Redes. Revista de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología 62 (2026)
www.revistaredes.unq.edu.ar
Revista Redes
ISSN: 0328-3186 ISSNe:
1851-7072
1
REDES
Revista de Estudios Sociales de la Ciencia y
la Tecnología
Un balance historiográfico de la química en América
Latina: los nexos entre ciencia, nación e industria
durante los siglos XIX
-
An historiographical account of chemistry in Latin America: the links
between science, nation, and industry through 19th and 20th
c
enturies
.
Sebastián Albán-
Maldonado 1
ORCID: 0009-0008-3594-8738 s.alban1@uniandes.edu.co
Ana María Ulloa
Garzón1
ORCID: 0000-0003-2621-1116 a.ulloag@uniandes.edu.co
(1) Departamento de Antropología, Universidad de los Andes, Colombia.
Palabras clave
Resumen
Química
America Latina
Historia de la
Ciencia
Historia Social
Historiografía
Relación
ciencia-
industria
Este artículo presenta una revisión bibliográfica sobre la historia de la química
en América Latina entre los siglos XIX y XX. Desde la década de 1990, varias
investigaciones de corte socio-histórico han ampliado la comprensión sobre
las condiciones de formación de una comunidad científica moderna y los
procesos de configuración de la química como disciplina científica
diferenciada y autónoma. En esta revisión se presentan los aportes de los
diferentes estudios en torno a tres problemas: 1) La incorporación de la
química en las esferas productivas de la vida nacional y su participación en
la construcción de los Estados modernos; 2) Los procesos de
institucionalización y profesionalización de la disciplina; 3) Las relaciones e
intercambios entre la industria y la química en el desarrollo científico desde
la disciplina. Con la aproximación a estos tres elementos queremos llamar la
atención sobre la importancia de acercarnos a la historia de la química para
entender las dinámicas de la tecnociencia contemporánea y los caminos de
investigación que se abren para explorar las relaciones entre ciencia,
tecnología, industria y sociedad.
Keywords
Abstract
Chemistry
Latin America
History of
Science
Social History
Historiography
Chemistry-
Industry
Relationship
This article presents a bibliographical review of the history of chemistry in Latin
America between the 19th and 20th Centuries. Since the 1990’s, socio-
historical research has expanded our understanding of the conditions that
shaped the formation of a modern scientific community and the processes
through which chemistry emerged as a differentiated and autonomous
scientific discipline. In this review, we focus on gathering the contributions of
the different studies around three main issues: 1) the incorporation of
chemistry into the productive spheres of national life and its role in the
construction of modern states; 2) the processes of institutionalization and
professionalization of the discipline; 3) the relationships and exchanges
between industry and chemistry in the development of the field. Through this
analysis, we seek to highlight the importance of engaging with the history of
chemistry to better understand the dynamics of contemporary technoscience
and to hint at new research directions for studying the relationships between
science, technology, industry, and society.
Información del
artículo
DOI: 10.48160/18517072re62.564
Recibido: 29/04/2025
Revisado: 31/10/2025
Aceptado: 29/03/2026
Publicado: 01/06/2026
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Introducción
Resulta difícil pensar el mundo moderno sin los productos de la química.
Sin embargo, a pesar de ser una de las ciencias con mayor impacto en nuestra
vida diaria, la química no ha gozado de la misma reputación ni despierta un
interés comparable al de las ciencias exactas, la biología o la medicina. Dentro
de la historia y la filosofía de la ciencia, la química ha ocupado una posición
relativamente marginal, a pesar de –o quidebido a– su papel central en los
procesos de industrialización (Beretta, 2011). Su condición de “ciencia impura”
(Bensaude-Vincent y Stengers, 1993; Bensaude-Vincent y Simon, 2020), que la
sitúa en una relación compleja con una amplia variedad de prácticas industriales
y tecnológicas que amenazan la salud del medio ambiente, ha hecho que,
aunque los productos químicos aparezcan en una diversidad de estudios
sociohistóricos, sean comparativamente escasas las investigaciones dedicadas
a la química como ciencia experimental autónoma. No obstante, precisamente
su naturaleza ambigua, así como las grandes variaciones sobre su imagen social
y sus cambiantes afinidades y tensiones desde el siglo XVIII hasta la actualidad,
hacen que su estudio desde de las ciencias sociales resulte particularmente
necesario.
La historia de la química no es solo de interés para sus practicantes y
estudiantes. Además de estar dedicadas al estudio de su trayectoria como
disciplina académica, las investigaciones de historia de la química también están
motivadas por estudios epistemológicos, filosóficos y sociológicos de la ciencia
de carácter más general (Bertomeu Sánchez y García Belmar, 2006). El estudio
de la historia de la química ha promovido y reconfigurado debates sobre el
concepto de “revolución científica”, el lugar del laboratorio, los instrumentos y la
práctica experimental en la producción de la ciencia, el estudio de sustancias
materiales, la relación entre lenguaje, clasificación y objetos epistémicos, la
formas de comunicación en la ciencia, el estudio de controversias científicas, la
fabricación de productos híbridos entre naturaleza y sociedad, el rol del
conocimiento tácito, entre otros temas. Durante las últimas décadas, su estudio
ha iniciado un periodo de consolidación y renovación en múltiples espacios
académicos y en conexión con campos tan diversos como los estudios sociales
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de la ciencia y la tecnología, historia ambiental, historia industrial, educación,
geografía, antropología, etc. (Suay-Matallana y Bertomeu Sánchez, 2017).
Comparado con la producción europea y norteamericana, en América
Latina el panorama de los estudios sociales e históricos sobre la química es más
reducido y desparejo. No ha habido mucha investigación sobre la historia de
comunidades y sociedades químicas específicas y, al principio, el interés por su
historia ha sido jalonado más por los llamados “químicos-historiadores” (Rusell,
1988); profesionales que se han interesado por el desarrollo, la identidad y la
enseñanza de su disciplina. Sin embargo, para nuestra sorpresa, haciendo una
revisión de literatura sobre la historia de la química en la región encontramos un
número de estudios considerable que si bien se han realizado de manera
intermitente y aislada ofrecen un rico panorama que vale la pena sintetizar y
sistematizar. En particular, identificamos agendas de investigación consolidadas
alrededor de la historia social de la química como campo científico, que han sido
impulsadas por los aportes de historiadores de la ciencia –entre ellos, varios
químicos– como Patricia Aceves en México, Gabriel Matharan en Argentina, Ana
María Alfonso-Goldfarb y Marcia M. H. Ferraz en Brasil y Hebe Vessuri en
Venezuela.
