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DOI: https://doi.org/10.48160/18517072re55.230
Cecilia Gárgano (2022), El campo como alternativa
infernal. Pasado y presente de una matriz productiva
¿sin escapatoria?, Buenos Aires, Ediciones Imago
Mundi, 290 p.
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Gabriela Cévalo Boro
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Reseña
El libro de Cecilia Gárgano tiene por propósito demostrar que el presente hegemónico
del agronegocio en nuestro país nada tiene de natural. Con ese objetivo, su estudio
rastrea los discursos, prácticas científicas y tecnológicas que permiten a partir de la
segunda mitad de siglo XX instalar como única salida, una matriz productiva que
multiplica el daño a la salud, la depredación ambiental y la desigualdad social.
La obra se divide en dos partes. La primera de ellas hace un repaso histórico alrededor
de la implementación del agronegocio en nuestro país, los antecedentes
internacionales, instituciones locales y políticas públicas que permitieron dejar
instalado en la década de 1990 un modelo extractivista de producción. Mientras que
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Se agradece al Dr. Luis Blacha por la sugerencia de publicación y su ayuda y guía para la selección
de los textos.
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Universidad de Buenos Aires. Correo electrónico: cevaloborog@gmail.com
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la segunda parte, la autora se propone pensar la dimensión territorial del problema,
explorando su dimensión local en clave interpretativa.
El trabajo comienza caracterizando a la “Revolución Verde”, un paquete tecnológico
nacido en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y consolidado a nivel
mundial en la cada de 1960, que planteó una nueva forma de habitar, producir y
concebir el espacio rural. Interviniendo semillas con cnicas de ingeniería genética
para generar cambios en los cultivos, la Revolución Verde encarnó un proyecto
modernizante que prometía acabar con el hambre a través de la ciencia y la técnica
al servicio de la producción agrícola. La autora marca este momento como el primero
en que la ciencia y la tecnología se convierten en política de Estado. Ya que la
Revolución Verde se presentaba como una alternativa frente a las revoluciones rojas
de la época, que también se planteaban el objetivo de acabar con el hambre, pero
mediante otros medios como la lucha armada. La Revolución Verde impulsó agendas
de investigación donde el conocimiento científico moderno se apoderó de la
producción y el trabajo rural para elevar su rendimiento, dejando al conocimiento
campesino en “el basurero de la historia”. También remarca cómo organismos
internacionales apuntaron a expandir la Revolución Verde hasta nuestras latitudes, en
consonancia con los cambios en las relaciones de fuerza de la geopolítica en el
contexto de la Guerra Fría.
La Revolución Verde en Argentina encuentra su vía de concreción a través de la
conformación de un organismo de tecnología agropecuaria, el INTA, creado en 1956.
La obra se dedicará durante su primera parte, a describir como el INTA funcionó como
facilitador de la apropiación privada del conocimiento científico y generador de
evidencia para validar a los modelos extractivos de producción, invisibilizando a las
poblaciones afectadas, y omitiendo el daño ambiental al momento de realizar
investigaciones de impacto y factibilidad.
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También en este apartado, la autora demuestra cómo las coyunturas políticas
modifican radicalmente las agendas de investigación, su modo de financiamiento y la
composición de los organismos de investigación que generan conocimiento. Así, por
ejemplo, mientras antes de 1974 se desarrolló una disputa por las agendas de
investigación dentro del INTA, con investigadores que apuntaban a cuestionar los
modos de tenencia del suelo, las formas de trabajo rural e intentaban plantear modos
menos asistencialistas en las actividades de extensión, para 1976 la intervención
militar del organismo, las cesantías y traslados de cuadros institucionales anularon
cualquier tipo de cuestionamiento a las prioridades o temas de investigación. El texto
describe asimismo cómo ya en democracia, el INTA pone en marcha una política de
vinculación tecnológica que se incrementará en la década de los 90: los convenios de
vinculación privada con empresas. De este modo, la autora repara en el estrecho
vínculo que comienza a forjarse en este periodo entre la industria, el conocimiento y
el Estado (Pellegrini, 2013) y expone el modo en que los conocimientos producidos
por el INTA contaron con financiamiento privado que las empresas aprovecharon para
maximizar su ganancia.
