12
Revista Redes 51 – ISSN 1851-7072
ideológicamente como centro del mundo y se aleja de los preceptos religiosos que
prevalecían en la forma de vida medieval (Dobb, 1989; Murillo, 2012). La mentalidad
moderna afirma la voluntad humana por sobre todas las cosas, cuestionando el
pensamiento mítico, mágico y religioso. A partir del siglo XV comenzará a tomar forma
un pensamiento afincado en la capacidad humana de razonamiento, que se expresará
primero a través de las artes y alcanzará su afirmación en los pensadores iluministas
de los siglos XVII y XVIII (McNall Burns, 1962). Estos proponían iluminar, mediante la
razón, la realidad humana –el ego cogito (yo pensante) de René Descartes– (Zeitlin,
1986). La clase en ascenso por aquel entonces –siglo XVIII– era la burguesía, que
había acumulado grandes riquezas a partir de la actividad mercantil y luchaba por
conquistar espacios de poder político, “perforando” los privilegios de la nobleza –aún
en el poder– e impulsando un nuevo modelo de sociedad (Dobb, 1989; Murillo, 2012).
Estos procesos decantarán en las revoluciones burguesas, principalmente la
Revolución Francesa de 1789, así como en la Primera Revolución Industrial; se
afianzará, a partir de allí, el incipiente capitalismo industrial (Dobb, 1989).
En esta nueva etapa histórica, que ha sido denominada modernidad, será la
ciencia moderna la institución que concentre la hegemonía del saber, como única
forma de conocimiento verdadero, cualidad que en el mundo feudal correspondía a la
iglesia (Murillo, 2012). El triunfo, en las ciencias naturales, de la concepción
mecanicista del mundo, propuesta por Newton (Pardo, 2012a), y su potencial para la
dominación y explotación de la naturaleza, traspasó las fronteras disciplinares y se
volcó a los estudios de la propia sociedad, bajo el título de positivismo (Moralejo,
1992). La racionalidad moderna aspiró a materializar en la sociedad la noción de
progreso, entendido como el destino ineludible de la humanidad, cuya comprensión
era de carácter teleológico: se esperaba decantar en un “estadío social” que por
definición sería superador de la sociedad antigua, atada al mito y a la religión, un