A parte del esfuerzo puntual de estos autores, desde la década de 1990
han surgido centros y grupos de investigación que han fomentado una mayor
diversificación teórica, temática y temporal para el estudio de la química. El
Centro Simão Mathias de Estudios de Historia de la Ciencia (Cesima) de Brasil;
en México la Red de Intercambios para la Historia y la Epistemología de las
Ciencias Químicas y Biológicas (RIHECQB), grupo que reunía a investigadores
enfocados en el estudio histórico de estas disciplinas en América Latina y
Europa; en Colombia el proyecto Historia social de la ciencia en Colombia, que
congregó a un grupo de interdisciplinar de especialistas en diferentes campos de
la ciencia, son muestras de un interés, si bien intermitente, por comprender el
desarrollo de la química y sus procesos de institucionalización y
profesionalización en contextos periféricos diversos. Por tanto, consideramos
que estas iniciativas constituyen un espacio de reflexión sociohistórica sobre la
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química como profesión con amplias oportunidades investigativas y de desarrollo
regional colaborativo.
En esta revisión de la literatura nos decidimos concentrar en aquellos
estudios que abordan la formación de una comunidad científica moderna y los
procesos de configuración de la química como disciplina científica diferenciada
y autónoma en países latinoamericanos, entre los siglos XIX y XX. Nos
enfocamos en estudios que muestran procesos de coproducción entre la
química, el Estado, la nación, y la industria. El periodo abarca desde mediados
del siglo XIX, cuando el orden republicano regional adquiere mayor ímpetu y
diferentes sectores sociales impulsan el fortalecimiento estatal, el crecimiento
urbano y la participación en la economía de mercado (Matharan, 2019), hasta la
formación de la química como disciplina autónoma y orientada no solo a la
docencia sino también a la investigación en el transcurso del siglo XX.
Identificamos tres ejes centrales sobre los cuales varias investigaciones
han centrado su interés, y que responden a diferentes etapas del desarrollo de
la química en América Latina. Primero abordaremos la incorporación de la
química en diferentes esferas productivas de la vida nacional y su participación
en la construcción de los Estados modernos y sus nociones de desarrollo y
progreso durante el siglo XIX. Segundo, nos concentraremos en los procesos de
institucionalización y profesionalización de la disciplina, así como la
reconfiguración de sus fronteras desde finales del siglo XIX hasta la segunda
mitad del siglo XX. Y finalmente, hablaremos de las relaciones e intercambios
entre la industria y la química para impulsar su desarrollo científico desde la
segunda mitad del siglo XX.
Los temas elegidos están estrechamente imbricados al hacer parte de los
mismos procesos. Sin embargo, aun cuando la química como “ciencia útil”
siempre ha estado atada a versiones de progreso y explotación, su
involucramiento se manifiesta de manera distinta según las condiciones
históricas particulares de cada país. Pese a que hay similitudes en los procesos,
el desarrollo de la química en la región no ha sido homogéneo, sino que cada
país tiene un desarrollo temporal distinto contingente a sus condiciones sociales,
culturales, políticas y económicas. Como enfatizan algunos de los estudios que
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aquí reseñamos estos procesos de desarrollo de la disciplina no responden a la
sucesión de un orden teleológico, sino que presentan rupturas, discontinuidades,
y disputas.
Así mismo los tres ejes temáticos señalados ni agotan los aportes
generados, ni abarcan todos los temas tratados en el conjunto general de la
literatura producida sobre la historia de la química en América Latina. No han
sido contempladas otras aproximaciones históricas que se han interesado por
cuestiones como la circulación de conocimientos químicos durante el periodo
colonial, la formación de profesionales y metodologías para la enseñanza de la
química o la introducción y circulación de tecnologías, teorías, procesos y
productos químicos, pues consideramos que desborda el marco temporal y
temático que hemos organizado para encuadrar nuestro acercamiento a la
literatura.
Esta revisión responde a un interés de los autores, un historiador y una
antropóloga, por situar las preocupaciones principales de la historia de la química
en la región, con especial atención a las relaciones de la química con la industria
y la forma como esta ciencia sale del laboratorio y se inserta en la sociedad. Por
tal razón, se ha enfatizado en estudios que de manera directa e indirecta
examinan la imagen social de la química como una disciplina útil para la nación,
su industria y progreso. La química ha mantenido un vínculo estrecho con la
industria, tanto así que Ursula Klein (2005) la define como una ciencia productiva
en el sentido literal, y nunca una práctica científica pura. Sin embargo, como
escribe Homburg, “existen muchas historias de la industria química, pero muy
pocos estudios sistemáticos que retraten las relaciones cambiantes entre la
química y la industria.” (Homburg, 2018: 567). Con esta revisión entonces
también queremos identificar temas poco trabajados que conciernen a la relación
de la química con la industria y la economía y ameriten de mayor estudio no solo
historiográfico sino también etnográfico.
Ideas de progreso, modernización y formación del
Estado moderno
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En América Latina, el estudio sobre la llegada y apropiación de la química
experimental moderna a inicios del siglo XIX, y de su posterior
institucionalización y profesionalización, ha estado ligado a los proyectos
concomitantes de consolidación del Estado moderno y la circulación de ideales
de progreso de las naciones. Esta conexión atraviesa desde las primeras
historias de la química escritas por químicos hasta los estudios sociohistóricos
recientes. En este apartado nos centraremos en los estudios que hablan sobre
la llegada de la química a América Latina, el papel de los químicos extranjeros y
el lugar de la disciplina en la formación de los Estados-Nación y sus industrias.
En el siguiente, profundizaremos en la forma como la química ya convertida en
profesión– se presenta como un eslabón fundamental en el progreso y
modernización de las naciones.
