el establecimiento de los vínculos de cría (tanto de batatas, como de niños y
animales de estimación; Maizza, 2014; Morim,2017; Coupaye, 2013).
Asimismo, la posibilidad de que, entre los humanos, los padres de crianza se
conviertan en suegros (como ocurre entre los Krahô), subraya el componente
intersexual del vínculo de cría.
De este modo, los tubérculos, como las colonias, se multiplican a partir de
un corte diferenciante, que en el caso de las plantas constituye un evento
producido por los humanos, al seccionar partes del tubérculo y emplearlas
como mudas.
A diferencia de lo que sugieren las etnografías de batatas y ñames de
Amazonia (Rival,2001; Morim,2017 ; Maizza, 2014) y de Melanesia (Coupaye,
2013), la creación de contrapartes plantas no aparece claramente formulada
como ténica reproductiva entre los ocupantes fiscales que venimos analizando.
Aún así, la aptitud procreativa de las plantas es vista como fruto de la cría o
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relaciones de conocimiento mutuo entre los humanos y los vegetales. Los
esquejes y las semillas están filiados a personas, que saben “que la planta da”,
en virtud de una frecuentación prolongada, pero que muy raramente involucra
el cuerpo de los cultivadores.9
La condición de guacha (huérfana)10 atribuida a aquellas especies “que
nacen sin que alguien las haya plantado”, sugeriría que en el caso de las
cultivadas, el agricultor es el padre.
Semillas (y vástagos) son producidos por los propios agricultores, e
incluso aquellas de origen tecnocientífico (tales como las semillas provistas por
las empresas tabacaleras) son re-familiarizadas, “acriolladas”, por los
productores,que las multiplican por su cuenta. Así, una mujer ocupante relata:
“Hacemos tabaco criollo, es [variedad] burley pero con semillas hechas por
nosotros. Eso te da más peso” (Jateí, entrevista 2019).
La importancia de la relación de cría, del vínculo interespecie entre
humanos y plantas, surge del comentario de un agricultor acerca de los
injertos. Relata:
El suegro hace injertos de citrus, pero ahora no podés vender porque
está todo certificado. Es mejor como hace el suegro, porque él injerta
plantas que están en producción, que vos sabés que dan. En cambio,
con esas plantas del invernáculo, vos no conocés la planta (agricultor,
San Pedro, entrevista 2016).
9 Las prohibiciones mencionadas están referidas exclusivamente a las mujeres menstruantes e
incluyen no cosechar (yerba mate, frutillas, etc.) ni preparar mudas.
10 Guacho: Se usa en Argentina y Uruguay. Dicho de una planta cultivada: Que nace sin ser
sembrada. Del quechua Wakcha: Pobre, huérfano, desamparado, sin familia; Cerrón-Palomino,
Rodolfo, Quechua Sureño Diccionario unificado, Lima, Ed. Biblioteca Nacional del Perú, 1994.
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Asimismo, la autoproducción de semillas de yerba mate por parte de los
agricultores es frecuente, por más que el Estado promueva la
homogeneización de las variedades mediante viveros certificados. Un ocupante
relata: “Busco las semillas en un yerbal viejo, porque como corto mi yerba, no
me da semilla. Lo mejor es la yerba señorita, hoja chica, no cae la hoja. Menos
semilla, pero mejor” (ocupante, Santa Rita, entrevista 2016).
Algunos ejemplos provenientes de la lengua guaraní colonial de la región
ponen de manifiesto la existencia de vínculos de procreación entre los
humanos y las plantas. El uso de la partícula de negación asociada al término
madre a continuación del nombre de la especie (jety sy’e’ỹ , batata sin madre;
mandi’og sy’e’ỹ, mandioca sin madre) es documentado por Montoya con el
significado “pedacillo de raíz que quedó en la tierra, cuando arrancaron la
mandioca o la batata” (Montoya, 2011: 516). La falta de progenitores
evidenciada en estas expresiones alude a la autónoma, sin participación de los
humanos, asociada al fenómeno de la cosecha incompleta: los órganos de
reserva de ciertas especies – maníes y batatas, por ejemplo – permanecen en
la profundidad del suelo, favoreciendo su propagación.
A su vez, las variedades silvestres de batata y ñame gozaban de la
condición de madre generadora entre los guaraníes del Alto Paraná, a
principios del siglo XX, recibiendo las designaciones de djety tupasy (batata
madre o batata silvestre) y de carasi (ñame silvestre) (Müller, 1989:72).
Asimismo, los viveros forestales de especies nativas instalados durante la
última década en las aldeas Mbya Guaraní de la provincia son nombrados
mediante la expresión Yvyra ra’y oîa (el lugar donde están los hijos de los
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árboles), subrayando con el lazo filial el carácter innovativo del cultivo de
especies no domesticadas por los indígenas.