A lo largo de este recorrido histórico, la autora señala la década de 1990 como el punto
de consolidación de la agricultura neoliberal: el agronegocio. Un capítulo inaugurado
en nuestro país con la aprobación del cultivo de soja en 1996. La Revolución Verde
había sentado las bases de la modernización agraria en Argentina y la sojización
termina de completar el movimiento, instalando un modelo de explotación rural que
requiere poca fuerza de trabajo, alta tecnificación, expansión de la frontera agrícola,
commoditización de alimentos (Clapp y Isakson, 2018) y acarrea nuevas y más graves
problemáticas socioambientales.
Gárgano no sólo señala entonces la arbitrariedad de las agendas de investigación, la
influencia de los vaivenes políticos en ellas, la apropiación del conocimiento científico
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para el beneficio del sector privado, sino también, el rol que el Estado toma frente a
este escenario. Se trata de un Estado neoliberal, desregulado, que permite, aprueba
y faculta estos desarrollos tecnológicos. La desregulación estatal del periodo permitirá
acciones en perjuicio de la salud, el ambiente y la seguridad alimentaria, facultando,
por ejemplo, el ingreso de las grandes cadenas de supermercados y empresas de
alimentación (Blacha, 2020). El modelo estatal descripto por Gárgano para este
periodo es el de un Estado que alegando por el desarrollo económico y el progreso,
hace caso omiso a las alertas expresadas por las poblaciones afectadas. Este
momento es uno de los fundamentales para instalar al actual modo de explotación
agraria como alternativa infernal. Ya que la década se caracteriza por el notable
aumento de nuestra deuda externa, “cuyo pago es al mismo tiempo uno de los
principales argumentos para profundizar este esquema y una de las condiciones
necesarias que hacen a este patrón de acumulación” (p.90). Producir para generar
divisas que permitan pagar la deuda o ir al default. Resguardar la salud de nuestras
poblaciones o producir. Exportar commodities o asegurar la alimentación de nuestras
poblaciones. Para producir esta alternativa infernal, la autora muestra que es
necesario un ejército de especialistas que generen conocimiento que valide este modo
de producción.
Para finalizar la primera parte del libro, la autora analiza cómo los convenios de
cooperación entre empresas y organismos científicos y universidades instalan un
nuevo régimen de propiedad intelectual que moldea nuevos modos de saber,
mecanismos de validación, consideración de evidencia y a su vez importa agendas
acríticas de investigación universales que poco tienen que ver con nuestro desarrollo
local. Para este análisis introduce tres casos: el desarrollo de variedades mutagénicas
de arroz resistente a herbicidas, la trayectoria de la investigación estatal para la
obtención de soja transgénica y el reciente lanzamiento por nuestro país, de la primera
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variedad de trigo transgénico del mundo. Estos tres casos comparten características:
el Estado financia las investigaciones que hacen posible su desarrollo pero la mayoría
de las ganancias son aprovechadas por el sector privado, son desarrollos que se
llevan a cabo invocando al desarrollo y el progreso nacional, pero que no generan
trabajo y sí muchas consecuencias sociales y ambientales. Estas consecuencias son
tachadas de “ideología” cuando son denunciadas por técnicos o poblaciones
afectadas, poniendo la evidencia de la degradación ambiental y social del lado de la
política y no de la ciencia. Este movimiento de escisión entre ciencia y política es el
que defienden los impulsores de la ciencia estatal hegemónica que promueve el
modelo del agronegocio. Por eso Gárgano se pregunta, citando a Stengers (2017), al
final de la primera parte: “¿cómo volver a reunir la política que decide sobre los fines,
los medios técnico-científicos que llevan a cabo esta escisión?”(p.116).