Los primeros relatos, elaborados por químicos-historiadores, proyectan una
imagen de la química vinculada a los valores modernos de la objetividad, la
experimentación y la predictibilidad, que son indispensables para el desarrollo
económico de las naciones (Grünwaldt, 1966; Herrero,1912; Osorio, 1985;
Prado, 1965). En estos relatos se exalta la adopción de modelos educativos e
institucionales provenientes de Alemania, Francia e Inglaterra –potencias
científicas e industriales para finales del siglo XIX– como medio para impulsar el
progreso nacional. Para estos autores, los primeros químicos no solo aportaron
a la construcción de conocimiento sino que fueron, ante todo, forjadores de
nación. La química y sus precursores fueron presentados como pilares de
políticas educativas, económicas y sanitarias, así como de las bases
institucionales –creación de laboratorios oficiales y escuelas de formación
profesional– que favorecieron la implementación de dichas políticas durante el
periodo republicano.
Como manifiestan Kreimer y Vessuri (2018), las historias disciplinares de
esta naturaleza fueron un recurso de los químicos-historiadores para impulsar la
legitimación de su campo disciplinar ante un público general y delinear una
identidad para los participantes actuales y futuros de la química. Cuando dichas
representaciones de la química como propulsora del progreso no se
correspondían con las exiguas condiciones de industrialización experimentadas
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por algunas de las naciones latinoamericanas en el siglo siguiente, algunos de
estos relatos tendieron a explicar este rezago como el resultado de la ausencia
de condiciones sociales y culturales necesarias para una efectiva incorporación
y aplicación de los conocimientos europeos (Kreimer y Vessuri, 2018).
En reacción, desde la década de 1980 surgieron estudios sociohistóricos
que ampliaron el enfoque, atendiendo a factores políticos, sociales, económicos
y culturales que incidieron en la apropiación de la química europea (Aceves,
1989; Alfonso-Goldfarb y Ferraz, 1990; Vessuri y Safar, 1983). Estos estudios
rechazan las lecturas históricas fundamentadas en un marco interpretativo
teleológico y de corte difusionista, y en su lugar, proponen un análisis situado de
cómo se configuraron los espacios de producción de conocimientos químicos en
medio de procesos de reformulación del entramado político-administrativo
colonial, cuyo objetivo fue incrementar la productividad económica en el último
cuarto del siglo XVIII. Estos estudios otorgan mayor visibilidad a los científicos y
conocedores locales de la química, quienes, con base en su experiencia y su
educación no institucionalizada, entablaron relaciones de negociación y
cooperación con expertos europeos para movilizar sus propios intereses
(Aceves, 1989, 1992; Alfonso-Goldfarb y Ferraz, 1988, 1990).
El escenario escogido para observar estos intercambios fue el de las
primeras cátedras de química, promovidas por autoridades imperiales con el
objetivo de capacitar a funcionarios coloniales para la explotación de recursos
naturales y la ejecución de políticas administrativas. Estas primeras cátedras se
impartieron en escuelas oficiales donde la química moderna fue concebida
inicialmente como conocimiento auxiliar para el desarrollo de campos como la
metalurgia, la mineralogía, la farmacia, la medicina y la botánica. En México,
Aceves (1989, 1992) muestra cómo la apropiación de los postulados teórico-
metodológicos de Lavoisier fue central en la formación de expertos coloniales
entrenados para impulsar el reconocimiento y explotación de recursos naturales.
En Brasil, Alfonso-Goldfarb y Ferraz (1988, 1990, 1992, 1994, 1999) documentan
el despliegue de una química práctica vinculada al fortalecimiento de las
capacidades técnicas, administrativas y económicas requeridas para la
constitución del nuevo imperio brasilero. Santos y Filgueiras (2011)
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complementan la aproximación de sus colegas con el estudio sobre la
constitución del primer curso regular de química en la Academia Real Militar. Sin
embargo, como presentaría posteriormente Maar (2018), recién con la llegada
del geoquímico Claude Henri Gorceix a finales del siglo XIX y la fundación de la
Escuela de Minería de Ouro Preto, comenzó a impulsarse una verdadera faceta
científica de la química. Finalmente, en la Argentina, Matharan (2014, 2016a,
2018, 2019) establece que el ingreso de la química moderna se dio conforme a
la determinación de las autoridades coloniales de formar oficiales médicos para
mitigar los problemas sanitarios derivados de la intensificación del comercio de
ultramar.
Otros trabajos analizan la expansión de la química experimental moderna
tras la ruptura de los vínculos políticos que sostenían el orden colonial y que
dieron paso a la emergencia y consolidación de las repúblicas independientes a
lo largo del siglo XIX. Según estas investigaciones, la movilización de principios
utilitaristas y positivistas impulsó la circulación de la química experimental en las
repúblicas latinoamericanas en ese siglo. Con la apropiación de estas matrices
conceptuales, se gestó una definición de modernidad en la que el avance de las
sociedades se asoció a la adquisición de conocimientos útiles para potenciar la
constitución de los Estados-Nación. Para el caso de la química moderna, esta
fue incorporándose a proyectos de formación de la nación que buscaban
objetivos como: intervenir y ejercer control sobre las condiciones de vida y el
comportamiento de los ciudadanos (Alfonso-Goldfarb y Ferraz, 1988; Azuela,
1994; Matharan, 2014, 2015, 2016b, 2019; Schifter y Aceves, 2016); realizar
labores de reconocimiento, clasificación y producción de materias primas
(Alfonso-Goldfarb y Ferraz, 1990; Azuela, 1994; Beretta 2019; Chamizo y
Gutiérrez, 2010; Santos, 2004; Santos, Pinto y Alencastro, 2000; Schifter y
Aceves, 2015; Urbán y Aceves, 2001) y educar al personal local –ingenieros,
farmaceutas y médicos– para dirigir campañas e instituciones estatales para la
explotación de las riquezas naturales identificadas (Aceves y Wade, 1994;
Alfonso-Goldfarb y Ferraz, 1990, 1999; Azuela, 1994; León, 2016; Maar, 2018;
Matharan, 2014, 2015, 2016b, 2017, 2018, 2019; Medan, 2019; Schifter y
Aceves, 2015; Urbán y Aceves, 2001).