La relevancia de la cría, expresada en la conformación de familias,
también se manifiesta en la multiplicación de las asociaciones de mujeres
rurales. Así, el proceso organizativo opera mediante la familiarización de las
participantes. Como relata una de ellas: “Cuando uno empieza ahí, ya forma
como una familia (…) Tenía una mamá, que era la presidenta” (agricultora, San
Pedro, en Schiavoni, 2014: 342). La relevancia de la familiarización también se
evidencia en el caso de un ocupante que fue conformando un vivero de árboles
nativos, en el que trabaja con su mujer e hijos. Relata: “En el nombre del vivero
(La Familia), hay dos familias: mi grupo familiar y entre los árboles también es
todo una familia”. (ocupante, San Pedro, en Schiavoni, 2024: 277).
Cuando las tendencias centrífugas de la familiarización experimentan un
principio de centralización, tiene lugar un deslizamiento hacia la dependencia
con respecto a un sujeto, y emerge la relación de maestría, expresada en la
figura del dueño (dono-mestre) con sus seguidores afiliados, que ha sido
descripta en las sociedades indígenas amazónicas (Fausto, 2008; Costa,
2016), evocando la propiedad privada y la asimetría. Así, por ejemplo, la
autogestión del poblamiento entre los Trío de Guyana está asociada a una
persona magnificada: “Las aldeas reciben el nombre de y ‘pertenecen’ a sus
fundadores o ‘dueños’ ” (Brightman, 2010, 145-46).
La deriva hacia ese formato aparece también en los grupos de mujeres
rurales, en los que las madres organizadoras (dos bigwoman) controlan la
dinámica de la parte y el todo, inhibiendo la formación de cortes o puntos de
crecimiento. Así, una ex-—integrante afirma: “nos separamos porque una de
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las señoras dijo que si nosotros formábamos un grupo aparte no podía ser
parte del grupo. O sea, que no quería que la gente crezca” (mujer agricultora,
P. Luján, en Schiavoni, 2014: 343).
En este sentido, la autogestión que describimos, motorizada por cortes
diferenciantes que crean pares procreadores, representa una tendencia
centrífuga de la acción colectiva. La propiedad no está asociada a la
emergencia de personas magnificadas, sino que es fruto de la regeneración
continua de colonias. El conjunto así constituido, la hiper-familia de
asentamientos, no se configura como una entidad, ni el núcleo inicial se asume
como dueño o padre de las colonias nuevas. Aún así, el germen de la relación
de dueño podría desarrollarse en las realizaciones más recientes, en las que la
formación de los nuevos poblados está referida a sujetos particulares (“Los
Fernández”, o la aldea del dirigente agrario).
Conclusiones
A lo largo de estas páginas he considerado la reproducción social como un
proceso de procreación, aproximándola a los fenómenos vitales y tomando
distancia con respecto a la concepción que la equipara al funcionamiento de un
mecanismo. Aún así, mi análisis estuvo encaminado a identificar estructuras de
mediación entre los humanos y su entorno que permitieran dar cuenta de la
propagación del poblamiento. La aparente contradicción entre estos dos
objetivos se resuelve si consideramos la técnica como un proceso continuo de
adquisición de forma que ocurre a través de una modulación y no por medio de
la aplicación de un molde.
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En las dinámicas analizadas, la operación de base es la segmentación
que actúa diferenciando un flujo, mediante el corte de chacras en la tierra
(fiscal o en propiedades despobladas) o desprendiendo fragmentos familiares
que engendran familias nuevamente. A semejanza de lo que ocurre con la
multiplicación vegetativa, las partes seccionadas constituyen un par provisto de
disposiciones relacionales que al combinarse crea algo más que ellos mismos.
La invención reproductiva consiste en el corte y la recombinación procreativa.
La figuración de esta operación en términos generacionales (colonia velha
y colonia nova), y no de género, probablemente esté asociada a las
características de la agricultura de roza y quema, en la que la capacidad
procreativa (la fertilidad de la tierra) es función de la edad.
La analogía que sustenta mi interpretación asocia el crecimiento de los
asentamientos agrícolas con el de los vegetales cultivados, de acuerdo a una
conceptualización de la domesticación como familiarización, que otorga
preeminencia a la noción de cría y neutraliza el componente de dominación
unilateral de los humanos presente en la concepción estándar.
Reencontramos, entonces, la misma operación: la segmentación que crea
pares que permiten el armado de una familia interspecie, en la que la acción
humana expresada en el corte los convierte en procreadores, junto con las
plantas.
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Artículo recibido el 4 de agosto de 2025
Aprobado para su publicación el 23 de diciembre de 2025