Si en la primera parte se dedicó a un análisis de las instituciones, la segunda se
abocará a los territorios y poblaciones. La autora se enfoca en dimensiones
cualitativas alrededor de las vivencias de los grupos afectados por modelos
extractivos. “¿Por qué reconstruir algunas situaciones parciales y singulares?, ¿y por
qué privilegiar la mirada más bien etnográfica al relevamiento cuantitativo de las
variables en juego?”, se pregunta para justificar la metodología que caracteriza a este
segundo tramo. Se trata de una apuesta epistemológica por visibilizar las “marcas
vivientes” que el agronegocio imprime sobre los habitantes y territorios. Si las variables
numéricas y la pretendida objetividad científica de métodos cuantitativos sirvió como
justificación para la instalación del modelo extractivo, como se demostró en la primera
parte, la segunda se valdrá de registros cualitativos que lejos de ser menos rigurosos,
exponen con elocuencia las consecuencias de este modelo.
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Así, encara la descripción de dos casos: el derrame de litros de herbicida en un pueblo
de Santa y los conflictos socioambientales en Pergamino. Haciendo hincapié en
las voces de las poblaciones afectadas, Gárgano se concentra en desarmar las lógicas
y entramados que la implementación del agronegocio conlleva y señala la urgencia de
desnaturalizar y repolitizar las decisiones que lo sostienen como un presente y un
futuro inexorable.
Con respecto al primer caso, un derrame de herbicida en San José de la Esquina
permite observar cómo la evidencia científica puede ser usada como instrumento legal
en beneficio de un grupo determinado. Aquí remarca que mientras las empresas no
requieren aportar pruebas sobre daño ambiental y sanitario para realizar sus
actividades de manera legal, las poblaciones deben probar científicamente cómo son
afectadas. También demuestra que la falta de relevamiento oficial acerca de las
consecuencias ambientales y sanitarias del uso de agrotóxicos y herbicidas permite
ver a sus consecuencias como casos excepcionales y no sistemáticos e inherentes a
este modelo de producción.
Con respecto al caso de Pergamino, “capital nacional de la semilla”, el análisis
demuestra nuevamente cómo la evidencia científica es parcial y se utiliza como
garantía de seguridad en salud pública.
Describiendo estos casos la autora puede dar cuenta de formas de producción de
conocimiento alternativos (vecinas que recopilan información y sistematizan los casos
de cáncer en un barrio para demostrar que no son casos excepcionales, si no que
evidencian un patrón que se repite). Y también del surgimiento de modelos alternativos
de producción que ponen en jaque el binomio de la alternativa infernal: la
agroecología. Esta práctica llevada a cabo por pobladores locales a través de
organizaciones que defienden la soberanía (como define la Vía Campesina) y la
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seguridad alimentarias (como acuña la FAO), demuestra que el modo vigente de
producción rural no es el único posible.
La autora expone con rigurosidad los mecanismos que permiten la instalación de un
modelo económico arbitrario que con pruebas “objetivas” es visto como el único
posible e invita a sortear la separación entre ciencia y política. El trabajo de Gárgano
pone en foco un problema que parece superado en las discusiones académicas sobre
todo en el ámbito de las ciencias sociales, pero que prevalece en el discurso público,
el sentido común y las disciplinas que no se preguntan tanto sobre él: las implicancias
sociales, políticas e históricas de la producción del conocimiento científico. Un debate
aún no saldado y que es urgente dar, ya que es un elemento clave en la lucha contra
la desigualdad social, la degradación ambiental y el hambre, entre otros temas por
demás acuciantes.
Referencias bibliográficas
Blacha, L. (2020), “El menú del agronegocio: monocultivo y malnutrición del productor
al consumidor (1996-2019)”, Revista História. Debates e Tendências, 20, (2), pp.
9-24.
Clapp, J. y Isakson, S.R.(2018), Speculative Harvests: Financialization, Food and
Agriculture, Rugby, UK, Practical Action Publishing.
Pellegrini, P. (2013), Transgénicos. Ciencia agricultura y controversias en la Argentina,
Bernal, Editorial Universidad Nacional de Quilmes.
Stengers, I. (2017), En tiempos de catástrofes. Cómo resistir a la barbarie que viene,
Buenos Aires, Futuro Anterior.
Artículo recibido el 5 de julio de 2022
Aprobado para su publicación el 8 de septiembre de 2022