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Estas investigaciones señalan tanto continuidades coloniales como
dificultades y rupturas que marcaron el desenvolvimiento de estos programas de
modernización. Por un lado, destacan la persistencia de esquemas conceptuales
coloniales en las políticas e instituciones creadas para promover la
modernización de las naciones independientes a lo largo del siglo XIX. Por
ejemplo, para el caso del Colegio de Minería de México, Aceves y Wade (1994)
exaltan la continuidad de su estructura curricular, de su planta docente y –en
general– de la centralidad de la explotación minera como actividad preferencial
para el sostenimiento económico tras la declaración de la independencia. Para
el caso de Brasil, Alfonso-Goldfarb, Ferraz y Waisse (2021) muestran un
desarrollo restringido y un acceso limitado a las instituciones educativas y
científicas, debido a los condicionamientos políticos, económicos y culturales
fijados por la administración imperial a lo largo del siglo XIX. Por otro lado, estas
investigaciones identifican discontinuidades en las políticas científicas y la
fragilidad económica y material de las instituciones creadas para la promoción
de la investigación, especialmente durante la segunda mitad del siglo XIX. Bajo
estas condiciones, la circulación y aplicación de la química moderna se vio
limitada pues, ante la imposibilidad de profundizar en su faceta experimental, sus
conocimientos fueron reducidos a un conjunto de enunciados teóricos
abstractos. Así lo manifiestan Chamizo y Gutiérrez (2010) para el caso mexicano,
donde las precarias condiciones materiales y pedagógicas que sustentaban la
enseñanza de la química en la Escuela Nacional Preparatoria obstaculizaron la
implementación de principios experimentales y prácticas de laboratorio. En
Brasil, Santos (2004) describe las tensiones políticas y económicas que
conllevaron a la precipitada clausura del primer Laboratorio Químico-Práctico
fundado en Río de Janeiro como parte de la estrategia imperial para fortalecer
sus capacidades administrativas y económicas. En Argentina, Lértora Mendoza
(1995) muestra que si bien las élites científicas concebían a la química como
conocimiento ilustrado, no hubo correspondencia cognitiva e institucional para
su despliegue en términos prácticos.
Otro aspecto importante de incorporación de la química como conocimiento
de Estado durante el siglo XIX fue la llegada de científicos extranjeros. En efecto,
algunos estudios han advertido sobre la vinculación de un considerable número
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de químicos europeos como colaboradores del Estado en escuelas, laboratorios,
museos e industrias oficiales; en general, en instituciones creadas para fortalecer
el entramado administrativo estatal. Por ejemplo, en el caso de Argentina,
Matharan (2018) presenta la trayectoria de los farmacéuticos Charles Murray,
John J. Kyle y Miguel Puiggari, así como los químicos alemanes Max Siewert y
Friedrich Schickendantz, que ocuparon múltiples cargos en instituciones
estatales pero se los reconoce especialmente por su labor en la enseñanza de
la química. En Brasil, están los casos de los químicos europeos Daniel Gardner,
Francisco Vieira Goulart, Wilhem Milchner, Henri Gorceix, entre otros, quienes
fueron contratados por la administración imperial ante la necesidad de impulsar
la formación de farmacéuticos, médicos e ingenieros locales, así como la
creación de laboratorios para el análisis de recursos naturales susceptibles de
ser explotados (Maar, 2018; Santos, 2004; Santos y Filgueiras, 2011; Santos,
Pinto y Alencastro, 2000).
Algunos estudios examinan cómo estos “eruditos viajeros” (Vessuri, 1994)
usaron sus redes para avanzar en sus intereses personales –intelectuales,
profesionales, económicos–, accediendo a infraestructuras locales de
investigación públicas o privadas. Por ejemplo, en Argentina, Matharan (2018)
plantea la llegada de los “primeros químicos” como fruto de su interés por
satisfacer aspiraciones profesionales, económicas y políticas particulares, más
que producto del esfuerzo estatal por promover la integración de la química como
saber de estado. Estos trabajos en su conjunto presentan un vínculo indisociable
entre la circulación y apropiación de conocimientos químicos, la configuración de
un orden social asociado al modelo de Estado-Nación y la construcción de
discursos de progreso afincado en la consolidación de industrias eficientes.
Siguiendo la propuesta de Homburg (2018), esta perspectiva que aborda de
manera integrada estos elementos advierte sobre la configuración de órdenes
estatales modernos y la constitución de unas tradiciones científicas como
dominios en constante coproducción.
Procesos de institucionalización y profesionalización de
la química
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En la historiografía de la disciplina, se ha considerado que el vínculo entre
la química y la búsqueda del progreso mediante la industrialización fue el
elemento catalizador de los procesos de institucionalización y profesionalización
de esta ciencia entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Estos procesos
abarcaron el surgimiento de escuelas, facultades, sociedades científicas y
asociaciones profesionales de química; la creación de programas de enseñanza
y currículos, así como la definición de fronteras entre la química y disciplinas
cercanas como la farmacéutica o la ingeniera química.
Las primeras historias sobre la creación de estas instituciones fueron
elaboradas en su mayoría por egresados o personal vinculado a ellas. Estos
recuentos históricos se caracterizan por su tono hagiográfico, en el que el
ascenso institucional y disciplinar se atribuye al esfuerzo de un selecto grupo de
precursores comprometidos con la producción de conocimientos al servicio del
progreso de la nación (Grünwaldt, 1966; Herrero, 1912; Prado, 1965; Rheinboldt,
1956). En las historias provenientes de Brasil, Colombia, Venezuela y Uruguay
se destaca la participación de científicos europeos en la creación de los primeros
programas profesionales. A estos químicos se les reconoció como promotores
de modelos institucionales y educativos en los que la investigación y la
experimentación fueron concebidas como pilares de la identidad disciplinaria. En
ese sentido, aquellos primeros programas de química se consideraron
escenarios indispensables para establecer las bases técnico-científicas
necesarias para el crecimiento económico y para integrar teorías y metodologías
más avanzadas.
Estos relatos también asumen un carácter fundacional. En general, asocian
el nacimiento de los primeros programas profesionales con la proclamación de
una identidad definida, diferenciada y autónoma, en la que el origen de la química
como disciplina científica se presenta como presagio de modernidad y progreso.
Esta postura no conlleva necesariamente al desconocimiento de escenarios y
antecesores cuya labor había favorecido la circulación de la química moderna.
No obstante, representa un momento de estabilización institucional y cognitiva
que garantizaba la producción de conocimientos y tecnologías adaptadas a los
estándares de las ciencias modernas.
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Las versiones de progreso promovidas por las élites políticas y científicas
de principios del siglo XX se reflejaron en el papel protagónico asignado a las
escuelas de química para impulsar la producción industrial y la autonomía
económica de las naciones latinoamericanas. Para aumentar las exportaciones
y reducir la dependencia de insumos y manufacturas importadas, se requería
personal capacitado para ampliar y hacer más eficientes las industrias
nacionales. En este contexto, la creación de cursos aislados de química
industrial, seguidos por programas profesionales de química, adquirió especial
relevancia. Estos cursos respondían a la necesidad de formar expertos
calificados para liderar industrias y aplicar nuevas tecnologías para el aumento
y diversificación de la producción.
Desde la década de 1980, nuevas aproximaciones al desarrollo institucional
de la química fueron introducidas por historiadores-químicos o historiadores
interesados en la historia y sociología de la ciencia. Estos enfoques revisaron
críticamente el surgimiento y desarrollo de las denominadas primeras escuelas
profesionales, rechazando las narrativas autocontenidas y proponiendo entender
la institucionalización y profesionalización como procesos complejos que
remitían a temporalidades más amplias, más allá de trazar un inicio fundacional
protagonizado por un grupo de talentosos expertos locales e internacionales
plenamente cohesionados y homogéneos.
Una primera línea de estudios se distancia del análisis de los programas
profesionales del siglo XX para centrarse en las condiciones de introducción y
circulación de conocimientos y prácticas de la química experimental moderna
desde inicios del siglo XIX (Aceves, 1989, 1992; Alfonso-Goldfarb y Ferraz, 1988,
1990, 1994, 1999; Santos, 2004, 2005; Santos y Filgueiras, 2011; Santos, Pinto
y Alencastro, 1998, 2000). Estos trabajos analizan la instalación de cátedras para
funcionarios coloniales y la creación de laboratorios dedicados al análisis
químico de recursos naturales, prestando especial atención a los intercambios y
disputas entre expertos locales y extranjeros.
Un segundo grupo de literatura se enfoca en las estrategias de
demarcación y diferenciación entre farmacéuticos y químicos desde finales del
siglo XIX hasta mediados del siglo XX. La química, desde sus inicios, ha
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negociado su identidad y jerarquía en relación con disciplinas vecinas (Matharan,
2019). Estas investigaciones profundizan en las disputas y arreglos establecidos
principalmente entre médicos, farmaceutas y químicos por el control de la
enseñanza y la práctica de la química. En ese escenario, la conformación de
sociedades científicas, la organización de espacios de discusión y la creación de
publicaciones especializadas fueron estrategias utilizadas por los expertos
químicos en algunas localidades para reclamar legitimidad social y política sobre
su labor científica y profesional.
Sobre este asunto, en México los trabajos de Martínez, Aceves y Morales
(2007) y Schifter y Aceves (2016) muestran como a principios del siglo XX, y
luego de un largo proceso de negociación de fronteras entre disciplinas afines,
los farmacéuticos se desligan de la medicina y forjan una nueva identidad como
químicos. En Argentina, Matharan (2016) también identifica la formación de una
identidad híbrida entre farmacia y química como recurso empleado por los
farmacéuticos para garantizar su autonomía cognitiva e institucional frente al
saber médico. En Colombia, el estudio de Silva (2011) sobre Antonio García
Banus, químico español reclutado para crear la primera carrera profesional en la
Universidad Nacional de Colombia, muestra la pugna en la que se vio inmerso
este académico extranjero con los farmacéuticos locales sobre cómo debía
llevarse la enseñanza e investigación el área de la química. Para el caso de
Venezuela, Vessuri y Saffar (1983) presentan un escenario similar de
distanciamiento entre farmaceutas y un reducido grupo de químicos quienes
reivindicaban autodeterminación cognitiva e institucional.
Un tercer grupo de investigaciones se centra directamente en los procesos
de institucionalización y profesionalización de la química a través de la creación
de programas profesionales en la primera mitad del siglo XX (para Argentina,
Matharan, 2014, 2015, 2016, 2016a, 2017, 2018, 2020; para México, Aceves y
Martínez, 2008; Garritz et al., 2013; Schifter, 2018; para Brasil, Alfonso-Goldfarb,
Ferraz y Waisse, 2021; Carvalho, 1995; Filgueiras, 1996; Mesquita y Soares,
2011; para Uruguay, Borkenztain et al., 2005; Martínez, 2007; para Colombia,
Cubillos, Poveda y Villaveces, 1993; Silva, 2011; y para Venezuela, Vessuri y
Safar, 1983). Estos trabajos han mostrado cómo la vocación industrial de la
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química, junto con su utilidad para el aparato estatal, fueron fundamentales para
fundar escuelas consagradas exclusivamente a la enseñanza de la química. De
nuevo, dicha orientación se alineaba con los propósitos de modernización
nacional, industrialización y el fortalecimiento de las economías nacionales
(Faria, 1997; Kleiche-Dray y Casas-Guerrero, 2008; Magalhães, Câmara y
Almeida, 2008; Osorio, 1985, 1990; Poveda, 1993, 2002; Santos, Pinto y
Alencastro, 2006; Schifter y Aceves, 2015; Silva, Santos y Alfonso, 2006). Con el
tiempo, fueron apareciendo nuevas líneas de investigación con la transformación
de estas escuelas en facultades y departamentos universitarios. En estos nuevos
escenarios, se busorientar el desarrollo de la disciplina hacia la producción de
conocimientos científicos ajustados a las condiciones y necesidades locales,
implicando así una distinción entre la investigación científica y la aplicación
técnica.
Otro elemento común presentado por estos estudios es el encuentro con
diferentes culturas químicas europeas. Las investigaciones muestran para este
periodo a manera de continuidad la implementación de iniciativas estatales y
privadas que buscaban generar condiciones institucionales y cognitivas
adecuadas para la adaptación de modelos europeos. Las vías exploradas para
el establecimiento de dichos intercambios fueron básicamente dos: una, que
consistió en contratar asesores científicos extranjeros para establecer
programas profesionales universitarios –predominante en Brasil, Colombia,
Uruguay y Venezuela (Alfonso-Goldfarb, Ferraz y Waisse, 2021; Borkenztain et
al., 2005; Cubillos, Poveda y Villaveces, 1993; Martínez, 2007; Silva, 2011;
Vessuri y Safar, 1983); y otra, centrada en aprovechar los científicos formados
localmente o en el extranjero caso atípico de México y Argentina (León, 2018;
Matharan, 2018).
Estas investigaciones revelan que, aunque la orientación industrial fue un
paso clave hacia la institucionalización, el proceso estuvo marcado por
inestabilidades y tensiones. De modo que, encarando las complejidades
desatendidas por los relatos internalistas, estos trabajos analizan de forma
localizada los aspectos sociales, políticos y económicos que condicionaron la
profesionalización de la química como una negociación constante entre actores
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locales e internacionales. Así, por ejemplo, para el caso de Colombia, las
investigaciones presentan la creación del primer programa profesional de
química en la Universidad Nacional de Colombia en 1938 como un proceso
fragmentado e inestable, cuyo desarrollo estuvo mediado tanto por intereses
profesionales y perspectivas políticas antagónicas, como por flaquezas
institucionales y limitaciones materiales (Cubillos, Poveda y Villaveces, 1993;
Morales, 2017; Silva, 2011). En Venezuela, Vessuri y Safar (1983) acuden al
caso de la Sociedad Venezolana de Química para presentar un serie de
iniciativas institucionales truncadas, fruto de la incompatibilidad entre los
intereses profesionales, políticos y económicos de los grupos interesados en el
desarrollo científico de la química.
Finalmente, nuevas investigaciones han abordado el impacto de las
desigualdades y disputas internas en las comunidades científicas sobre los
procesos de institucionalización, en especial durante la segunda mitad del siglo
XX. En Colombia, Morales (2017, 2019) analiza la participación de las mujeres
científicas en estos procesos a través del caso de la química Dora Türk Molano.
Lo mismo ha hecho León (2011) para México con el caso de la presencia de la
química Amparo Barba en la academia y la industria en la primera mitad del siglo
XX. Franco (2019) emplea un análisis bibliométrico para estudiar la articulación
de comunidades químicas en Colombia y su capacidad de integración en el plano
internacional y Luna (2018) explora tensiones en el Departamento de Química
de la Universidad Nacional tras el rediseño curricular de 1983.
Por último, en las últimas dos décadas se ha publicado un considerable
número de textos que retratan la organización de las primeras sociedades
científicas, los primeros programas profesionales, la organización de los
primeros posgrados, la constitución de centros académicos y de grupos de
investigación de múltiples subespecialidades de la química en varios países.
Estos trabajos se caracterizan por su propósito predominantemente divulgativo,
conmemorativo o testimonial en los que se recogen las experiencias de
personajes vinculados a estas instituciones como fundadores, directores,
docentes, investigadores y exalumnos (Airoldi, 2008; Brocksom, 2007; Bucay,
2001; Contreras, 2001; Espinola, 2007; García-Colín, 2001, 2010; Gázquez,
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2010; Gómez, 2010; Juaristi, 2010; Mateos, 2001; Mateos y Garritz, 2009;
Mendoza et al., 2001; Miramontes, 2001; Nascimento y Braga, 2019, 2021;
Osorio, 2009; Padilla, 2001, 2009; Pawlicka, Berci y Curvelo, 2000; Quéré, 2009;
Rojas-Hernández, Ramírez-Silva y Galano, 2009; Rosales, 2010; Solorza, 2010;
Tamariz, 2001). Como señalan Kleiche-Dray y León (2013), los testimonios
presentados por los científicos en estos textos constituyen un material valioso
para profundizar la comprensión de las condiciones de definición y legitimación
de esquemas normativos, organizacionales y cognitivos en la diversificación de
la actividad científica de la química en cada contexto nacional. Una consideración
similar formulan Alfonso-Goldfarb, Ferraz y Waisse (2019), quienes ven
posibilidades de investigación en este campo a partir de la integración de
metodologías provenientes de la historia oral. Para estas investigadoras
acercarse a las narrativas de los precursores de la química permite detallar las
experiencias personales que incidieron en las trayectorias de la
institucionalización de la disciplina, así como las representaciones históricas que
se producen para dar cuenta de este proceso.
Con estos trabajos se presenta la constitución disciplinar de la química
como un proceso dinámico, donde los esquemas cognitivos, modelos
institucionales y órdenes sociales no son elementos que se producen de manera
paralela, sino que son moldeados en la intersección entre discursos políticos,
intereses económicos y convicciones intelectuales particulares. En efecto, la
definición de la química como un campo autónomo y plenamente diferenciado
remite a un amplio rango de disputas y negociaciones en el que se inscriben
trayectorias de conocimiento que se distribuyen entre lo local y lo global. Sin
embargo, en la lucha por entablar un dominio sobre la producción de
conocimiento y su legitimidad profesional, con el tiempo se hizo una escisión
cada vez más profunda respecto a las formas, los actores y los lugares en donde
la química es practicada. La cuestión, como veremos en el siguiente apartado,
es central para comprender cómo la industria ha influido en la definición de la
química como campo científico.
La industria y el desarrollo científico de la química
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Como se ha mostrado, la historiografía de la química se ha concentrado en los
procesos de introducción, circulación e institucionalización de la química
moderna, así como en su articulación con proyectos de fortalecimiento estatal y
consolidación de capacidades tecnocientíficas indispensables para el
crecimiento económico local. No obstante, son pocos los estudios que analizan
las interacciones entre academia e industria en relación con el desarrollo
científico de la química durante el siglo XX. Esta omisión resulta particularmente
llamativa, dada la estrecha relación que históricamente se ha presentado entre
los procesos de industrialización y la institucionalización de la química en
América Latina. Incluso, algunos químicos consideran que esto está relacionado
a que la investigación y el desarrollo tecnocientífico es más afín a los modelos
institucionales y culturales de las universidades y centros de investigación, que
a los intereses y los esquemas organizacionales de las industrias (Cubillos,
Poveda y Villaveces, 1993).
A pesar de la prevalencia de dicha lectura, desde inicios de la década de
1990 –y con mayor ímpetu a partir de la década del 2000– un grupo reducido de
historiadores comenzaron a prestar mayor atención a los intercambios entre
científicos y las industrias químicas en América Latina a lo largo del siglo XX. Si
bien estos estudios no se centran en el papel de la industria como agente del
desarrollo científico, permiten identificar diversas formas de colaboración entre
químicos y empresas del sector. En un principio, la orientación de estos estudios
fue mayormente descriptiva e ilustrativa, pero con el tiempo se han integrado
perspectivas que buscan comprender las condiciones sociohistóricas que
posibilitan tales interacciones.
Un eje común entre estos estudios es el análisis de las industrias de
carácter estatal surgidas a lo largo del siglo XX sobre industrias de carácter
privado. En esta línea, se han documentado experiencias como la del sector
petroquímico oficial como espacio de producción e intercambio de conocimientos
tecnocientíficos en el marco de proyectos para la consolidación de la autonomía
económica nacional (Kleiche-Dray y Casas-Guerrero, 2008; Martinez, 2007;
Matharan, 2013; Matharan y Feld, 2016; Vessuri y Arvanitis, 2001).
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Matharan (2013) y Matharan y Feld (2016) destacan a Yacimientos
Petrolíferos Fiscales (YPF) como un caso emblemático de cooperación entre
industria y academia en la Argentina, mientras que Kleiche-Dray y Casas-
Guerrero (2008) vinculan el desarrollo institucional de la investigación científica
en México con la nacionalización petrolera de 1938. De forma similar, Vessuri y
Arvanitis (2001) examinan la consolidación de una comunidad científica en
Venezuela a través de programas de posgrado en catálisis impulsados por
acuerdos de cooperación con Francia. En contraste, Martínez (2007) muestra
cómo en Uruguay la relación academia-industria ha sido fragmentaria y
contingente a intereses político-económicos cambiantes.
Además de los estudios sobre industrias estatales, otros trabajos han
examinado industrias ligadas a las vocaciones productivas nacionales y a
sectores específicos. Para el caso de Colombia, Poveda (1993, 2002)
documenta el fortalecimiento de industrias químicas asociada a textiles,
alimentos, y combustibles como resultado de políticas de fomento para encarar
el desabastecimiento provocado por la Segunda Guerra Mundial. En Brasil, Faria
(1997, 2007) analiza la formación de centros de investigación en química de
productos naturales orientados a la explotación agroindustrial. Por su parte, en
Uruguay, Lewowicz (2016) destaca el papel de la multinacional Liebig’s Extract
of Meat Company Limited (LEMCO) en la introducción de tecnologías químicas
industriales desde el siglo XIX.
Aunque valiosas, estas aproximaciones se han limitado a presentar una
sola cara de la moneda –académica o industrial– y no han atendido al registro
de prácticas de colaboración científica que efectivamente resultaron en la
producción e intercambio de conocimientos ajustados a los intereses de ambos.
Un número más reducido de investigaciones ha examinado casos
concretos de cooperación científica entre industria privada y academia. Destaca
el caso del Laboratorio Syntex en México, donde se desarrollaron
investigaciones sobre la síntesis de hormonas esteroides a partir del barbasco –
una variedad de tubérculo mexicano– con fines farmacéuticos. León (2003)
muestra cómo Luis E. Miramontes y Marcelino García Junco, investigadores
vinculados al Instituto de Química de la UNAM y al Laboratorio Syntex,
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impulsaron redes de colaboración transnacional que resultaron en la producción
de la píldora anticonceptiva. Posteriormente, recurriendo a un análisis
bibliométrico, Hernández-García, Chamizo, Kleiche-Dray y Russell confirman
esta dinámica al establecer que el aumento en los indicadores de productividad
tecnocientífica –cantidad de publicaciones, citas y registro de patentes– estuvo
vinculado a la configuración de un modelo industrial de colaboración científica
que se plasmó en los avances reportados entre el Laboratorio Syntex y diversas
instituciones académicas mexicanas (Hernández-García et al., 2015).
En síntesis, aunque la relación entre ciencia e industria ha sido poco
estudiada en el caso de la química latinoamericana, los trabajos existentes
muestran que tales interacciones pueden convertirse en núcleos importantes de
desarrollo tecnocientífico. Esto no implica asumir que dicha relación sea
automáticamente beneficiosa para la ciencia, sino que debe entenderse como
resultado de procesos complejos, mediados por intereses múltiples y por
condiciones sociales, económicas y culturales específicas. Aun así, la mayoría
de los estudios revisados se concentran en experiencias promovidas desde el
Estado. Es necesario ampliar la mirada hacia otros tipos de arreglos
institucionales en los que las industrias privadas hayan desempeñado un papel
más protagónico.
Conclusiones
Durante las últimas cuatro décadas los estudios sociohistóricos de la química en
América Latina experimentaron un crecimiento significativo. Sin embargo, su
desarrollo continúa siendo marcadamente desigual e intermitente pues su
sostenimiento se ha dado principalmente en Brasil, México y Argentina, en parte,
gracias a las iniciativas de un conjunto de universidades, centros de investigación
y científicos sociales puntuales involucrados en proyectos editoriales
destacados. En otros países de la región, como Uruguay, Colombia y Venezuela,
aunque existen antecedentes importantes e indagaciones posteriores con
aproximaciones innovadoras, su desarrollo ha sido más esporádico y, en
dimensión, mucho menos numerosa. Conforme a esta situación, en este trabajo
nos enfocamos en examinar las trayectorias investigativas más consistentes y
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de mayor recorrido, así como aquellas que en los últimos años han buscado
retomar y revitalizar los estudios históricos de la química en América Latina.
En la literatura examinada se evidenció que la química en los distintos
contextos locales y en diversas condiciones de posibilidad, adquirió relevancia
en los proyectos para la consolidación de las bases económicas, sociales y
políticas de los países latinoamericanos estudiados entre el siglo XIX y el siglo
XX. En términos generales, los estudios referenciados en este trabajo orientaron
su atención a comprender cómo la química se integró y se desarrolló desde
diferentes escenarios de aplicación a los proyectos de modernización estatal y
fortalecimiento industrial. El aporte general de estos trabajos se concentra en
exponer la densidad de estas relaciones a través de la participación de múltiples
actores, la organización de redes de intercambio complejas y los rangos de
negociación en la definición de identidades profesionales, científicas e
institucionales que entrañaron la movilización de estas prácticas y conocimientos
en cada localidad.
El énfasis historiográfico en seguir el desarrollo de la profesionalización de
la disciplina y su institucionalización en la región puede ser complementado con
la incorporación de nuevos enfoques teóricos y metodológicos. Por un lado, el
concepto de coproducción (Jasanoff, 2006) puede ser movilizado para explorar
no solo como la química ha respondido a su contexto sino la forma como su
desenvolvimiento produce ordenes sociales sustentado en arreglos
institucionales, intercambios académicos, y redes personales. Este enfoque
permite analizar ciencia y sociedad como elementos constituyentes el uno del
otro y dejar de lado la dicotomía entre historias internalistas e historias
externalistas. De igual forma, bajo el enfoque del ensamblaje se pueden realizar
estudios comparados que trasciendan la escala de lo nacional, y se explore como
afirma Matharan (2019) cómo la química es simultáneamente una empresa
local/nacional e internacional. En la historiografía producida hasta el momento
se destaca la atención otorgada a los itinerarios de expertos europeos como
movilizadores de conocimientos, metodologías e instrumentos para el
fortalecimiento de las infraestructuras de investigación y prácticas de
experimentación en los casos de los países aquí abordados. No obstante, el
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acercamiento a estas experiencias se ha centrado en observar su participación
en el desarrollo de la química en órdenes nacionales concretos, dejando de lado
las posibles articulaciones producidas como resultado de su movilidad a través
de diferentes países de la región.
Para esto es importante incluir nuevas aproximaciones metodológicas y
retomar la propuesta de Kleiche-Dray y León (2013) y de Alfonso-Goldfarb,
Ferraz y Waisse (2019) que busca visibilizar otras trayectorias en el desarrollo
de la disciplina a través de recursos como la historia oral para –por ejemplo–
profundizar en el estudio de las condiciones de producción de los arreglos
institucionales asociados a la industria o resaltar aspectos informales o afectivos
ligados a la producción científica que raramente aparecen en los registros.
Sumado a esto vemos una oportunidad para estudios de laboratorio de
corte etnográfico que detallen cómo se produce el conocimiento químico en la
práctica, el lugar de las materialidades y la forma cómo los químicos conducen
sus experimentos, toman decisiones, forman escuelas de investigación,
negocian significados, forman aliados y se relacionan con sus objetos de
investigación, entre otros. Esta aproximación no ha hecho parte integral de los
estudios de la ciencia en América Latina y es importante para visibilizar las
condiciones particulares y las asimetrías de poder en las que se produce ciencia
en nuestros contextos. En América Latina, los laboratorios están estrechamente
relacionados con agendas gubernamentales, proyectos internacionales de
desarrollo y agencias multilaterales que contribuyen en la definición de los
objetos de investigación. Un enfoque etnográfico puede contribuir a resignificar
la forma como los nexos entre Estado, ciencia e industria operan en la práctica.
En particular, consideramos que los estudios sociales sobre la química
moderna –una ciencia que combina el conocer y el hacer en su práctica– son
fundamentales para entender las relaciones cambiantes que se tejen entre
academia e industria. Como ciencia del hacer, la química expresa con claridad
las lógicas de la tecnociencia contemporánea y la manera como las fronteras
entre ciencia, tecnología e industria se vuelven cada vez más porosas (Shapin,
2008). Su desarrollo se manifiesta no solo dentro del laboratorio universitario y
el ámbito de las publicaciones científicas, sino también en gran parte de las
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cosas que nos rodean. Por tanto, debemos fijarnos no solo en lo que los químicos
dicen y escriben, sino también en lo que hacen (Rocke, 2018).
Por último, es necesario resaltar algunos temas que no fueron atendidos
en esta revisión pero que, sin lugar a duda, constituyen oportunidades de
indagación centrales para ampliar la comprensión sobre los procesos de
profesionalización e institucionalización de la química como disciplina científica
en América Latina entre finales del siglo XIX y buena parte del siglo XX. Primero,
aunque existen trabajos dedicados a analizar las políticas educativas y
estrategias pedagógicas desarrolladas para la enseñanza de la química en
México (Chamizo, Garritz y Kleiche-Dray, 2008; Chamizo y Gutiérrez, 2010; León
y González, 2019) y Brasil (Mesquita y Soares, 2011; Pawlicka, Berci y Curvelo,
2000), esta es una línea que ha sido muy poco explorada en el resto de los
países aquí tratados. En las investigaciones reconocidas identificamos un vacío
importante relacionado con el estudio de las materias y las materialidades
vinculadas a la enseñanza experimental de la química. Pese a que en los
estudios históricos sobre la química se menciona la centralidad del laboratorio
para su institucionalización como disciplina científica, solo algunos contados
estudios en Argentina (Matharan, 2015), México (León, 2016) y Brasil (Alfonso-
Goldfarb, Ferraz y Waisse, 2021; Santos, 2004) han profundizado en el rol de
instrumentos, sustancias, objetos de análisis, libros y la relación entre estos
elementos frente a la lucha por la consolidación del estatus epistemológico de la
química como ciencia autónoma.
Finalmente, en los últimos veinte años se ha venido cuestionado el lugar
marginal concedido a las mujeres en la producción de conocimientos químicos
en América Latina. En Colombia (Morales, 2017; 2019) y México (León, 2010,
2011; Martínez, Aceves y Morales, 2005; Oropeza, 2017) se han producido
investigaciones para dar cuenta sobre la trayectoria de mujeres en los espacios
de formación y los escenarios de investigación de la química. Desde una
perspectiva de género, estos trabajos están renovando lecturas sobre la
profesionalización de la química destacando la trayectoria laboral de mujeres en
el campo. Junto con estos trabajos se hace menester estudiar con mayor
atención las prácticas científicas, las agendas de investigación, y la formación de
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escuelas de investigación de largo aliento en la segunda mitad del siglo XX
donde la química se consolida como un espacio de investigación autónomo para
la región.
A través de estudios de caso y agendas de investigación comparativas se
puede rastrear la variedad de formas que ha tomado la química en la región y
comprender como el conocimiento químico se produce, transforma y circula en
América Latina. Con esto se puede repensar sus vínculos con procesos sociales
más amplios como la regulación estatal, el papel de la industria, la salud pública,
el extractivismo o la crisis ambiental.
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Redes. Revista de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología 62 (2026)
Revista Redes
ISSN: 0328-3186
DOI:
10.48160/18517072re62.564
ISSNe: 1851-7072
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Agradecimientos
Este trabajo fue posible gracias a la financiación otorgada a Ana María Ulloa
Garzón a través del Fondo de Apoyo a Profesores Asistentes (FAPA) de la
Universidad de los Andes. La presente revisión bibliográfica forma parte de su
investigación sobre el desarrollo de la química de aromas en Colombia y las
articulaciones entre ciencia e industria. Sebastián Albán-Maldonado, estudiante
de la Maestría en Antropología, se desempeñó como asistente de investigación
en este proyecto